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NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES, MADRE, MAESTRA, MODELO

SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES
Patrona Nacional de Costa Rica
02 de Agosto de 2015
Epístola: Eclesiástico 24:14-16;  Aleluya San Lucas 1:28;
Evangelio:  San Lucas 11:27-28




Muy Queridos Hermanos todos en Cristo Jesús:

Por ser hoy nuestra gran solemnidad mariana, y en el espíritu de alegría pero también de profunda y comprometedora contemplación del Misterio de la Santísima Virgen María, quiero entregarles estos pensamientos que fundamentados en esas lecturas y en el Magisterio de la Iglesia sobre la Santísima Virgen, al mismo tiempo que en mi propia relación con tan Excelsa y Santísima Madre, he escrito en estos días, confiando que a todos pueden servirnos en nuestra oración, para llevar el fruto de los mismos a la vida concreta de cada día y circunstancia, y de esa manera nuestra relación personal y eclesial con Jesús Hostia sea a imitación y en compañía de Nuestra Señora cada día más fiel, más fuerte, más santa, más comprometida, en la vivencia de una auténtica y transformante “espiritualidad de la hostificación”.  He aquí dichos pensamientos:

“María Santísima le puso el pie a la serpiente que impulsa al pecado.  Nosotros como y con Ella pongámosle el pie a la serpiente del desprecio contra Jesús Hostia, así como a la serpiente de los cambios y profanaciones de la Liturgia, el pie a la serpiente de las ambigüedades y errores doctrinales.”



“La Santísima Virgen María, Nuestra Señora de los Ángeles, es para la Iglesia y para cada uno de nosotros:
1.- Santísima, Inmaculada, Digna de una
“Gran Veneración”.
2.- Madre, a Ella, a su Intercesión hemos de
acudir siempre.
3.- Maestra y Modelo de todas las Virtudes, a Ella hemos de contemplar, escuchar, imitar, acompañar en el camino de la santidad.
4.- Apóstol:  Ella está siempre al cuidado de la Iglesia, al cuidado de cada uno de sus hijos rescatados por el Sacrificio de su Hijo Divino.
5.- Por lo mismo, Ella es la
“Inmaculada Víctima Vicarial”

Que el Señor Jesús les hostifique


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

La verdad de la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo

SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO
29 de Junio de 2015
Lectura:  Hechos 12:1-11; Salmo 44:17-18;
Evangelio:  San Mateo 16:13-19

Muy Queridos hermanos todos en Jesús:

Ayer domingo iniciábamos la homilía haciendo hincapié en una frase del Apóstol Pedro en la primera lectura, “unánimes en la oración” (I Pedro 3:8).  Cuando la Iglesia se mantiene unánime en la oración es capaz no solamente de alcanzar los dones del Señor, sino también de comprender el Misterio y comprenderlo no en una forma teórica, sino más bien, vivencial.  Hoy hay otra frase muy significativa que nos remite a esa misma realidad, el Señor en el Evangelio le da una respuesta preciosa y muy profunda a Pedro, cuando Pedro hace su confesión de fe en el Señor, que por venir de Pedro constituido en el primer Pontífice viene a ser como la confesión de fe de la Iglesia, entonces el Señor le responde:  “Dichoso eres tú Simón, Bar Iona” (San Mateo 16:17); y en una de las lecturas de Maitines de hoy, San Jerónimo, nos explica qué significa esa expresión utilizada por Jesús, “Simón Bar Iona”, dice que significa:  “Hijo del Espíritu”,  “Simón hijo del Espíritu, bienaventurado”, ¡Hijo del Espíritu!, ¿qué le da a entender Jesús a Pedro al decirle:  “Hijo del Espíritu”?, significa que Pedro al dar esa confesión de fe, lo hizo bajo la inspiración, bajo la moción del Espíritu; lo mismo de ayer, unánimes en la oración, porque la verdadera oración como lo hemos insistido es abrirse al Espíritu del Señor, no es hablar y hablar, sino es estar abierto a la moción del Espíritu, y porque Pedro estuvo abierto a la moción del Espíritu, fue capaz de confesar a Jesús como Hijo de Dios.  Esto nos puede recordar otra expresión de la Sagrada Escritura:  “Nadie puede decir Jesús es Señor, sino es en el Poder del Espíritu Santo”  (I Corintios 12:3). 
 
