Mostrando entradas con la etiqueta Homilías Año Litúrgico 2013-2014. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Homilías Año Litúrgico 2013-2014. Mostrar todas las entradas

Pasar a Cristología, abrir Carpeta, Santísimo Nombre del Señor



SOLEMNIDAD DEL
SANTISIMO NOMBRE DE JESÚS



Esta gran solemnidad en el tiempo litúrgico de Navidad: la celebración del Santísimo Nombre de Jesús.  Grandioso Nombre.  Conviene que profundicemos sobre él al menos en tres aspectos en esta oportunidad:

Primeramente, veamos quién le da este Nombre al que había de ser el Salvador, porque eso significa precisamente: ¡Salvador!  Se nos dice en el Evangelio de San Mateo que un Ángel del Señor se le aparece en sueños a San José y le revela: “José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo.  Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados.”  (San Mateo 1: 20-21).  Es el Hijo de Dios, que haciéndose Hijo del Hombre es constituido en “Salvador” de la humanidad.  Démonos cuenta de que el Ángel no le dice a José que será Salvador de Israel, sino: “porque salvará a su pueblo”.  ¿A cuál pueblo se refiere?  Nos dirá luego San Pablo:  “…para apacentar la Iglesia de Dios, que Él adquirió con su sangre” (Hechos 20: 28).  Jesús es por tanto el Salvador no de toda la humanidad, sino de las personas que creyendo en Él y formando parte viva de la Iglesia que ÉL funda sobre los Apóstoles, le aceptan vivencialmente como “Salvador”.

En segundo lugar, si aceptamos a Jesús como “Salvador” y sabiendo que es Dios –Hombre, debemos no sólo profundo respeto, sino verdadera, amorosa y humilde adoración a este Sacrosanto Nombre, el cual no hemos de pronunciar de cualquier manera ni descuidadamente, sino así, adorando a Nuestro Salvador y Señor, y además hemos de tenerle muy presente en toda nuestra vida, en todo momento y lugar.

 Y en tercer lugar, teniendo muy presente lo que dice San Pedro:  “Él es la piedra rechazada por vosotros los constructores, que ha venido a ser piedra angular.  En ningún otro hay salvación, pues ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvados.”  (Hechos 4: 11-12), no hemos de poner nuestra confianza en nadie que no sea Jesús.  En toda situación es a ÉL a quien hemos de invocar.  

Pero además, sólo a ÉL hemos de escuchar, sólo a Él hemos de seguir, porque sólo ÉL es “el Camino, la Verdad y la Vida”  (Juan 14: 6)  ¿Camino hacia dónde?  Camino hacia el Padre:  “Nadie viene al Padre  sino por mí”  (Juan 14: 6)  ¿Cuál Verdad?  “LA Verdad”:  “Cuando venga el Abogado, que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí”  (Juan 15:26).  ¿Qué Vida?  La vida única y verdadera:  “Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna”  (Juan 3: 16)  y “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante”  (Juan 10: 10)

Hermanos, quien no tenga a Jesús como fuente, centro, cumbre de toda su vida, está perdido.  En cambio, quien sinceramente le tiene radicalmente presente en toda su vida, sin importar circunstancias, ni lugares, ni tiempos, ni consecuencias, será capaz de participar en la salvación que, repito, sólo Jesús puede dar.  En la salud como en la enfermedad, Jesús.  En la tristeza como, en el gozo, Jesús.  En el fracaso como en el triunfo, Jesús.  En la compañía como en la soledad, Jesús.  En la vida temporal como en la vida eterna, Jesús.

Un padre de familia, una madre de familia sin Jesús no son nada, con Jesús podrán formar una verdadera y santa familia.  Un educador sin Jesús llevará a la niñez y a la juventud a la perdición, con Jesús será capaz de formar las futuras generaciones capaces de darle paz y progreso a la patria.  Un obrero, un profesional sin Jesús fracasará al final en su trabajo, con Jesús será capaz de esforzarse en medio de las dificultades para lograr para sí mismo, para su familia, para la comunidad la vida sencilla y digna en el tiempo y el espacio.  Un médico sin Jesús podría llegar a ser corrupto y asesino con licencia para matar, con Jesús podrá hacer mucho bien a la humanidad colaborando en una buena salud privada y pública. Un político sin Jesús será corrupto y mal gobernante, con Jesús será capaz de gastarse por el bien temporal, económico, social, moral y espiritual del pueblo.  Un gobierno sin Jesús llevará los pueblos a la miseria, a la corrupción, a la violencia, con Jesús podrá dar a su nación dignidad, paz, progreso equitativo. Un Religioso, una Religiosa sin Jesús será un anti testimonio, con Jesús será capaz de dar testimonio en el espacio y el tiempo del Reino Eterno y Trascendente de Dios.  Un sacerdote sin Jesús será hipócrita y esclavo del mundo pagano, con Jesús podrá cargar la cruz, santo y capaz de llevar al pueblo a Jesús.  

