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Solemnidad de la Ascensión del Señor 12 de Mayo 2013


SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO




Hechos de los Apóstoles 1: 1-11; Sal. 46: 2-9;
Efesios 1: 17-23;  S. Lucas 24: 46-53
Domingo 12 de Mayo del 2013

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Muy queridos hermanos en el Señor, celebramos esta Eucaristía, sirviendo a Dios y a ustedes en lo que se refiere a Dios, porque esa es la misión que tenemos los Sacerdotes.

Queridos hermanos estamos hoy celebrando la Solemnidad de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los Cielos, centrémonos por tanto en la persona de Jesucristo y hagamos esto no de cualquier manera, no solo en el ámbito mental, hagámoslo vivencial con todo nuestro ser, aceptando la ayuda que Dios nuestro Señor nos da a través de los signos:  El punto de referencia en esta acción que estamos realizando no es el Sacerdote, es Cristo, y por eso las normas litúrgicas de la Iglesia nos recuerdan que es conveniente que el crucifijo, signo de Cristo, ocupe el lugar central en el  Altar, no sólo para los fieles sino también para el Sacerdote, por eso lo he puesto en el Altar. 
La Liturgia es la acción sagrada, es el acto de Dios que en la Iglesia y con la Iglesia realiza el acto más importante que puede haber en el mundo entero, la adoración a Dios, y a comprender y vivir esto, queridos hermanos, nos ayuda inmensamente la Solemnidad que estamos celebrando.

Queridos hermanos, ¿qué es en realidad la Ascensión al Cielo de Nuestro Señor?:   Siempre que se menciona la Ascensión de Jesucristo a los Cielos como que inmediatamente aún sin quererlo nos referimos al cielo, a la atmósfera, y eso no es el Cielo, el Cielo es Dios mismo;  para nosotros los católicos que vivimos la fe y precisamente estamos en el año de la fe, además de que también estamos en el año eucarístico, la fe es vivir en el tiempo, es vivir en Dios, por tanto, la Ascensión del Señor al Cielo no fue un acto físico de subir, sino que fue más bien un acto de orden teológico que yo lo defino con el verbo ocultar, Cristo ascendió, Cristo se ocultó a nuestra vista humana, pero permanece con nosotros; El mismo lo dijo en otro lugar del Evangelio, Yo permanezco con vosotros hasta el final del mundo  y permanece no sólo de una manera mística, permanece no sólo de una forma espiritual, permanece de una manera real como Fuente, Centro y Cumbre de toda la vida de la Iglesia, de toda la vida de cada miembro de la Iglesia, permanece como Fuente, Centro y Cumbre en la Sagrada Eucaristía, pero ahí está oculto, y muchas veces queridos hermanos, nos hemos olvidado de su Presencia Viva, Real, Central en la Eucaristía, Cristo Ascendió a lo que lo hace más real todavía que si lo pudiéramos ver con nuestros ojos, porque si a Cristo lo pudiéramos ver con nuestro ojos, de pronto nos olvidariamos de que El, al mismo tiempo que es Hombre es Dios, y como Hombre y como Dios que se oculta en su Presencia Divina nos envía el Espíritu Santo.

 ¿Y para qué nos envía el Espíritu Santo?:  para que no seamos los tristes católicos que se dejan vencer por cualquier situación humana y temporal, problemas ecónomicos, problemas morales, problemas sociales, problemas políticos, corrupción en la sociedad, corrupción en el Gobierno, sentimientos de soledad, sentimientos de fracaso, etc.  eso nos rodea, no lo vamos a negar, pero queridos hermanos, eso vence al que no vive la fe, en cambio el que vive la fe, quien se une a Cristo Dios verdadero en la Eucaristía, quien se une a Cristo Vivo verdaderamente presente y actuante en la Liturgia tiene el gozo del Espíritu Santo y no se deja vencer por nada y antes que convertirse en un parásito de la sociedad, antes que convertirse en un parásito aún de la misma Iglesia se convierte en testigo de Cristo ante el mundo. 

Queridos hermanos, debemos ser discípulos de Cristo, debemos vivir en Cristo por una profunda vivencia de la Liturgia, por una profunda vivencia de la Eucaristía y sin ningún miedo a nada ni a nadie lanzarse a ser testigo de Cristo en el mundo que nos rodea.  El mundo tiene todos esos problemas que sinteticé hace un momento, y saben una cosa, el mundo nos espera a todos los católicos para que le demos una razón de vivir, porque la única razón válida de vivir es:  Cristo.  y nosotros tenemos ese compromiso de darles ese  testimonio al mundo. 

Por tanto les invito hermanos a que no tengan miedo, por la Eucaristía vivan en Cristo, y si lo perdieron recupérenlo por la confesión, y no lo vuelvan a perder y díganle al mundo con sus actitudes, con sus gestos, con sus palabras, con sus actos, con sus sentimientos, con su forma de vivir, con su forma de vestir, con su forma de hablar, manifestando en sus gestos el gozo de vivir en Cristo, díganle al mundo que vale la pena vivir en Cristo, porque sólo el que vive en Cristo, se prepara para aquello que tampoco podemos olvidar, la trascendencia del Reino de Dios, al cual Cristo ya nos llevó siempre y cuando estemos unidos a ÉL, siempre y cuando vivamos la Eucaristía.  Consecuentemente hermanos, en Cristo, por Cristo y para Cristo, hoy y siempre en la alegría y en la tristeza, en la enfermedad y en la salud, en el fracaso y en el triunfo…

Por eso el Señor Dios nos dejó a Cristo como Cabeza para que ÉL sea todo en todo y en todos y así reinaremos eternamente. Queridos hermanos, ni siquiera la muerte puede vencernos, la muerte es sólo un paso, es el paso que todos nosotros como seres humanos hemos de dar para imitar a Cristo en su Ascensión, o sea en nuestro sumergimiento en la realidad eterna, trascendente, gloriosa del Reino de Dios.  Así sea.


