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El Sacerdocio por la Eucaristía da vida a la Iglesia

JUEVES SANTO
INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA Y EL SACERDOCIO



2 de Abril de 2015
I Corintios 11:20-32;  Filipenses 2: 8-9;
San Juan 13:1-15

Muy queridos hermanos en Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote:

Primero que todo, considero que debemos fortalecer nuestra actitud de adoración y agradecimiento por los dos grandes dones que el Señor en este sublime día del Jueves Santo le ha dejado a la Santa Iglesia:  Eucaristía y Sacerdocio.  Adoración porque ambos Sacramentos son parte del Misterio Salvífico de Dios que es Verdad y Amor.  Agradecimiento porque el ser humano, sin mérito alguno de su parte, es el beneficiario directo de todos y cada uno de los Sacramentos que el Señor le ha dado a la Iglesia, y muy especialmente estos dos que son los más sublimes, sin los cuales me atrevo a decir que la Iglesia no tendría razón de ser.  La Eucaristía ya que es Jesús mismo, Presente, Sacrificio Actual y Perenne, Alimento de Vida Eterna.  El Sacerdocio ya que es la más plena transformación del hombre elegido por el Señor en sí mismo para servir a Dios y a los hombres en lo que se refiere a Dios  (cf. Hebreos 5:1-4)

Y ahora he de hacer énfasis en los aspectos  que acabo de señalar.  La Eucaristía es Jesús Presente.  Presente en nuestros Sagrarios, que siendo eso, lugar de permanencia personal, real, cuerpo, sangre, alma y divinidad, centro de la vida de la Iglesia, debe ocupar incluso el centro físico del Presbiterio del Templo, como muy bien lo señala S.S. el Papa Emérito Benedicto XVI en su Exhortación Apostólica “Sacramentum Caritatis” al decir:  “Es necesario que el lugar en que se conservan las especies eucarísticas sea identificado fácilmente por cualquiera que entre en la iglesia, gracias también a la lamparilla encendida… y el Sagrario está en el altar mayor, conviene seguir usando dicha estructura para la conservación y adoración de la Eucaristía,… En las iglesias nuevas… es preferible poner el sagrario en el presbiterio, suficientemente alto, en el centro del ábside.”  (S.C. # 69).  No nos olvidemos por tanto de ello: visitémosle siempre que podamos, adorémosle, desagraviémosle, hagamos la genuflexión cada vez que pasemos delante de ÉL.

La Eucaristía es Sacrificio Actual.  Ya lo hemos dicho muchas veces, pero nunca será suficiente.  La Santa Misa no es banquete, no es acto simplemente humano.  La Santa Misa es el Acto del Señor que lo realiza siempre en su Sacerdocio perpetuado en la Iglesia como Sacrificio Actual, como su Sacrificio Propiciatorio por los pecados de todos y cada uno de nosotros.     
Así es como nos dice el Sacrosanto Concilio de Trento, cuando nos habla de la
Doctrina sobre el Santísimo Sacrificio de la Misa, en la Sesión XXII del 17 de Septiembre de 1562:

Cap. 2. [El sacrificio visible es propiciatorio por los vivos y por los difuntos]
Y porque en este divino sacrificio, que en la Misa se realiza, se contiene e incruentamente se inmola aquel mismo Cristo que una sola vez se ofreció Él mismo cruentamente en el altar de la cruz [Hebr. 9, 27] ; enseña el santo Concilio que este sacrificio es verdaderamente propiciatorio [Can. 3], y que por él sé cumple que, si con corazón verdadero y recta fe, con temor y reverencia, contritos y penitentes nos acercamos a Dios, conseguimos misericordia y hallamos gracia en el auxilio oportuno [Hebr. 4, 16]. Pues aplacado el Señor por la oblación de este sacrificio, concediendo la gracia y el don de la penitencia, perdona los crímenes y pecados, por grandes que sean. Una sola y la misma es, en efecto, la víctima, y el que ahora se ofrece por el ministerio de los sacerdotes, es el mismo que entonces se ofreció a sí mismo en la cruz, siendo sólo distinta la manera de ofrecerse. Los frutos de esta oblación suya (de la cruenta, decimos), ubérrimamente se perciben por medio de esta incruenta: tan lejos está que a aquélla se menoscabe por ésta en manera alguna [Can. 4]. Por eso, no sólo se ofrece legítimamente, conforme a la tradición de los Apóstoles, por los pecados, penas, satisfacciones y otras necesidades de los fieles vivos, sino también por los difuntos en Cristo, no purgados todavía plenamente [Can. 3].”