Por eso nos repite constantemente San Pablo:



“Jesús… Se humilló, obedeciendo hasta la muerte,

y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó

y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre.

Para que al Nombre de Jesús se doble

toda rodilla en los cielos, en la tierra

y en los abismos, y toda lengua confiese

que Cristo Jesús es Señor

para gloria de Dios Padre”.

(Filipenses 2: 5, 8-11)

 Pbro. José Pablo de Jesús Tamayo Rodríguez, o.c.e.




Solemnidad de Epifanía
6 de Enero 2014


 Isaìas 60:1-6;  Evang. San Mat. 2:1-12

Hay varios detalles importantes en la liturgia de esta Solemnidad de Epifanía, en primer lugar,  ¿por qué se turba el Rey Herodes?, ¿por qué se turban todos los habitantes de Jerusalén?,  ahí tenemos que ver  la realidad histórica que vivía Israel en el momento en que Cristo Nuestro Señor nació, en el momento en el que llegaron aquellos magos del oriente a adorar a Jesús y Israel no era más que una colonia del imperio romano y además de eso estaba siendo gobernada por Herodes, el corrupto, el que estaba afanado por tener poder, cuando escucharon que había nacido el Rey de los judíos, ellos pensaban seguramente, ¡si esa noticia llega a Roma!, van a creer que nos vamos a revelar contra ellos y se van a venir en contra nuestra, por miedo a autoridades paganas, comenzaron ya a querer rechazar a Cristo, por miedo a autoridades paganas comenzaron  ya desde ese primer momento a rechazar a Jesús recién nacido, pero también por intereses totalmente materialistas corruptos de Herodes, comenzaron a rechazar a Jesús, esto puede darnos mucha luz para el momento que estamos viviendo en este siglo XXI, tanto a nivel eclesiástico, como a nivel político, civil.

Otro aspecto importante a qué llegan aquellos  Magos, démonos cuenta que no eran reyes, eran magos, o sea intelectuales, estudiosos de aquellos tiempos, a qué llegan, a adorar a Jesús, esto nos da una luz importante, que fuera que Dios nuestro Señor le dio a la Iglesia  y a la humanidad especialmente, no únicamente, durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI, la profunda relación que debe existir entre razón y fe; entre la inteligencia humana y la fe cristiana, debe haber conexión, no debe haber contradicción entre una y otra, tiene que haber intima relación, aquellos magos, aquellos intelectuales, aquellos estudiosos de las estrellas de aquel tiempo y hoy conoceríamos como astrónomos, usando de su inteligencia, llegaron a la fe, y es lo que nuestros pueblos hoy día no quiere hacer, nuestros pueblos hoy día quiere recibir una fe devocional, sin fundamento, y esto es sumamente peligroso, la fe tiene que ir con la razón, y la razón tiene que apoyarse en la fe, tiene que ir unidas, aunque llegará un momento en el cual la fe tiene que sobreponerse a la razón, pero no contra ella, sino más allá de ella, muy diferente es que la fe esté más allá de la razón, pero nunca va a estar en contra de la razón, y la razón no tiene por qué intentar ponerse sobre la fe, tendrá que estar unida a la fe, pero supeditada a la fe. 