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

“¡ADORATUS ET SATISFACTUS
IESUS OBLATUS SIT!”

“¡NUNC ET SEMPER, HIC ET OMNIUM
LOCUM IN AETERNUM!”

Dom. V después de Pascua, 5 de Mayo 2013


 DOMINGO 5to. DESPUÉS DE PASCUA
Santiago 1: 22-27;  Juan 16: 23-30

5 de Mayo de 2013



Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:

Nos dice el Apóstol Santiago:  “Sed ejecutores de la palabra y no oyentes tan sólo, engañándoos lastimosamente a vosotros mismos”.   Al mirarnos en el espejo de la propia conciencia, en el necesario ejercicio del examen de conciencia cada noche, ¿cómo se reconoce cada uno?  ¿Cómo un católico tibio, mediocre, del montón?  ¿O puede cada uno reconocer el rostro de un bautizado, insertado por así decirlo en Cristo y en su Cuerpo Místico y vivo que es la Iglesia?  ¿Estamos por ello dispuestos incluso a morir antes que perder un solo instante a Jesús?

¿Estamos también dispuestos todos los días a orar, no sólo para pedirle al Señor lo que nosotros queremos, o lo que consideramos que necesitamos tanto en lo personal como en lo eclesial, sino también muy especialmente estaremos dispuestos a pedirle que nos descubra realmente su Santísima Voluntad para con cada uno, no lo que pensamos humana y temporalmente, sino lo que ÉL anhela darnos a cada uno para la santificación personal, lo que el anhela dar a cada uno para la santidad de la Iglesia, así como para la salvación de toda la humanidad, de toda la sociedad?

Considero que con todo esto viene muy al caso precisamente lo expresado tan sabia y oportunamente por Su Santidad el Papa Francisco, en sus homilías de los días anteriores, lo cual me permito transcribir  hoy.  Dice:
 "…Cuando la Iglesia pierde el coraje, entra en la Iglesia la atmósfera de la tibieza. Los tibios, los cristianos tibios, sin coraje… eso hace tanto mal a la Iglesia, porque el temor te lleva adentro y comienzan los problemas entre nosotros: no tenemos horizonte, no tenemos coraje, ni el coraje de la oración hacia el cielo ni el coraje de anunciar el Evangelio. Somos tibios".
"Y debemos tener el coraje de meternos con nuestras pequeñas cosas, con nuestros celos, nuestras envidias, con el arribismo, con el avanzar egoístamente… En todas estas cosas porque esto no hace bien a la Iglesia: ¡La Iglesia debe ser corajuda! ¡Todos nosotros debemos ser corajudos en la oración, confiando en Jesús!"
El Papa dijo que todos los cristianos, los que han recibido la fe "debemos transmitirla, debemos proclamarla con nuestra vida, con nuestra palabra" para que más personas conozcan la "fe en Jesús Resucitado, en Jesús que ha perdonado los pecados con su muerte y nos ha reconciliado con el Padre".
"Y transmitir esto nos pide a nosotros ser corajudos: el coraje de transmitir la fe. Un coraje, algunas veces, simple. Recuerdo –discúlpenme– una historia personal: de niño mi abuela cada Viernes Santo nos llevaba a la procesión de las velas y al final de la procesión llegaba el Cristo yacente y la abuela nos hacía arrodillar y nos decía a los niños: ‘Vean que está muerto, ¡pero mañana estará resucitado! La fe entra así: la fe en Cristo muerto y resucitado. En la historia de la Iglesia han sido tantos que han querido esfumar esta certeza fuerte y hablan de una resurrección espiritual. ¡No, Cristo está vivo!
"Cristo está vivo y está vivo entre nosotros", dijo luego el Papa que reiteró su exhortación a tener el coraje de anunciar su Resurrección, la Buena Noticia.
"Jesús –por decirlo un poco fuertemente– nos desafía en la oración y nos dice así. ‘Cualquier cosa que pidan en mi nombre lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo’. Si me piden cualquier cosa en mi nombre, yo la haré… ¡Qué fuerte es esto! (…) ¿Tenemos este coraje en la oración?”  (Estas citas de S.S. Francisco han sido tomadas directamente de AciPrensa del sábado 4 de Mayo 2013).
Muy queridos hermanos y hermanas, tengamos por tanto el coraje de ser santos. No dialoguemos con el diablo a través de las costumbres y principios anticristianos, inmorales, alcahuetas, del mundo materialista y relativista en el que vivimos pero del cual no debemos ser parte, y ante el cual debemos por lo contrario dar testimonio de Cristo muerto y resucitado, aunque sea hasta la muerte… incluso en el martirio.
No nos contentemos con “no pecar gravemente”… No seamos tibios,  seamos como exhorta Su Santidad Francisco, cristianos de coraje evangélico.  Si nos gozamos en la Liturgia bien celebrada, demos testimonio de que la misma nos sumerge en Dios Uno y Trino, y por tanto nos conduce cada día más fuertemente por los senderos de la santidad, por los caminos del testimonio fuerte, valiente,  sincero, constante.
Vivamos amando a Jesús, vivamos amando en la Verdad al prójimo cercano y al prójimo lejano.  Vivamos orando, vivamos desgastándonos por el Señor y por la Iglesia.
Viviendo en Dios seamos testigos de su Verdad, seamos testigos creibles de su Amor.  Seamos testigos creibles de su Reino presente pero trascendente, hacia el cual peregrina la Iglesia.
Vivamos en santidad, vivamos en la Cruz de Cristo, y gocémonos en la santidad de la Iglesia que llevará multitudes apocalípticas a la Gloria de Dios Uno y Trino.  Así sea
Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.
"¡ADORATUS ET SATISFACTUS IESUS OBLATUS!"
"¡NUNC ET SEMPER, HIC ET OMNIUM LOCUM IN AETERNUM!"