Realmente eso nos comprueba algo sumamente importante de la Iglesia fundada sobre los Apóstoles, sobre Pedro y Pablo, claro sobre los doce Apóstoles, pero muy especialmente estos dos, Pedro y Pablo, a quienes hoy celebramos, y al celebrar a estos dos Apóstoles, no podemos quedarnos solamente en una admiración, en una veneración a dos personas, sino que tenemos que llegar mucho más allá, precisamente dejándonos llevar por el Espíritu del Señor, y por eso me atrevo a continuar un poco con otra idea muy importante que insinuábamos ayer, sobre la Iglesia fundada sobre Pedro y Pablo.  Los sociólogos de la liberación, los materialistas, nos han venido engañando durante 50 a 60 años con la idea de que la Iglesia es el “Pueblo de Dios” y como decíamos ayer, no deja de tener parte de verdad; en el Antiguo Testamento, Israel era el “Pueblo de Dios”, pero era nada más como una figura de la futura Iglesia, y en ese pueblo se dan todas las situaciones que normalmente pueden darse en un pueblo, cualquier pueblo que sea y decíamos ayer:  La división.  No hay una verdadera unidad, no hay unidad del Espíritu, no hay unidad de Fe, no hay unidad en la Doctrina, no hay unidad en la Liturgia, porque es un pueblo.  Pero ¿cómo funda Cristo la Iglesia sobre los Apóstoles?, ¿la funda como un pueblo, como continuación del pueblo israelita?... 

No, Jesús funda la Iglesia, más que como pueblo, como su propio Cuerpo, un cuerpo orgánico, en el que hay trabazón, unidad, intimidad entre todos y cada uno de sus miembros tomando la imagen preciosa de la vid.  Posteriormente San Pablo nos pondrá otra comparación, concretamente la del Cuerpo.  Encontramos una relación muy profunda entre ambas narraciones, la de la Vid de parte de Jesús mismo y la del cuerpo de parte de San Pablo, porque él está íntimamente unido a Jesús. Si nosotros analizamos ambas analogías, hermanos, vamos a comprobar que la Iglesia no es simplemente pueblo, la Iglesia es laVid, es el Cuerpo; en un pueblo no hay la cohesión  que hay entre las ramas de una vid.  

Un pueblo decíamos, ni siquiera el vecino sabe lo que le sucede al vecino, es un egoísmo, es un individualismo, es una rivalidad, es una lucha de unos contra otros dentro de una misma nación, dentro de un mismo pueblo, en cambio en un cuerpo, decíamos, una sola célula  sufre cualquier cosa y eso lo experimenta todo el cuerpo, si a una persona le dan honor, ese honor, esa persona lo experimenta en todas las células de su cuerpo, no solamente el dolor, sino el honor, la alegría, si una persona tiene alegría es todo su cuerpo que se estremece de alegría, no es solamente una célula, no es solamente la mano, no es solamente el pie, no solamente el corazón que palpita, sino que es todo el organismo que se estremece de alegría, porque hay unidad, y eso es la Iglesia, y eso debe ser la Iglesia, unida alrededor de los Pastores puestos por Cristo, no pastores puestos por los hombres, no pastores que hayan comprado simoníacamente algún cargo en la misma Iglesia, sino Pastores puestos por el Señor; alrededor de esos Pastores puestos por el Señor, debemos vivir un espíritu de auténtica Iglesia, amando a la Iglesia, dando nuestra vida por la Iglesia, porque quien da la vida por la Iglesia, la está dando por Cristo, porque la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo.  La Iglesia no es un pueblo que rodea a Cristo, la Iglesia no es un pueblo que sigue a Cristo; la Iglesia es el Cuerpo que vive en Cristo.