Y por ello establece los siguientes cánones, con carácter definitorio y obligatorio:

“Can. 1. Si alguno dijere que en el sacrificio de la Misa no se ofrece a Dios un verdadero y propio sacrificio, o que el ofrecerlo no es otra cosa que dársenos a comer Cristo, sea anatema [938].

Can. 2. Si alguno dijere que con las palabras: Haced esto en 949 memoria mía [Le. 22; 19; 1 Cor. 11, 24], Cristo no instituyó sacerdotes a sus Apóstoles, o que no les ordenó que ellos y los otros sacerdotes ofrecieran su cuerpo y su sangre, sea anatema [cf. 938].

Can. 3. Si alguno dijere que el sacrificio de la Misa sólo 950 es de alabanza y de acción de gracias, o mera conmemoración del sacrificio cumplido en la cruz, pero no propiciatorio; o que sólo aprovecha al que lo recibe; y que no debe ser ofrecido por los vivos y los difuntos, por los pecados, penas, satisfacciones y otras necesidades, sea anatema [cf. 940].”

No pretendamos entonces asistir a fiestas o a banquetes, o a recordatorios en memoria de nadie, ni siquiera a un recordatorio de la Pasión de Nuestro Señor, sino a su verdadero y actual Sacrificio, ya que es Cristo mismo, en la persona del Sacerdote, quien se sacrifica por nuestros pecados para que seamos perdonados, transformados, santificados , plenificados en la vida según Dios en Cristo mismo.

La Eucaristía es Alimento de Vida Eterna.  Precisamente por lo que acabo de decir, como fruto del Sacrificio Actual de Cristo, se nos libera de la esclavitud del demonio y del pecado, se nos otorga la Sabiduría de Dios para que seamos capaces de conocer su Santísima Voluntad para con cada uno y así podamos cumplir aquel anhelo de Jesús que, por favor, no podemos, no debemos olvidar nunca:

“Padre Santo, guarda en tu nombre a estos que me has dado, para que sea uno como nosotros… para que todos sea uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, para que también ellos sean en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado”  (San Juan 17:11 y 21).

Porque la Vida Eterna no nos remite sólo al futuro, sino que ha de vivirse desde ahora.  Quien pretenda vivir una religión fácil, complaciente en el presente porque lo de Dios es para el futuro eterno, se equivoca. Quien pretenda confesarse y arrepentirse cuando le llegue la muerte, se pone en serio peligro de condenación eterna.  El verdadero cristiano debe esforzarse por vivir en el “camino estrecho” de la verdadera vida cristiana que es sinónimo de compromiso por alcanzar la santidad que no es otra cosa que una humilde y valiente actitud de sumergimiento en el Misterio Sublime, Insondable, Eternamente Presente, del Dios que es Verdad y Amor.  Misterio que no se logra entender pero sí se logra vivir sólo en Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, Eucaristía perfecta, o sea Presencia, Sacrificio, Alimento.

Y sobre el Sacerdocio, al cual también me refería al principio.  Se insinúan tres aspectos al respecto:  En primer lugar el Sacerdocio es elección exclusiva de Dios, no somos los hombres quienes lo elegimos como si fuera una profesión más, es Dios quien, sin mérito de nuestra parte, nos llama y elige por el ministerio de la Santa Iglesia para hacer de cada uno de nosotros no sólo un  “alter Christus”, sino un verdadro “ipsus Christus”, lo cual da a entender que nos aparta del mundo para transformarnos y sumergirnos totalmente en el Misterio del Hijo de Dios e Hijo del Hombre, que se sacrifica sobre el Altar en cada  Misa para ser propiciación por los pecados de quienes se unen a ese sacrificio, viviéndolo en unión con el Sacerdote que lo celebra, que lo realiza.

Y lo anterior nos lleva de manera lógica a lo segundo: el Sacerdocio católico es radicalmente, eternamente el servicio directo, total, santo, a Dios, y no de cualquier manera ni inventado por hombre alguno, sino litúrgicamente según la manera que Dios mismo ha establecido desde siempre y que nadie tiene derecho de cambiar, manera en la cual la Iglesia la celebra desde los Apóstoles, y que bajo la luz del Espíritu Santo y sin cambiar nada de lo divinamente enseñado se fue aclarando y practicando para quedar definitivamente establecido en el citado Concilio de Trento. Por eso no es original de dicho Concilio, sino de Dios mismo desde la época de los Apóstoles.  Y este servicio litúrgico se realiza muy especialmente aunque no solamente en la Santa Misa, sino que se extiende a toda la actividad litúrgica que constantemente desarrolla la Iglesia, incluyendo el rezo de cada hora, o sea el Breviario, servicio a Dios, servicio a la Iglesia.