28 Abril 2013, Domingo IV Después de Pascua, Forma Extraordinaria


DOMINGO 4to. DESPUÉS DE PASCUA
Santiago 1: 17-21;  Juan 16: 5-14
(Forma Extraordinaria)
28 de Abril de 2013


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Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:

El mundo ciertamente está en pecado, es una verdad que se ve, se experimenta, se palpa.  Y tenemos que reconocer que como parte de esa realidad son muchos católicos que hoy día, de manera indiferente unos y otros engañados por el demonio, padre de la mentira, creen que por no ofender más a Dios, no deben confesarse ni recibir la Sagrada Comunión, para poder así participar de la vida superficial, egoísta, relativista del mundo actual, viviendo por tanto en una situación permanente de peligro de condenación eterna.

Pero el Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, no se hizo hombre sin dejar de ser Dios para que el ser humano le correspondiera de esa manera.  Por ello dice Santiago:  “Toda dádiva preciosa y todo don perfecto de arriba viene… para que seamos como las primicias de sus criaturas… Por lo cual… recibid con docilidad la Palabra Divina… que puede salvar vuestras almas”  Y esa Palabra Divina, queridos hermanos y hermanas, es Cristo mismo, que nos da constantemente su Gracia, que culmina siendo ÉL mismo que habita en quienes le aceptamos, como dice en San Juan:  “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada”  (Jn. 14:23).  La Gracia, por tanto, no es un don cualquiera,  es la morada de Dios Uno y Trino en la persona que le tiene, que le conserva, que cada día se entrega más a ÉL, especialmente al participar de su perpetuo acto, que es toda la acción litúrgica que ÉL mismo le ha encomendado a la Iglesia y  que ésta vive de manera ininterrumpida en el tiempo y el espacio.

Y parte de esa Liturgia,  queridos hermanos y hermanas, como medio para recuperar la Gracia perdida por esa participación y permanencia en el pecado nos regala Jesús mismo el Sacramento de la Confesión, también llamado con toda razón de la Reconciliación, y como medio no sólo para mantener esa preciosa dádiva de Sí mismo, se nos da continuamente en el Sacramento de la Eucaristía, haciéndonos partícipes de su Entrega a la Gloria del Padre y dándosenos en alimento de Vida Eterna al recibirle en la Sagrada Comunión con la mayor frecuencia posible, si fuera posible todos los días.

Amadísimos hermanos y hermanas:  ¿Cómo despreciar tan sublimes dones del Señor,  Confesión y Eucaristía?   ¿Será posible que un cristiano, sabiendo esto, viva en la oscuridad y la tristeza del pecado?
¿Será posible que a un cristiano no le importe vivir contaminando el mundo con las consecuencias de su pecado?  ¿Con las consecuencias de su materialismo, de su relativismo, de su indiferencia, de su egoísmo, de su cobardía ante las tentaciones, de su ignorancia religiosa, de sus intereses temporales?
Verdad que no podemos concebir todo esto.

Amadísimos todos en Cristo,  descubramos lo precioso, lo sublime, lo grandioso, lo bello, lo fuerte, lo eterno, del amor a Cristo, del amor a Dios por encima de todo lo que somos, por encima de todo lo que tengamos, por encima de todo lo que hagamos.  Descubramos lo infinitamente sublime del vivir constantemente en Gracia, lo glorioso y gozoso de contagiar al mundo entero de la Verdad, el Camino, la Vida, la Luz, la Santidad, que es Cristo en persona, en y desde la Confesión, en y desde la Eucaristía.

Por todo ello, perdonen si insisto: 

“ANTES MORIR QUE PERDER EL ESTADO DE GRACIA”,
“ANTES MORIR QUE PERDER A JESÚS”.

¡Señor Jesús, haz que te ame cada día más,
Que cada día te lleve más almas que te amen de verdad
Que cada día te sirva mejor en el Altar y el Sagrario
que guardan lo que hay de Verdad y Amor verdaderos en el mundo
Y que logre llevar a tu Corazón Sacerdotal y Eucarístico
La respuesta sincera, valiente y generosa
de jóvenes que llegando al sacerdocio
llenen el mundo de tu Gracia
llenen el mundo de Ti mismo,
  y así construyendo en el tiempo tu Reino,
podamos en la eternidad cantar:
“Al que está sentado en el trono y al Cordero,
La bendición, el honor, la gloria y el imperio
por los siglos de los siglos…Amén”  (Apoc. 5: 13 y 14)  


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.