Qué le ofrece en actitud de adoración los magos a Jesús?:  Oro, Incienso y Mirra, para reconocer que Jesús siendo Dios el Incienso, y siendo Hombre la Mirra es dueño de todo, el Oro; reconocen que Jesús es Dios, reconocen que Jesús es Hombre, reconocen que El es el dueño de todo, una adoración bien encaminada. Pero hay otro sentido que también nos traen el oro, el incienso y la mirra: Con el oro le ofrecieron los Magos y le debemos ofrecer también nosotros la perfección en las obras, la perfección en la vida.  ¿Y cómo se alcanza esa perfección?  Cumpliendo, desde la razón y la Fe, los Mandamientos de Dios... Viviendo desde la razón y la Fe, las Bienaventuranzas.  Mandamientos de Dios y Bienaventuranzas, dadas por Jesús.  Dos guías importantísimas, necesarias en la vida de todo cristiano.  En razón y en Fe, vivir los Mandamientos y las Bienaventuranzas.   El incienso: ¿Qué tenemos que ofrecer al Señor, junto con esa perfección?  Nuestra oración.  Tenemos que orar: Nuestra vida, la vida del cristiano, la vida de la Iglesia, tiene que ser fundamentalmente vida de oración.  Pero, ¿qué significa orar?  ¿Significa pedir?  No.  Orar significa algo mucho más importante que un simple pedir, pedir y pedir.  Orar significa ¡adorar!  Orar significa ¡contemplar!  Orar significa ¡escuchar!  Orar significa ¡alabar!  Orar significa ¡entregarse!  Orar es por tanto también ¡Liturgia!  Es lo que podemos encontrar en el ofrecimiento del Incienso y la Mirra, la Mirra también nos puede dar una luz muy grande, la Mirra dio a entender la entrega de Cristo el Sacrificio de Cristo en la Cruz, y es otro aspecto importantísimo en la vida del Cristiano, la entrega, el sacrificio, la vida del cristiano ciertamente no puede ser una vida de placer mundano, la vida del cristiano sobre esta tierra es vida de cruz, quien niega esto no es cristiano, tenemos que aceptar la cruz de nuestra vida, por eso Cristo durante su vida nos dijo:  Si queréis seguirme tomad vuestra cruz, debemos cargar la cruz como Cristo cargó su Cruz, debemos entregarnos a Cristo y en Cristo debemos entregarnos a la Gloria de Dios y en Cristo debemos entregarnos también por la salvación del prójimo, no podemos ser egoístas de estar actuando  solo por nuestra propia salvación individual, el que pretenda salvarse individualmente se condena, tenemos que salvarnos en comunión, tenemos que salvarnos en iglesia, queridos hermanas, todo eso significa para nosotros la Epifanía, es el Dios que se nos manifiesta, es el Dios hecho Hombre que se nos manifiesta, que se nos entrega y que se entrega, es el Dios dueño de todo, es el Hombre perfecto que salva a la humanidad, es el Dios Hombre que nos enseña como servirle a El, y como con El y en El también nosotros tenemos que entregarnos.  Vivamos la Epifanía, y hagamos que esta Epifanía se proyecto a todo el resto de nuestras vidas para la Gloria de Dios para la salvación de la Iglesia.

Pbro. José Pablo Tamayo Rodriguez, o.c.e.

pasar a Cristologia NACIMIENTO DE NUESTRO DIOS HECHO HOMBRE

NAVIDAD ES EL AMOR DE DIOS


SOLEMNIDAD DE NAVIDAD
Misa del día

Hebreos 1:1-12;   Salmo 97: 3 y 2;
Evang. San Juan 1:1-14

Esta Navidad, debe ser una Navidad de contemplación, de adoración, de transformación, en Cristo. Ahora bien ¿qué significa transformación? Llegar al encuentro auténtico con el Hijo de Dios que se hace Hombre, con el Hijo de Dios que sin dejar de ser Dios, se hace Hombre, asume en sí mismo toda la realidad humana,  por eso nace como Niño, El como Dios que es podría haber podido tomado la naturaleza humana ya como un hombre maduro, sin necesidad de tener una mamá, sin necesidad de tener un papá adoptivo. ÉL asumió toda la naturaleza humana, por eso nace verdaderamente y nace del seno de una Mujer, y para todavía darnos a entender mejor esa realidad, quiere tener un papá, aunque adoptivo, quiere tener un papá ante la ley del mundo. 

Encontrémonos con ese Dios-Hombre y hagamos lo que nos dice la Palabra, esa Palabra que nos dice:  Adórenle, porque solamente quien adora a Jesús es capaz de llegar a ser verdaderamente ser humano redimido por el Amor Misericordiosísimo de Dios; pero hermanos ¿qué significa entonces ahora ser redimido por el Amor Misericordiosísimo de Dios?  Significa vivir todo el Misterio del Dios hecho Hombre, y me voy a permitir resumir, sintetizar todo ese Misterio del Dios hecho Hombre en cuatro momentos, cuatro momentos con cuatro lugares que se han dado verdaderamente en toda la historia de la salvación.

Un primer lugar:    Belén.  En Belén nace el Dios – Hombre.

Segundo lugar:      La última Cena, en el Cenáculo, Jesús instituye aquellos Sacramentos, a través de los cuales ÉL va a perpetuar su  Misterio Salvífico hasta el final de los siglos: Eucaristía y Sacerdocio.