Por eso es importante ser lo que Cristo le dijo a Pedro:  “Hijos del Espíritu”, es importante dejarnos guiar, dejarnos enseñar por el Espíritu del Señor, para poder experimentar, no tanto comprender, porque al fin y al cabo, esto mismo de la realidad de la Iglesia, no deja de tener gran parte de misterio, gran parte del misterio de la salvación; y entonces, tenemos que vivirlo más que comprenderlo, tenemos que, ahogarnos en el Espíritu del Señor para vivir realmente lo que es la Iglesia, y quien vive realmente en Cristo, en verdadero espíritu de Iglesia, será capaz entonces de dar testimonio de Cristo ante el mundo, porque la Iglesia  no es parte del mundo, que es otro error horrible que se ha ido infiltrando, hoy día en muchos países especialmente aquí en Costa Rica, la Iglesia es considerada como una organización más del País, y que tiene que estar sujeta a las autoridades del País, no es así, la Iglesia no debe estar sujeta a las autoridades  del País, especialmente en lo que se refiere a la fe, en lo que se refiere a la doctrina, en lo que se refiere a la moral, ningún presidente tiene autoridad sobre la Iglesia, ningún presidente tiene derecho de enseñar moral, antes al contrario el presidente tiene que aprender moral de la Iglesia, el presidente tiene que aprender doctrina de la Iglesia, y cualquier funcionario del Estado debe  aprender de la Iglesia y más grave todavía si ese funcionario dice ser católico, tiene que someterse a las leyes de la Iglesia;  y si alguna organización sea cual sea pretende organizar cualquier acto que va contra la Doctrina, que va contra la Fe, que va contra la Moral, el Presidente y cualquier otra autoridad no debiera autorizar esas situaciones pecaminosas. 

Pero el  concepto de Iglesia en Costa Rica se ha perdido y nadie hace nada públicamente por recuperar ese verdadero concepto, esa verdadera vivencia de Iglesia, nadie hace nada por recuperar y por fortalecer el verdadero concepto, la verdadera realidad de lo que es Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, y si es el Cuerpo Místico de Cristo tiene que poner en el centro de toda la vida social, de la vida política, de la vida profesional, de la vida cultural, de la vida educativa, a Cristo.  La misión de la Iglesia no es beneficencia social, la misión de la Iglesia es, cristificar a todo el mundo, llevar a todo el mundo hacia Cristo… Algunos se han atrevido a decir que la Iglesia no debe hacer proselitismo, entonces cómo vamos a llevar la humanidad hacia Cristo; la Iglesia debe hacer un proselitismo totalmente centrado y guiado hacia Cristo, la Iglesia debe lograr poner a Jesús como Señor  absoluto, único de toda la historia humana y de toda la vida de la sociedad.

Por eso en este día oremos también por los Pastores de la Iglesia, por los verdaderos Pastores de la Iglesia desde el Santo Padre, el Papa, hasta el último Obispo que acaba de nombrar el Papa, y si hay alguno que haya comprado simoníacamente su cargo, que el Señor lo aparte.  Tenemos que orar para que la Iglesia sea lo que tiene que ser y entonces podamos ver como todo el mundo dobla sus rodillas ante Jesucristo, Señor absoluto de la historia, Señor absoluto del mundo, Señor absoluto del tiempo y de la eternidad.  Así sea.

Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

Sólo en Cristo hay comunión eclesial

DOMINGO 5° DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Lectura:  I San Pedro 3:8-15; Salmo 83:10,9;
Salmo 20:1;  Evangelio:  San Mateo 5:20-24

Noveno día de la Novena a los Santos Apóstoles
San Pedro y San Pablo

Por la conversión y santificación de la Iglesia

28 de Junio de 2015

Muy queridos Hermanos todos en Cristo Jesús:

Comencemos hoy por insistir en algo que ningún Católico debe ignorar ni olvidar nunca, y nos lo recuerda el Apóstol San Pedro al inicio de la Lectura:  “Unánimes en la oración”  (I San Pedro 3:8).  Sí hermanos, sólo quien es verdaderamente persona de oración diaria y constante es capaz de comprender vivencialmente más que intelectualmente los Misterios de Dios, los Misterios de la Salvación.

Y dentro de todo ese Misterio de Salvación se da un aspecto del que ya hemos hablado, y debo insistir hoy muy concretamente: la Justicia, que no es la simple justicia humana que es equitativa distribución de los bienes, sino que en su sentido más profundo, bíblico y teológico Justicia es equivalente a santidad de vida.  Y es a eso a lo que se refieren tanto San Pedro y el Señor mismo en las lecturas de hoy.