"¡Adoratus et Satisfactus

 Iesus Oblatus sit!"

"¡Nunc et semper, hic et omnium 

locum in aeternum!"











21 de Abril 2013 Clausura IV Congreso Eucarístico Nacional


DOMINGO IV DE PASCUA

Hechos de los Apóstoles 13: 14, 43-52;
Salmo 99;  Apocalipsis 7: 9, 14-17;  San Juan 10: 27-30

              


JORNADA MUNDIAL DE ORACION 

POR LAS VOCACIONES



                   CLAUSURA DEL IV 
              CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL



Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo N.S.:

El domingo anterior nos referíamos a dos de tres disposiciones necesarias, no las únicas, para vivir el Misterio Eucarístico, esperando la Liturgia de hoy para referirnos a la tercera.   En relación con la primera decíamos en síntesis:  antes morir que perder el estado de Gracia.   Es inconcebible que un verdadero cristiano se acostumbre a caer frecuentemente o incluso a vivir en pecado grave y además que no se esfuerce por incluso superar el pecado venial.  Antes morir que perder la Gracia.

En cuanto a la segunda disposición decíamos:  “que hemos de vivir siempre pero muy especial y directamente al participar en la Santa Misa, es la actitud de adoración, reconociendo que Cristo Nuestro Señor no sólo es nuestro Salvador, sino también Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad, único Camino al Padre, a quien también hemos de adorar, siempre y cuando vivamos eucarísticamente en Cristo Jesús.”

Pero también decíamos ese día:  “Pero ello debe ser guiado, enseñado, presidido por verdaderos pastores.  Y estos deben ayudar a los fieles a vivir consecuentemente el Misterio Eucarístico con las necesarias disposiciones… estemos atentos a qué pastores nos guían en la doctrina y nos presiden en la Liturgia.  Que sean pastores que, como Cristo, sacrifiquen su fama, su comodidad, su seguridad, con tal de dar a sus fieles tanto la Verdad como la Vida en Plenitud, que sólo es Cristo, que sólo se encuentra en Cristo.” 

Y precisamente hoy celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.  Muy queridos hermanos y hermanas, en nuestra sociedad actual, sometida por el materialismo y el relativismo, de una forma muy sutil sólo se le habla a los jóvenes y señoritas de la posibilidad del Matrimonio, silenciando la gran realidad de que entre nuestra juventud hay una gran cantidad de varones que son llamados por el Señor para el Sacerdocio, una gran cantidad de señoritas y varones que son llamados por el Señor para la Vida Consagrada.  Los padres de familia, desde que inician su matrimonio, deben centrar toda la vida de esa nueva familia en Cristo Nuestro Señor.  Y ello viviendo precisamente la tercera disposición, también necesaria para todo verdadero cristiano:  el esfuerzo por la constante transformación en Cristo, tanto en los sentimientos, como en los deseos, las actitudes, los actos, las palabras, hasta el punto de que Cristo sea realmente la Fuente, el Centro, la Cumbre de toda la vida personal, familiar, social, profesional, política, educativa, cultural, deportiva.  Así formaremos parte de esa multitud vestida de blanco, la pureza, y de pronto hasta con la palma del amor supremo a Cristo que es el dar la vida en el martirio por ÉL y su Reino en el mundo en vistas a la Gloria eterna en el Reino de Dios Uno y Trino.

Pero todo ello sólo se podrá lograr si se vive intensamente el Misterio Eucarístico: que implica la Presencia de Jesús adorada y acompañada en nuestros Sagrarios que han de ocupar el centro de los templos pero sobre todo de nuestras vidas.

Vivir intensamente el Misterio Eucarístico que implica así mismo el estar dispuestos a vivir el mismo Sacrificio, la misma Cruz, la misma victimación de Cristo, escondidos en su Divino Corazón, en actitud de transformación y unión en EL con el Padre bajo el Fuego de Amor del Espíritu Santo; actitud también de reparación tanto por nuestros propios pecados como por los de todo el mundo, y aquí en Costa Rica especialmente por el pecado de la indiferencia para con Cristo en su misterio eucarístico como también indiferencia para con el prójimo, cercano y/o lejano, que necesita nuestra colaboración no sólo económica sino también moral y espiritual con el ejemplo, con el consejo, con el ánimo, poniendo la mirada no sólo en un futuro material, sino sobre todo en la eternidad.

Hermanos y hermanas, seamos entonces otros verdaderos Cristo en la tierra.  De lo contrario, como nos decía S.S. el Papa Francisco, estaríamos anunciando al demonio, y convirtiendo la Iglesia en una simple ONG.  La Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, por ÉL, con ÉL, en ÉL, ha de ser su testigo y edificadora de su Reino.  Cada uno de nosotros, por ÉL, con ÉL, en ÉL, hemos de ser sus testigos, y con la Iglesia, corresponsables de la conversión y salvación de los muchos por los cuales ÉL sigue entregándose sobre nuestros altares.   Hermanos y hermanas, no seamos sordos al llamado que el Señor nos está haciendo para que desde el seno de familias santas en Cristo, surjan las vocaciones que llenarán el mundo del Nombre, de la Presencia, del Sacrificio, de la Misericordia, de la Verdad, del Amor que algún día, lejano o cercano no importa, habrá de realizar la explosión de la Santidad en el Reino del Dios Único, Eterno y Glorioso.  Así sea.