Tercer lugar:           Su Pasión y  su Muerte en  el Gólgota, para eso se hace Hombre, sin dejar de ser Dios, para dar su Vida como Dios y como  Hombre para rescatarnos y permitirnos sumergirnos en su Misterio Salvífico y plenificante.

Cuarto lugar:        Es el momento que se perpetuará hasta el final de los siglos:  El Altar del Sacrificio.
 
Belén, Cenáculo,  Gólgota y Altar del Sacrificio.  Cuatro momentos, cuatro lugares, que nos sintetizan todo el Misterio del Dios hecho Hombre, de ese Dios que Ama, de ese Dios que siendo la Verdad, se comunica como la Verdad y que sin embargo sigue siendo despreciado y ultrajado.

Entonces ¿qué significa dejarse transformar por Cristo, qué significa amar a Cristo, qué significa servir a Cristo?  Significa que nuestro corazón es de Cristo, significa que nuestros sentimientos son de Cristo, significa que nuestros deseos son de Cristo, significa que nuestros ojos son los de Cristo, significa que nuestro olfato es el de Cristo, significa que nuestra lengua es la de Cristo, tanto para hablar, como para alimentarnos, significa que nuestros oídos son los de Cristo, significa que nuestros pulmones son los de Cristo, significa que nuestras manos, nuestros brazos son brazos y manos  de Cristo, significa que nuestras piernas y pies, son piernas y pies de Cristo, significa que todo nuestro cuerpo es de Cristo, significa que todo nuestro ser material, espiritual y moral es de Cristo, significa que nuestro interés es de Cristo, significa que en todo vamos a hacer lo de Cristo, significa que en todo vamos a ver la Mano providente de Dios, en la que por Cristo perseveramos, para que también nosotros en Cristo nos unamos a Dios, porque sólo en Dios está la Verdad, porque sólo en Dios está la plenitud, porque sólo en Dios está la Eternidad, porque sólo en Dios somos y seremos eternamente. 

Vivamos el Misterio de la Navidad,  proyectemos el Misterio de la Navidad a toda nuestra vida, nos toque vivir un día más, nos toque vivir una semana más, nos toque vivir un mes más, nos toque vivir un año más, nos toque vivir cinco años más, nos toque vivir diez años más, nos toque vivir lo que nos toque vivir aquí en la tierra, para continuar luego viviendo como Dios quiere en su Gloria  por toda la eternidad, habiendo sido constructores del Misterio y del Reino de Cristo en el tiempo, porque el tiempo es para eso, el tiempo que Dios nos permita en la tierra es para construir el Reino de Dios, es para implantar el Misterio de Cristo, porque solamente en el Misterio de Cristo hay vida, sólo en el Misterio de Cristo hay plenitud, sólo en el Misterio de Cristo hay gozo, sólo en el Misterio de esos cuatro momentos, esos cuatro lugares, hay vida, plenitud en Dios.  

Que nunca desaparezca de nuestra vida el Belén, el Cenáculo, el Gólgota, el Altar del Sacrificio, para que un día lleguemos al quinto y definitivo momento:  El Reino Eterno y Glorioso de Dios.  Así sea.


Pbro. José Pablo de Jesús Tamayo Rodríguez. o.c.e.

Misa de la noche de Navidad 2013

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO




MISA DE MEDIA NOCHE
24 de Diciembre de 2013
Tito 2: 11-15;  Ps. 109: 3 y 1;
San Lucas 2: 1-14





Muy queridos hermanos en Cristo:

¿Es la Navidad una fiesta de la sociedad para la sociedad?  ¿Es la Navidad una fiesta de la Navidad para los necesitados de cosas materiales y temporales?  Jesús mismo responde esas preguntas cuando, por el salmista dice:  “El oprobio me destroza el corazón y desfallezco; esperé que alguien se compadeciese, y no hubo nadie; alguien que me consolase, y no lo hallé”  (Salmo 68: 21), y luego ÉL mismo personalmente le reprocha a Judas Iscariote:  “Porque pobres siempre los tenéis con vosotros, pero a mí no me tenéis siempre.” (San Juan 12: 8).  Por lo cual, Navidad es Fiesta de la Fe de la Iglesia que celebra a su Salvador y Señor.  Así pues, como “Pueblo consagrado”:

En el gozo de estas celebraciones de la Navidad, viviéndolas como hemos dicho en los días anteriores:  “Navidad de Adoración”, “Navidad de contemplación”, “Navidad de Transformación”, hemos de ser capaces de vivir la realidad:  Jesús Nuestro Señor ya nació hace dos mil años.  Lo que ahora celebramos no es un inicio.  Es la continuidad del hecho salvífico que, desde Belén hasta el Gólgota, se perpetua en el tiempo de la historia de la salvación para todos y cada uno de los que gozosa, humilde y valientemente creemos en el Jesús verdadero, Dios que haciéndose Hombre, está presente y actúa en nuestras vidas, para que viviendo sobria, justa y religiosamente, peregrinemos hacia la eternidad como pueblo consagrado, con los pies bien puestos en el espacio y el tiempo, pero con el corazón y la mirada dirigidos al Reino Eterno.