Pero como parte de esa santidad hacia la cual debemos esforzarnos todos está el trato, la relación constante que tenemos con el prójimo.  Y es en esto en lo que debemos volver a señalar un defecto, que llega a ser pecado muy directamente en nuestro pueblo: el individualismo y egoísmo, acompañados de una muy fuerte falta de compromiso, que se ve en una inmensa cantidad de católicos. 

Y debemos preguntarnos cuáles puedes ser las causas de ello, porque mientras no se conozca la causa, será muy difícil solucionar el problema.
Y analizando todo esto en oración, y a la luz de la Palabra de Dios, puedo decir lo siguiente:  Una de las causas, quizá muy importante y profunda, es el concepto engañoso que se ha propagado sobre la Iglesia como “Pueblo de Dios”.  Y es un concepto que siendo cierto, reconocemos que lo es, Israel lo vivió desde el Antiguo Testamento, pero aplicado a la Iglesia tiene cierto grado de relativismo. Y ello será fácil de comprender si se tiene en cuenta que un pueblo está conformado por muchos individuos, que viven en cierta extensión de territorio los unos al lado de otros y hasta ahí, pero que muy difícilmente se conocen entre sí y ni se interesan los unos por los otros, imposible que uno “viva en otro”.

Y veamos lo que realiza Jesús ya en el Nuevo Testamento, no sólo lo dice sino que lo realiza: establece la Iglesia ya no como un “Pueblo”, sino como su “Cuerpo”… Así se lo pide al Padre Celestial en su Oración Sacerdotal:  “Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno…”  (San Juan 17:23)  Todos sabemos que en un cuerpo todas las células están íntimamente unidas entre sí:  si me ocasiono una herida en el dedo, todo mi cuerpo se estremece, si me duele la cabeza, todo mi cuerpo se indispone, y donde está la cabeza necesariamente está todo el cuerpo, y donde están los pies está todo el cuerpo, si cada miembro del cuerpo tiene salud, todo el cuerpo está sano, si se enferma un miembro, todo el cuerpo se afecta… En el cuerpo se da ese “ser uno” al que se refiere Jesús.  De manera que por mucho tiempo en el Magisterio de la Iglesia se profundizó en la doctrina preciosa y absolutamente necesaria del Cuerpo Místico de Cristo.  Eso es en verdad la Iglesia, y sólo si volvemos a vivir así, no como “pueblo” sino como “Cuerpo Místico de Cristo”, llegaremos a la santidad plena.

Y ¿cómo llegar a ello?  La única forma es viviendo en Cristo.  Y para vivir en Cristo debemos sumergirnos en ÉL, recibiéndole frecuentemente en la Sagrada Comunión y viviendo realmente su Santo Sacrificio, para dejarnos transformar en Cristo, y así ser capaces de dar el fruto tan anhelado por Jesús mismo:  si vivimos unidos a ÉL viviremos unidos también con todos y cada uno de los que se unen a ÉL, y viviremos entonces como “Miembros de su Cuerpo”, no como simples ciudadanos de un pueblo…
Y la consecuencia, el fruto lógico de ello es que amando primeramente a Cristo, necesariamente amaremos con sinceridad y entrega a los hermanos, Miembros como nosotros del único Cuerpo de Cristo.  Se termina así el individualismo, el egoísmo, la falta de compromiso.  Habrá comprensión, interés por el bien integral de todos y cada uno de los hermanos en la fe, y especialmente interés sincero, esfuerzo sincero y constante no sólo por el bien temporal, sino sobre todo por la conversión y la santificación de todos y cada uno de los Miembros del Cuerpo Místico, por la santidad de toda la Iglesia.

Consecuentemente, dejemos de ser “pueblo de individuos”… seamos Miembros del Cuerpo Místico de Cristo, interesados por que ÉL reine en el corazón de todos y cada uno, en la Iglesia, en el mundo.  Así sea.