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

“¡Adoratus et Satisfactus
Iesus Oblatus sit!”
“¡Nunc et Semper, hic et ómnium
locum in aeternum!”

Dom. II Después de Pascua, Inicio IV Congreso Eucarístico Nacional



DOMINGO 2do. DESPUÉS DE PASCUA
I Pedro 2: 21-25;  Juan 10: 11-16

INICIO DEL IV CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL
14 de Abril de 2013



Queridos hermanos y hermanas:

Hoy voy a ser muy concreto, para ayudarles a todos a ser verdaderamente fieles a Cristo Nuestro Señor en el seno de la única y verdadera Iglesia Católica.

Nos dice hoy Pedro, refiriéndose directa y exclusivamente a Cristo:  “él es el que llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero de la cruz, a fin de que nosotros muertos a los pecados, vivamos a la vida de la gracia”.   Y eso es lo que vivimos constantemente, diariamente en el Santo Sacrificio de la Misa.  Ésta no es por tanto una fiesta, ni una reunión de amigos.   Considero que al inicio del “IV Congreso Eucarístico Nacional” es lo primero que se debe reafirmar, incluso como esfuerzo de renovación en la verdadera Fe católica:  la esencia del Misterio Eucarístico, la necesidad de una auténtica vivencia eucarística en todos y cada uno de los católicos.

Pero ello debe ser guiado, enseñado, presidido por verdaderos pastores.  Y estos deben ayudar a los fieles a vivir consecuentemente el Misterio Eucarístico con las necesarias disposiciones, entre las cuales les recuerdo y recomiendo vivamente tres, de las cuales mencionaré hoy las dos primeras, y la tercera la comentaré el próximo domingo, dondequiera que celebre la Santísima Eucaristía, con ocasión de la clausura del mismo Congreso Eucarístico.

La primera disposición es sin lugar a dudas una auténtica renovación en la Fe, que nos conduzca a cada uno a vivir constante, ininterrumpidamente en estado de gracia por amor radical a Cristo, con quien no sólo nos encontramos sino que establecemos una relación radical de intimidad y fidelidad por encima de cualquier interés temporal, personal y/o social.  Antes morir que perder la Gracia.

La segunda disposición, que hemos de vivir siempre pero muy especial y directamente al participar en la Santa Misa, es la actitud de adoración, reconociendo que Cristo Nuestro Señor no sólo es nuestro Salvador, sino también Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad, único Camino al Padre, a quien también hemos de adorar, siempre y cuando vivamos eucarísticamente en Cristo Jesús.

Por ello, queridos hermanos y hermanas, estemos atentos a qué pastores nos guían en la doctrina y nos presiden en la Liturgia.  Que sean pastores que, como Cristo, sacrifiquen su fama, su comodidad, su seguridad, con tal de dar a sus fieles tanto la Verdad como la Vida en Plenitud, que sólo es Cristo, que sólo se encuentra en Cristo.  El pastor que sólo se dedica a lo puramente social, a lo puramente temporal, es mercenario.   En cambio, el Pastor que es radicalmente fiel a la Verdad y la Persona de Cristo, como también radicalmente fiel a las normas Litúrgicas de la Iglesia emanadas desde la Santa Sede, es verdadero pastor en y desde el Corazón Sacerdotal – Eucarístico de Cristo.  Encontremos a estos pastores, sigamos con ellos a Cristo, y colaboremos con ellos en la construcción del Reino de Dios, que iniciando en el ahora de esta vida, culminará en la Eternidad, esa eternidad que exige esfuerzo, pero que otorga la única, verdadera y eterna felicidad, en la Gloria de Dios Uno y Trino.  Así sea.

Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.


"¡ADORO TE ET SATISFACTIO TE,
IESUS OBLATIO!"
"¡NUNC ET SEMPER, HIC ET OMNIUM LOCUM
IN AETERNUM!"

12 Abril 2013, S.S. Benedicto XVI el gran pedagogo






"¡ADORATUS ET SATISFACTUS 

IESUS OBLATUS SIT!"
"¡NUNC ET SEMPER, HIC ET OMNIUM LOCUM IN AETERNUM!"


12 de Abril de 2013

Verdad del Señor, verdad de la Iglesia

Muy queridos hermanos y hermanas:


Desde la realidad de Opus Cordis Eucharistici, nos gozamos con el Cuerpo Místico de Cristo Nuestro Señor.   Y este gozo tiene su motivo en el hecho de que la Iglesia es Una, Santa, Católica, Apostólica, Romana.  Y todas estas características las recibió del Espíritu Santo desde su fundación en Pentecostés, y las mantiene y mantendrá hasta la eternidad.  

Y ahora hemos de experimentar que precisamente ello lo comprobamos por la sana hermenéutica, por la cual en toda la historia de la salvación en la que está inserta la realidad más profunda de la Iglesia, en la cual no caben componendas de tipo puramente político ni sociológico, ni psicológico, ni simplemente filosófico.  Sin estar en contra de ninguna de esas disciplinas, las supera por el poder de la Fe vivida con sinceridad, con gozo, con valentía, tanto en lo privado como en lo público.