Por eso no podemos contentarnos con vivir según la doctrina católica, sino que debemos dar fruto de esa  adoración, de esa contemplación, de esa transformación, demostrando con toda nuestra vida que realmente no vivimos egoístamente para nosotros, sino que vivimos “per ipsum”, vivimos “cum ipso”, vivimos “in ipso”.  Expresando lo anterior de otra forma, desde la vivencia litúrgica de la auténtica Navidad, la Navidad Eucarística, que sea Jesús en el ser integral de todos los hombres que dicen ser católicos, que sea Jesús en el ser integral de todas las mujeres que dicen ser católicas, que sea Jesús en el ser integral de niños y niñas, que sea Jesús en el ser integral de todos los jóvenes varones que se comportan con pureza como San José, que sea Jesús en el ser integral de todas las señoritas que muestran su pureza  como María Santísima.

Que sea Jesús, que por la Eucaristía sigue naciendo y entregándose en el pesebre de la Iglesia, que es el Altar del Sacrificio, quien sea entonces adorado, contemplado, servido, amado por los “pobres de espíritu…hombres de buena voluntad”, únicos que tendrán la capacidad de cambiar este mundo de oscuridad en el mundo luminoso de la Gracia, de la Verdad y del Amor, que será capaz de unirse al Sacerdote para exclamar en el poder del Espíritu Santo: 



“Por Cristo, con ÉL, y en ÉL,
A Ti, oh Padre Omnipotente,
En la Unidad del Espíritu Santo,

Todo Honor y Gloria.”

                                                                                                                             Pbro Jose Pablo de Jesús Tamayo R.

IV Domingo de Adviento 2013


DOMINGO IV DE ADVIENTO

22 de Diciembre de 2013
1 Corintios 4: 1-5;  Ps. 144: 18 y 21;
San Lucas 3: 1-6



Muy queridos hermanos en Cristo:

El domingo anterior nos preguntábamos cómo hemos de responder al Señor  viviendo conformes a la corriente del mundo o viviendo a contracorriente.  Hoy, ya prácticamente en vísperas de celebrar la Navidad del Señor, volvamos a analizarnos a nosotros mismos, preguntándonos para comenzar:  esta semana que ha terminado, ¿hemos vivido de acuerdo a la respuesta que dábamos hoy hace ocho días? 

¿Y por qué insisto en ello?  Nos dice San Pablo que entre los dispensadores lo que se requiere es que sean fieles.  Y ciertamente el que es fiel vive contracorriente.  Se hace capaz de cambiar total, radicalmente, su forma de vivir, sus costumbres, su manera de pensar, su manera de hablar, su manera de vestir, su manera de descansar, su manera de trabajar, su manera de relacionarse con los demás en todos los niveles de relación, desde el familiar, pasando por el cultural y el profesional hasta el político.  Se distingue privada y públicamente como verdadero cristiano, o sea verdadero discípulo de Aquel que siendo desde toda eternidad Dios, en el tiempo se hace hombre naciendo como niño en las condiciones más pobres y sencillas imaginables, en un pesebre, despojado prácticamente de comodidades y seguridades.

¿Estamos dispuestos realmente incluso a ello, ya no sólo a vivir contracorriente, sino también a perder las comodidades y seguridades que el mundo ofrece, con el fin de vivir la Navidad realmente en y desde la liturgia, en la disposición sincera de afrontar lo que sea para que en este año litúrgico que hemos iniciado seamos capaces de permitir a Cristo nacer en nosotros y a través nuestro en el cuerpo de la Iglesia, y así poder presentar su acción salvífica, su reino ante el mundo que aunque lo rechaza lo necesita?  Ante esto, hagámonos otra doble pregunta:  ¿Es la Navidad fiesta de alegría?  ¿Es la Navidad fiesta de amor?  Quien crea que voy a responder negativamente, no ha conocido ni comprendido a Jesús el Señor.