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

Por la fe activa de María Santísima somos parte del plan salvífico de Dios

SÁBADO DE NUESTRA SEÑORA DEL FIAT


27 de Junio de 2015
Octavo día de la Novena a los Santos Apóstoles
San Pedro y San Pablo
Por la conversión y santificación de la Iglesia

“Bienaventurados más bien los que escuchan la Palabra de Dios, y la practican”  (San Lucas 11:28).  Esto dijo Jesús, refiriéndose a la fidelidad de la Santísima Virgen María.  Y ciertamente que María Santísima escuchó a Dios y practicó su Voluntad, aún en la oscura luminosidad de la Fe que Ella experimentó.  Escudriñar la Voluntad de Dios:   es una expresión, que salida de la boca de Jesús, nos da a entender que el Señor quiere que oremos no sólo para pedir sino especialmente para descubrir la Voluntad de Dios.  No debemos pedir a Dios lo que nosotros queremos, debemos descubrir lo que ÉL quiere de nosotros. 

De esa manera seremos parte viva del Misterio Salvífico de Dios,  en el cual experimentaremos que dependemos de Dios y en esa dependencia debemos hacer lo que Dios quiere, anhelar lo que El quiere;  pero conociendo y usando los dones y aptitudes que ÉL mismo nos ha dado, para hacerlos fructificar.  No daremos fruto si no vivimos en Cristo, sólo si vivimos en Cristo seremos capaces de dar fruto.

No podemos ser parásitos, indolentes.  Como María Santísima seamos humildes orando, diligentes formándonos y trabajando, y sólo así, por la puerta estrecha, entraremos en la Gloria. A imitación y en compañía de Nuestra Señora del Fiat, que el Señor nos hostifique a todos.

Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

Dios es Creador nosotros creaturas



VIERNES DEL SAGRADO CORAZÓN
26 de Junio de 2015

Séptimo Día en la Novena de los Santos Apóstoles
San Pedro y San Pablo
Por la renovación de la Santa Iglesia

Seguimos adorando al Señor pidiendo la Gracia de que la Iglesia se renueve como Cuerpo Místico de Cristo.

Considero que tenemos que analizar e insistir primero ante nosotros mismos y luego ante los demás sobre algo grave e importante que está sucediendo:  hay personas que son muy fieles que con sinceridad han tratado de entregarse de lleno, algunas de las cuales incluso practican en parte nuestra espiritualidad eucarística, y sin embargo viven envueltas por la corriente que yo respetuosamente llamaría equivocadamente “humanistoide”  ya que le está dando  más importancia al ser humano defendiendo la familia y la vida sólo desde un punto de vista puramente humano y social.  Ciertamente hay que defender la vida, hay que defender y promover la familia, pero debemos tener presente que sólo Dios da la vida, sólo Dios lleva a la vida eterna, debemos tener en cuenta que Dios es quien instituyó la familia, ésta no es un simple acuerdo y contrato humano, es de institución divina y por tanto debe orientarse según la Ley de Dios y en primer lugar para la Gloria de Dios.

Por todo lo anterior,  Cristo,  que es el único “Camino, Verdad y Vida”,  (cf. San Juan 14:6) debe ocupar el centro de toda vida humana,  Cristo debe ocupar el centro de toda familia, Cristo debe ocupar el centro de todo el universo, pero hoy día no se habla de Cristo, o bien se manipula a Cristo, se presenta una imagen equívoca, falsa de Cristo, se blasfema contra Cristo, se rechaza a Cristo, o se niega la necesidad de Cristo en toda vida humana, haciendo creer que cualquiera puede llegar a Dios de cualquier manera, practicando cualquier creencia falsamente religiosa.  En todo caso se le pretende tener y presentar como un mago al cual se acude cuando se está en problemas.

Cristo es el Señor, Salvador y Juez, Señor de la Vida, Señor de la Familia,  Cristo ha de ser su centro.  Pero insisto:  por centrarse en el ser humano se olvida a Cristo, o con deficiente formación religiosa se prefiere hablar sólo de Dios, con un lenguaje muy confuso,  pero no hay experiencia de Cristo, se está lejos de promover su reinado.  Por eso necesitamos nosotros, necesita toda la Iglesia volver la mirada a Cristo que continuamente se sacrifica en el Altar y permanece en la Eucaristía.  El Señor les lleve a todos a “Ser Eucaristía”.