Expreso lo anterior, ya que además de gozo ha de generar en todos un profundo agradecimiento a Cristo Nuestro Señor por haber puesto como garante de esa hermenéutica a su Vicario en la tierra, el Sumo Pontífice:  y quiero referirme muy concretamente a los Pontífices de este siglo que estamos viviendo:  el Beato Juan Pablo II, el Obispo Emérito de Roma S.S. Benedicto XVI,  y S.S. Francisco, felizmente reinante.   Me refiero a ellos tres, "Pedro en la tierra sin discontinuidad", ya que muchos somos los que hemos podido entender, por la Misericordia del Señor, que todos ellos nos han enseñado con la palabra hablada, con la palabra escrita, con el ejemplo, la Verdad y el Amor de Jesús, y nos han enseñado de la misma manera la Doctrina que Dios le ha dejado a la Iglesia como Depósito de la Fe, doctrina que incambiable en su contenido, puede ser expresada de diversas maneras, ya que en cada momento de la historia que no tiene interrupción, Dios se vale de las características de cada Sumo Pontífice, según las necesidades de cada uno de esos momentos históricos.  Por ello podemos confirmar que el Beato Juan Pablo II fue Pastor fiel y actual, que Benedicto XVI igualmente fue "Pedagogo" sabio, fiel y actual, y que S.S. Francisco está demostrando que también es "Puente Cristológico", fiel y actual...  Ninguno fue ni es conservador ni progresista,  son  "Actual en y desde la Voluntad Salvífica de Dios Uno y Trino", verdaderos Pontífices, como lo fueron todos los que han gobernado la Santa Iglesia Católica especialmente en los dos últimos siglos.

Por ello exhorto a que nadie se deje desorientar por las interpretaciones socio - políticas de personas que pretenden ser teólogos pero son Sacerdotes suspendidos por profesar doctrinas totalmente equivocadas como la mal llamada teología de la salvación de corte comunista y naturalista pagana, o bien no pasan de ser simplemente psicólogos, o sociólogos, o políticos mal orientados, que no entienden o no quieren entender la realidad sobrenatural, ontológica, de la Iglesia, que además no es ni siquiera una "monarquía absolutista", como tampoco es una simple democracia ni una dictadura, sino que es el Reino de Dios que se inicia en la historia de la Salvación en Cristo Jesús para culminar en la Trascendencia de la Eternidad.

Descubramos, llenos de Fe, de Esperanza, y de verdadera Caridad, lo profundo y auténtico de las enseñanzas y ejemplos de S.S. el Papa Francisco, oremos por él como el mismo sigue pidiendo, pero también oremos con él, como lo ha pedido al "Apostolado de la Oración" al pedir que "la celebración pública y orante de la Fe sea fuente de Vida para los creyentes", para que realmente "prediquemos a Cristo, no al diablo",  y de esa manera "la Iglesia no sea una simple ONG", sino el Cuerpo de Cristo que sin miedo de ningún tipo de testimonio de ÉL en todo momento y lugar.

Con S.S. el Papa Francisco, con todos los Obispos verdaderamente fieles a Cristo y al Sumo Pontífice, vivamos y defendamos también la única y siempre nueva y eterna Liturgia, Culto de Adoración, acercamiento y respuesta a Dios, que es Fuente, Centro y Cumbre de la vida y misión de la Iglesia, y por tanto de todos y cada uno de los Fieles, sin distinciones de ninguna clase.  Liturgia que debe ser vivida con absoluta sumisión a las Normas Litúrgicas y Canónicas.

Con Benedicto XVI, con S.S. Francisco, ¡GLORIA POR SIEMPRE A CRISTO CRUCIFICADO Y RESUCITADO, ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR!



Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.
Padre Moderador General
Opus Cordis Eucharistici


Domingo in Albis 3013, El Señor entrega su Misericordia por los Sacramentos

DOMINGO
 IN ALBIS
FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA




I Epístola de San Juan 5: 4-10;
Evangelio según San Juan 20: 19-31






Muy queridos hermanos y hermanas:

 Celebramos hoy la Octava de Pascua, que coincide providencialmente con la Fiesta de la Divina Misericordia.  Hermanos, ¿dónde recibimos nosotros esa Divina Misericordia en el momento actual de la vida de la Iglesia y de la vida de cada uno?  Por supuesto que habiéndola recibido en un primer momento en el Bautismo, sin embargo, hemos de restaurarla y fortalecerla frecuentemente en aquel Sacramento del cual nos habla hoy el Señor en el Evangelio:  el Sacramento de la Reconciliación, el precioso Sacramento en el cual el Señor Jesús actúa directamente aunque a través del sacerdote, no sólo para perdonar, sino también para transformar, iluminar, fortalecer nuestros corazones, nuestras mentes, nuestras voluntades, y de esa manera podamos cumplir la Voluntad Santísima del Señor, que seamos uno en ÉL como ÉL es uno en el Padre y el Espíritu Santo.

Ahora bien, el cumplimiento de ese anhelo del Corazón Misericordioso de Nuestro Señor no llegaría a su plenitud si realmente no nos sumergimos en Cristo, viviendo realmente todo el Misterio de la Eucaristía, que ciertamente tiene su culmen en la celebración del Sacrificio de la Santa Misa.  Y ésta no es un espectáculo para ver ni para sentir simples y pasajeros gustos.  Es la celebración pública y orante de nuestra Fe, que en la Liturgia Eucarística, en la Reconciliación, en el Breviario, nos da esa Vida en Dios.  Y esa es precisamente la Intención General del Apostolado de la Oración indicada para toda la Iglesia por Su Santidad el Papa Francisco, para este mes de Abril. 