Porque me refiero no a la alegría fatua, pasajera, falsa, del mundo, sino que me refiero a la alegría que se experimenta en lo más profundo del ser cuando la persona se deja llenar por Jesús y se entrega por completo, como María Santísima en el constante “Fiat”, a la continua acción del espíritu del Señor, que le transforma en Cristo mismo, hasta poder decir realmente, como San Pablo:

“Y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí.  Y aunque al presente vivo en carne, vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí”,  (Gálatas 2: 20),  confirmando cada uno en su vida lo que ya le pedía Jesús mismo al Padre Celestial:  “Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno y conozca el mundo que tú me enviaste y amaste a éstos como me amaste a mí” (Juan 17: 23)

Y así mismo, no me refiero al amor que hipócritamente enseña el mundo, también fatuo, pasajero, muchas veces falso, sino que me refiero al único amor verdadero, eterno, pleno, el Amor de Dios, que nos entrega a su Hijo, que haciéndose y naciendo como un niño, en la realidad humana asumida por la divinidad, Quien lleva ese Amor divino al colmo de entregarse a sí mismo hasta la muerte en cruz:, da su vida por los suyos.  Eso es amor.  Nace para entregarse en la cruz y seguir entregándose en la Victimación Sustitutiva, su Sacrificio Perpetuo del Altar.  Es así como realmente podemos conocer al verdadero Jesús:  no es el Jesús que se contenta con dar bienes materiales, sentimientos pasajeros, alegrías mentirosas, amores engañosos.  Tampoco es el Jesús que se contenta con enseñar doctrinas, filosofías humanas.  Es el Jesús que se entrega y se nos entrega, y así nos hace uno en ÉL para sumergirnos en la Verdad Eterna, océano infinito de auténtica realización del ser humano que cristificándose es capaz de cristificar el espacio y el tiempo en que vive temporalmente para llegar al Reino Eterno de la Vida, Dios mismo.

Él se entrega, aprendamos a entregarnos también nosotros en ÉL, como ÉL, por la purificación y cristificación de la Iglesia, por la salvación de la humanidad.  ÉL es la Víctima Sustitutiva, seamos nosotros  “hostia viva, santa, grata a Dios” (Romanos 12: 1)

Por ello, que esta Navidad sea la “Navidad de la Adoración, Navidad de la Contemplación, Navidad de la transformación”.  Adoración, contemplación, transformación a imitación y en compañía de María Santísima y de San José, que fueron capaces de participar en la entrega de Jesús, viviendo ellos mismos su propia entrega en el constante y luminoso “riesgo de la Fe”, cada uno en la misión que Dios le daba en toda la historia de la salvación.  Así le daremos Gloria a Dios y la plenitud de Jesús mismo a los hombres de buena voluntad, con palabra y vida, si fuere necesario hasta el martirio. 



“Sed, en fin, imitadores de Dios,
como hijos amados, y caminad en el amor,
como Cristo nos amó y se entregó por nosotros
en oblación y sacrificio de fragante y suave olor.”

(Efesios 5: 1-2)

III Dom. de Adviento 2013


Filipenses 4: 4-7;  Ps. 79: 2, 3 y 2;
San Juan 1: 19-28


15 de Diciembre de 2013

Muy queridos hermanos en Cristo:

Quien vive realmente en Cristo, se reconoce a sí mismo como absoluta y constantemente necesitado de Cristo, pero al mismo tiempo es apóstol, testigo auténtico de Cristo ante el mundo que le rodea y el mundo en el que vive.    Dicho de otra manera, sin buscarse a sí mismo, ni buscar su descanso, su seguridad, su tranquilidad, se esfuerza  por continuar su progresiva transformación, su vivencia en Cristo, siguiendo y sobrepasando el ejemplo de San Juan el Precursor.

Y precisamente esa vivencia es la que debemos mejorar profundamente todos y cada uno de nosotros, tanto a nivel personal como a nivel familiar, pero también a nivel de la Obra Opus Cordis Eucharistici, y por supuesto que también a nivel de Iglesia,  debemos ser “precursores” de Jesús en la Costa Rica de hoy y del futuro, en el mundo de hoy y del futuro.

De eso se trata el Adviento que estamos viviendo, que por lo contrario de lo que vive el mundo materialista y relativista de pecado, debe ser un tiempo de total apertura a la llegada, la venida, la implantación de la vida en Cristo en nuestra mente, en nuestros sentimientos, en nuestros deseos, en nuestro hablar, en nuestro silencio, en nuestros movimientos, en nuestro descanso, en nuestro estudio, en nuestro trabajo, en nuestras familias, en nuestras relaciones sociales, en nuestra vida eclesial, en nuestra participación en la política del momento hacia el futuro.