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

Cómo llegar a vivir en Cristo

JUEVES EUCARÍSTICO
Sexto día de la Novena a los Santos Apóstoles
San Pedro y San Pablo en oración por la
conversión y santificación de la Iglesia.

25 de Junio 2015


Como sabemos los Jueves son días especialmente dedicados a Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, y considero que en estos momentos que vivimos debe ser un día para pedir perdón a Jesús Sacramentado.  Porque debemos reconocer que a Jesús realmente no se le conoce ni se le da la adoración y el amor que sólo ÉL merece:  ÉL ES QUIEN ES, Dios y Hombre.  Pero sigue siendo manipulado,  olvidado, despreciado, profanado sacrílegamente,  puesto  en el Sagrario a un lado en los templos y en el corazón de los católicos.

¡Es tan fuerte la ceguera y la sordera de la inmensa mayoría de los católicos!  Y por eso yo siento que no han llegado a entender lo que verdaderamente es adorar y desagraviar a Jesús Hostia porque no se ha entendido la expresión profunda, grandiosa, sublime, misteriosa pero clara de Jesús “Quien come mi carne y bebe mi sangre mora en mí y yo en él” (San Juan 6:56).  Con esta expresión vivísima Jesús nos transmite la plenitud de Dios, pero si no se vive en gracia ni se hace el esfuerzo no se llegará a comprender en lo puramente humano y mucho menos en lo espiritual.  Porque esta expresión no es para entenderla con la inteligencia humana y teórica sino que se debe experimentar con sabiduría divina que no se fundamenta en el afecto, sino que debe vivirse en y desde la Fe, aún en medio de las sequedades que pueden presentarse en la vida espiritual de cualquier cristiano.  La expresión “Quien come mi carne y bebe mi sangre” no es filosofía, es vida en plenitud, y quien vive así, plenamente en Jesús, experimentará la alegría y la necesidad de participar aun diariamente en la Santa Misa, y experimentará que su crecimiento como cristiano es continuo y dará el fruto que el Señor espera de él…  Quien no viva esta experiencia eucarística, hostificante,  no es digno de llamarse ni cristiano ni discípulo de Cristo.  Pero quien la viva con humildad, con fortaleza, con constancia, podrá experimentar lo que es “vivir en Cristo”. 
Lo demás viene por añadidura.


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

San Juan Bautista el Precursor

Solemnidad del Nacimiento 
de San Juan Bautista:
 
San Juan Bautista
Como lo expresó la Santísima Virgen María cuando visitó a su Prima Santa Isabel con Juan todavía en su seno, “Proclama mi alma la grandeza del Señor”:  ¡Sí!  Porque si vivimos una verdadera y profunda vida en Cristo podremos experimentar y comprobar las maravillas que el Espíritu del Señor realiza en nosotros y en el Cuerpo de la Iglesia.  Aunque la situación del mundo y de la Iglesia es crítica, veremos las maravillas del Señor, en cambio el mundo y la Iglesia infiltrada por él están dormidos, ciegos, sordos, mudos, no son capaces de descubrir ni experimentar nada.

Debemos entonces vivir lo que vivió Juan bautista: rechazó enérgicamente, se apartó del mundo y preparó la venida del Señor.  No podemos pretender quitar lo inmundo del mundo, pero sí podemos limpiar nuestro propio cuerpo que es la Iglesia, denunciando la corrupción, el pecado, pero sin centrarnos en la denuncia, sino más bien hemos de transformarnos en Cristo y así ser capaces de anunciar a Cristo Jesús.  Juan Bautista preparó el camino del Señor.  Pero el Señor ya está como centro real de la Iglesia, y así lo anunció, lo implantó San Pablo.  A nosotros nos toca implantar a Jesús Hostia, implantar con toda la fuerza el Reino de Jesús Hostia.  Hemos de unir la misión de Juan con la de Pablo: denunciar y anunciar, destruir y edificar, como le mandó Dios al Profeta Jeremías.  Los dos, Juan y Pablo, sumisos al verdadero Pedro, y por tanto al Depósito de la Fe, viviendo Doctrina y Liturgia.  Y… ¡que la Iglesia vuelva así a ser el Cuerpo Místico de Cristo!

Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.



San Pablo encarcelado en Roma