Y así estaremos viviendo de verdad el “Año de la Eucaristía” que en este momento se vive en Costa Rica, y que tendrá un momento culminante en el IV Congreso Eucarístico Nacional que tendrá lugar la próxima semana en Cartago, por el cual hemos de orar, y participar si nos es posible.

Pero también estaremos así viviendo intensamente el Año de la Fe, que sigue realizándose a nivel de toda la Iglesia, y que debe dar realmente un fuerte fruto de renovación de todos y cada uno tanto en lo personal como en lo eclesial, renovación que debe traducirse en un sincero volver  a las fuentes de nuestra Fe en el Evangelio, en el Magisterio Eclesiástico especialmente de los Sumos Pontífices de los dos últimos siglos, así como en la Tradición siempre viva de la Iglesia comprendida en la sana hermenéutica de la historia de la Salvación en Cristo Nuestro Señor.

Por tanto sumergidos en el Corazón Misericordioso de Cristo seamos santos y promotores de santidad en el mundo.  Discípulos y Testigos auténticos, vivos, activos de Cristo, Único Salvador y Señor.


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.


“¡ADORATUS ET SATIFCTUS IESUS OBLATUS SIT!”
“¡NUNCET SEMPER, HIC ET OMNIUM LOCUM IN AETERNUM!”

Domingo de Resurrección 31 Marzo 2013


Domingo de Resurrección
31 de Marzo de 2013
I Cor. 5: 7-8;  Mc. 16: 1-7





Muy queridos hermanos en el Señor:

¡Qué bien viene para estos días de Resurección, especialmente hoy Domingo de Pascua,  la actitud, el sentimiento que ha ido, por así decirlo, insuflando el Espíritu del Señor en toda la Iglesia, a través de Su Santidad el Papa Francisco, un sentimiento de gozo, un sentimiento de esperanza, un sentimiento de veracidad, porque creemos en el que habiendo sido crucificado, resucitó, Jesús!.

Mal haríamos queridos hermanos en vivir desesperanzados, mal haríamos en vivir desconfiados, mal haríamos en vivir negativistas, porque no estaríamos confesando la fe en Jesucristo. Queridos hermanos, Jesucristo no es un recuerdo,  es más, la presencia de Cristo en medio de la Iglesia, no es un símbolo, es la realidad, Jesucristo Resucitó y está entre nosotros, está entre nosotros de muchas maneras.  Citaré dos:  Jesucristo está verdaderamente entre nosotros por la acción de la Iglesia, la acción de la Iglesia que no es grupos divididos entre ellos, unos de una manera, otros de otra forma, sino la Iglesia única, la Iglesia verdadera, que guiada, orientada, gobernada, pastoreada por Cristo a través de Su Santidad Francisco es verdaderamente el Cuerpo Místico de Cristo Resucitado.  Debemos gozarnos, queridos hermanos, no sólo como personas de la Resurrección de Cristo, debemos gozarnos como una sola Iglesia, debemos gozarnos como la única Iglesia verdadera que vive no de recuerdos, sino que vive de la realidad de Cristo que está vivo en la Iglesia.

Pero también queridos hermanos íntimamente unido a ésto está la otra forma de la Presencia de Cristo, Cristo le entregó a su Iglesia la Liturgia y como cumbre de la Liturgia la Eucaristía, Eucaristía que es ante todo Sacrificio pero que también es Presencia Real y Viva, del que habiendo sido victimado en la Cruz hoy está entre nosotros también Resucitado.  Por eso queridos hermanos debemos gozarnos porque El es nuestro Señor, no está muerto, no es un recuerdo, no es una idea filosófica que se enseña en las universidades, en los seminarios, es Aquel con quien tenemos que encontrarnos diariamente, es Aquel cuya experiencia viva debemos llegar a tener momento tras momento de nuestra vida:  Cristo Nuestro Señor.  Y entonces, queridos hermanos, si realmente tenemos esa experiencia no sólo como personas sino también como Iglesia, como miembros gozosos de la Iglesia, como miembros que defendemos la unidad de la Iglesia, la Verdad de Dios que la Iglesia tiene como depósito, seremos capaces de cumplir lo que nos invitaba muy fuerte y claramente Su Santidad el Papa Francisco desde el primer día de su pontificado:  Predicar a Cristo, es a El a quien tenemos que predicar.  Ciertamente debemos reconocer que cada comunidad de la Iglesia, incluso que cada miembro de la Iglesia puede tener su manera de vivir  su espiritualidad, pero eso no nos divide, al contrario, no estamos centrados en la espiritualidad de fulano de tal, o de mengano de tal, no podemos estar centrados exclusivamente en la espiritualidad de tal o cual grupo, ahí estaríamos cayendo en aquel error que ya denunció hace años el que entonces era el Cardenal Joseph Ratzinger,  hoy gozosamente Papa Emérito Benedicto XVI, cuando en cierta ocasión en un sínodo de Obispos dijo:  Que la Iglesia estaba cometiendo el error de preocuparse mucho por sus propios problemas en lugar de ocuparse de su misión, y eso le puede estar pasando a muchos grupos, a muchas instituciones de la Iglesia, se están preocupando de sí mismos, y no debemos preocuparnos por nosotros mismos, no debemos preocuparnos por nuestro grupo, por nuestra comunidad, queridos hermanos debemos ocuparnos  por predicar a Cristo, porque si no, dice el Papa Francisco, estaríamos predicando al Diablo.