Pero, ¿cómo lograremos ese “vivir en Cristo” durante este Adviento, durante la Navidad que se aproxima?  ¿Y cómo lograremos proyectarla a la realidad del año que se avecina?

Sólo hay una manera:  imitando a San Juan Bautista el precursor, imitando a Nuestra Señora del Fiat en su total disponibilidad a la acción de Dios en Ella, imitando a San José en su constante respuesta amorosa y responsable a las mociones del Espíritu del Señor que actuaba en y a través de él, imitando a San Pablo Apóstol, quien sobrepasando a San Juan Bautista, no sólo se dejo transformar sino que muriendo a sí mismo dejó a Cristo vivir en él incluso hasta crucificarse con Cristo.

Y que esa imitación gozosa y esperanzadora se convierta en realidad viviendo durante lo que falta de Adviento, pero con el compromiso de proyectarlo a todo el próximo año, de la forma querida por Nuestro Señor, la Sagrada Liturgia, única “Fuente y Cumbre” de nuestra vida y misión cristiana.  Porque sólo en la Liturgia, especialísimamente la eucarística, podremos imitar a San Juan, a María Santísima, a San José, a San Pablo Apóstol, viviendo a contracorriente, sin temor a las consecuencias de un auténtico vivir cristiano en el mundo, no como personas aisladas, sino en una verdadera comunión en Cristo, capaz de transformar el mundo creado.

¿Y qué puede ser consecuencia de ese auténtico vivir cristiano en el mundo?  Es no vivir según la corriente aparentemente litúrgica que nos engaña diciendo que es obligatorio celebrar la Santa Misa en la forma ordinaria, como asamblea festiva que no compromete a nada porque Cristo ya murió por todos y no es necesaria ninguna conversión.  Es vivir la contracorriente, tan motivada por el próximo “San Juan Pablo II”, por el Papa emérito Benedicto XVI y por S.S. Francisco, la contracorriente verdaderamente litúrgica de la celebración de la Santa Misa en la forma extraordinaria, la tridentina, como perpetuidad del Sacrificio de Cristo Nuestro Señor, en profundo espíritu de adoración, de propiciación, de entrega victimal en Cristo mismo para la Gloria de Dios y conversión y salvación de la Iglesia y la humanidad.

Al momento de vivir durante esta Misa la consagración de las sagradas especies del pan y el vino, contemplemos a Jesús que haciéndose presente es Víctima Sustitutiva “por muchos” y escuchemos la pregunta que posiblemente nos hará a cada uno:  ¿Cómo quieres vivir:  de acuerdo con la corriente o en contracorriente?, y preparemos nuestra respuesta personal, corporativa, eclesial, que podremos darle al momento de recibirle en la Sagrada Comunión. 

Si le respondemos por respeto humano que de acuerdo con la corriente, ÉL podría respondernos como un día le respondió a San Pedro:  “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!” (Mateo 16: 23)
En cambio, si le respondemos que “en contracorriente”, ÉL podrá respondernos:  “En el mundo tendréis tribulación.  Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo.”  (Juan 16: 33)  Y Cristo continúa venciendo al mundo, cada vez que es levantado en alto, en la más perfecta Victimación de su Perpetuo Sacrificio Redentor, en el que nosotros nos hacernos “víctimas vicariales” en ÉL al recibirle en la Sagrada Comunión, hoy como también en la Navidad de adoración y de propiciación en la que entonces podremos exclamar con los Ángeles, con Nuestra Señora del Fiat, con San José, con San Juan Bautista, con San Pablo Apóstol:



“Gloria in excelsis Deo, 
et in terra pax hominibus bonae voluntatis”    (Lucas 2: 14)

“Cuanto a mí, jamás me gloriaré a no ser en la cruz de nuestro Señor Jesucristo,  
por quien el mundo está crucificado para mí   
y yo para el mundo”  (Gálatas 6: 14)



Pbro. José Pablo de Jesús Tamayo Rodríguez, oce

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María

SOLEMNIDAD DE LA
DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Domingo II de Adviento
8 de Diciembre de 2013

Proverbios 8: 22-35;  Judit 13: 23; Cantar 4: 7;
San Lucas 1: 26-28


Muy queridos hermanos en Cristo:

Celebramos hoy esta preciosa e importantísima Solemnidad de la Santísima Virgen María.  ¿Por qué digo que preciosa?   Lo digo porque precisamente la Pureza es una de las virtudes más queridas de Dios, ya que es reflejo de su Infinita Santidad, de su Infinita y resplandeciente Belleza Divina.  Y María Santísima es ese reflejo luminoso de la Santidad, de la Belleza, del Amor de Dios.  Y ¿Por qué digo importantísima Solemnidad?  Lo digo ya que ciertamente el momento en que María Santísima fue concebida sin pecado en el seno de su madre, tiene un lugar muy especial en toda la Historia de la Salvación.  Ya había sido anunciado por Dios mismo en el momento del pecado original cuando le dice a Satanás:  “Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo.  Este te aplastará la cabeza, y tú le acecharás el calcañal.”  (Génesis 3: 15)  Satanás que es el causante del pecado, es enemigo de la mujer, María Santísima, que siendo criatura como él, fue libre de todo pecado en atención a la Redención realizada por el linaje de María misma, o sea Jesús que le aplasta la cabeza a Satanás, venciéndole en el Árbol de la Cruz, y alcanzando así el perdón del pecado para el resto del linaje de María Santísima, nosotros que le aceptamos a Jesús como Salvador y Señor, Dios y Hombre.  Y luego el Señor mismo lo confirma por medio del Arcángel Gabriel:  “Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo”  (Lucas 1: 28)

Pero veamos algunos aspectos importantes de María Inmaculada en esta Solemnidad, que la Iglesia reconoce como la más importante de todas las de la Virgen Santísima.  Ella, en las apariciones ya reconocidas por la Iglesia se reconoce a sí misma así:  “Soy la Inmaculada”.  Así está Ella ante la Presencia Tres veces Santísima de Dios.  Y por tanto, nuestro trato para con Ella debe ser igual que el trato que Dios mismo le da y quiere que le demos nosotros:  un trato de privilegio, un trato de suprema veneración, un trato de amor filial, un trato de respeto, un trato de contemplación y de escucha, especialmente cuando Ella dice:  “Oidme, pues, hijos míos;  bienaventurado el que sigue mis caminos.  Escuchad la instrucción y sed sabios, y no lo menospreciéis.”  (Proverbios 8: 32-33) 

Y muy especialmente contemplemos, escuchemos a la Inmaculada cuando dice:  “He aquí a la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra.”  (Lucas 1: 38) y más adelante cuando dice:  “Haced lo que Él os diga”  (Juan 2: 5).  ¿Con qué finalidad?  Para poder imitarla.  Pero, realmente, ¿quiénes podrán contemplar, escuchar, imitar a la Siempre Inmaculada Virgen María?  Creo no equivocarme al decir que sólo lo lograrán aquellos que hagamos el esfuerzo por mantener la pureza de corazón, de mente, de voluntad, de cuerpo, sea desde el Bautismo, sea desde la última o próxima Confesión Sacramental, con la intención de aumentarla, fortalecerla, embellecerla, por la Santa Misa participada a ser posible todos los días no como una fiesta sino como Sacrificio de Cristo en el que también nos entregamos en Cristo a Dios, sin importar las diversas circunstancias de vida que le correspondan a cada uno, en la experiencia cristiana de la Fe, de la Esperanza, de la Caridad.

Y así, siendo puros como Ella, podamos decir:  “Hágase en mí según tu palabra”, no una vez, sino todos los días, como fruto de nuestra oración personal de la madrugada, para vivir cada día sinceramente, valientemente, como Ella y con Ella, la Oscura Luminosidad del Riesgo de la Fe, sin rechazar las posibles consecuencias de ello.  Consecuencias de renuncia al mundo, renuncia a la falsa Navidad pagana, renuncia a trabajos inmorales y forzados, renuncia a vanidades, renuncia a placeres, renuncia a viajes innecesarios, renuncia a conversaciones inútiles, renuncia a vanidades y modas mundanas, renuncia al egoísmo, renuncia a la comodidad y la seguridad temporal mundanas; consecuencias de muerte a uno mismo, para poder presentarse hoy y siempre como hostias vivas ante Dios en Cristo Jesús; consecuencias incluso martiriales.
De la misma manera, puros como Ella y con Ella, y en compañía de la Santa Iglesia, apartándonos de simples “organizaciones no gubernamentales”, escuchar igualmente cada día lo que Jesús nos dice, descubriendo y viviendo en santidad la vocación personal de cada uno, y no para el provecho ni material ni espiritual sólo de cada uno, sino para la Gloria de Dios, santificación de la Iglesia y salvación de la humanidad.


“Nuestra Señora del Fiat, Siempre Virgen Inmaculada, que como y contigo, vivamos el Riesgo de la Fe en la Oscura Luminosidad de la Voluntad Santísima del Padre.”

Pbro. José Pablo de Jesús Tamayo Rodríguez, o.c.e.