Queridos hermanos, prediquemos a Cristo, esto tiene que ser el fruto de nuestra auténtica vivencia de toda esta Semana Santa que culminó con la Resurrección de Cristo, tenemos que ser discípulos y testigos de Cristo, conforme nos lo dice el Magisterio de la única y verdadera Iglesia Católica, porque si no somos discípulos y testigos de Cristo, seríamos entonces testigos del Diablo. 

Surge ahora una pregunta:  Cómo ser testigos y discípulos de Cristo, la  respuesta nos la da el Apóstol en la Carta a los Corintios, nos dice que no podemos continuar viviendo con levadura añeja, ni con levadura de malicia, ni de corrupción.  

¿En qué podríamos traducir esa levadura añeja, de malicia, de corrupción?  La podemos traducir en uno de los graves problemas que podríamos tener los católicos en nuestra Patria querida:  el individualismo, la ignorancia religiosa, la falta de compromiso, muchas veces somos individuales, egoístas, indiferentes, indiferentes para con Dios, para con Cristo, cuando pasamos al frente del Sagrario y no hacemos la genuflexión, cuando se le recibe en la Sagrada Comunión en la mano, como si fuera una comida cualquiera, pero también indiferentes  para con Cristo, cuando vemos a un hermano nuestro que necesita de consejo, de consuelo, de orientación, y pasamos al lado de él como el fariseo hipócrita que pasó al lado del judío que fue asaltado y asistido en cambio por el buen samaritano;  queridos hermanos, indiferente con Cristo cuando pasamos  al lado de un hermano que necesita ayuda para salir del vicio, un hermano que no necesita de limosna con el cual se le hunde más en el pecado, sino que necesita un gesto de cariño, un gesto de comprensión y una consecuente palabra de orientación y de ánimo, para que también ese hermano viva en Cristo, como pretendemos decir que vivimos.  Queridos hermanos: ¿vivimos de verdad la Resurrección de Cristo?, ¿qué levadura queremos tener en nuestra vida para ser testigos y discípulos de Cristo?...

Debe ser hermanos, con los panes ácimos de la sinceridad y de la verdad, no con el pan añejo de las filosofías paganas, no con el pan añejo del lenguaje vulgar que se ha hecho común en nuestros pueblos, algunas veces no nos tratamos como deben tratarse los discípulos y testigos de Cristo.  Si realmente vivimos la Victimación y la  Resurrección de Cristo, tiene que llegar a tocar todos los aspectos de la vida personal, familiar, comunitaria, profesional, cultural, educativa, social, deportiva, política.  Queridos hermanos dejémonos entonces tocar por la fuerza de la Resurrección de Jesucristo. 

Anoche una hermana me  preguntó:  ¿Padre cómo fue en realidad la Resurrección de Jesucristo, qué sucedió en aquel Sepulcro en el momento que resucitó Jesucristo?  Y por los estudios que se han hecho a la Sábana Santa de Turín, se sabe que en aquel momento que Cristo Resucitó se dio algo, un acontecimiento mil veces mucho más fuerte que la explosión de una bomba atómica, fue un explotar de Vida, fue un explotar de Poder que transformó totalmente el ambiente de aquel Sepulcro hasta llegar a quitar la loza que cubría la puerta, y eso fue lo que amedrentó fortísimamente a los soldados romanos que estaban custodiando el Sepulcro del Señor, aquel terremoto, aquel estruendo fortísimo, luminoso, no de destrucción, sino más bien de resurreción, y cuando Cristo llega a nuestras vidas  victimado y resucitado, especialmente cada día al recibirlo en la Sagrada Comunión, exactamente lo mismo tiene que suceder, tiene que darse esa explosión de Vida, porque Cristo Resucitado es Vida, tiene que darse esa explosión que cambie totalmente nuestro ser, que cambie totalmente nuestra manera de vivir, nuestra manera de hablar, nuestra manera de trabajar, nuestra manera de estudiar, nuestra manera de comunicarnos con el prójimo, y que intensifique, fortalezca, profundice nuestra manera de relacionarnos con el Dios Uno y Trino. 

Queridos hermanos dejémonos tocar, dejémonos inundar por el Poder de la Resurrección de Jesucristo y lo demás vendrá por añadidura, seremos en verdad discípulos y testigos de Cristo.  Y todo esto tenemos que vivirlo personal y eclesialmente, nadie va a llegar al Cielo sino es como Miembro de la Iglesia, y la Iglesia viviendo la Victimación y la Resurrección de Jesucristo es Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana.  Queridos hermanos con gozo, con alegría, después de esta Eucaristía volvamos a nuestros lugares de vivienda y de trabajo siendo discípulos y testigos de Cristo para que así como hoy lo hacemos en el tiempo y en el espacio, por toda la eternidad podamos decir:  Santo, Santo, Santo es Dios Todopoderoso en Cristo Jesús por el Poder del Espíritu Santo.     Así sea.

Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

“¡ADORATUS ET SATISFACTUS
IESUS OBLATUS SIT!”
“¡NUNC ET SEMPER, HIC ET OMNIUM
LOCUM IN AETERNUM!”