Y teniendo en cuenta así mismo lo anterior, es de esa misma manera que el Sacerdote realiza lo tercero, el servicio a los hombres en lo que se refiere a Dios.  Es a través de la correcta participación en la Liturgia, la participación y la recepción de los Sacramentos, la unión en la Oración litúrgica de los Sacerdotes como los seglares pueden llegar a Dios, y logran así dos aspectos esenciales de su propia vida: su propia inserción en Cristo para llegar a la santidad en el propio estado de vida, y al mismo tiempo su colaboración en el apostolado que ha de realizarse como Cuerpo Místico de Cristo.

En este punto conviene que recordemos la necesidad de evitar el doble error de secularizar al Clero y clericalizar al laicado.  Se seculariza al clero cuando los Sacerdotes asumen funciones que corresponden al laicado, como puede ser la labor de asistencia social, que aunque debe darse no es primordial en la vida y misión de la Iglesia, y le corresponde más bien al laicado orientado y animado por la Jerarquía, colaborando con las diversas instituciones que para ello debe tener la sociedad civil no sólo como asistencia de necesidades temporales sino como verdadera promoción temporal del ser humano hacia la plenitud temporal y eterna en Cristo.  Y se clericaliza al laicado cuando se le atribuyen funciones exclusivas del Sacerdote, especialmente en la Liturgia, que sí es primordial en la vida de la Iglesia, como puede ser la función de Lectores de la Palabra de Dios en la Santa Misa, función totalmente sacerdotal ya que es el Sacerdote, “Ipsus Christus”, quien es la voz de Dios que enseña, exhorta, fortalece a sus fieles.  Igualmente, siendo Cristo quien se entrega como Sacrificio y como Alimento, es exclusivamente el Sacerdote, insisto “Ipsus Christus”, quien con sus manos ungidas ha de tocar y entregar el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la distribución de la Sagrada Comunión.

Otro aspecto en el que considero que hoy día existe confusión es en lo que se refiere a la Catequesis, ya que nos encontramos con una gran deficiencia en la formación de los fieles en general ya que sabemos que en muchos lugares la catequesis es impartida por seglares de muy buena voluntad pero mal preparados para tal misión, que corresponde en primer lugar al Sacerdote, no al seglar, y en todo caso a seglares debidamente preparados, asesorados y constantemente acompañados por el Sacerdote, que repito sigue siendo el primer responsable, tal y como nos lo enseña San Pío X, en su Documento “Acerbo Nimis, II,7, al expresarlo magisterialmente declarando:   

  “II. EL DEBER PRIMORDIAL DEL SACERDOTE
7. Misión confiada a los pastores de almas.
Puesto que de la ignorancia de la religión proceden tantos y tan graves daños, y, por otra parte, son tan grandes la necesidad y utilidad de la formación religiosa, ya que, en vano sería esperar que nadie pueda cumplir las obligaciones de cristiano, si no las conoce; conviene averiguar hora a quién compete preservar a las almas de aquella perniciosa ignorancia e instruirlas en ciencia tan indispensable. -Lo cual, Venerables Hermanos, no ofrece dificultad alguna, porque ese gravísimo deber corresponde a los pastores de almas que, efectivamente, se hallan obligados por mandato del mismo Cristo a conocer y apacentar las ovejas, que les están encomendadas. Apacentar es, ante todo, adoctrinar: Os daré pastores según mi corazón, que os apacentarán con la ciencia y con la doctrina (Ier. 3, 15). Así hablaba Jeremías, inspirado por Dios. Y, por ello, decía también el apóstol San Pablo: No me envió Cristo a bautizar, sino a predicar (1 Cor. 1, 17) advirtiendo así que el principal ministerio de cuantos ejercen de alguna manera el gobierno de la Iglesia consiste en enseñar a los fieles en las cosas sagradas.

Muy queridos hermanos, que este Jueves Santo nos anime por tanto a continuar en el esfuerzo por vivir como verdaderos cristianos que “eucaristizados” por la acción sacerdotal de la Iglesia, somos capaces de instaurar el Reinado de Cristo en el corazón de la humanidad, en la familia, en la sociedad civil, en el campo político, en el campo educativo, en el campo económico, en el campo profesional, tanto a nivel nacional como internacional.

Y no nos olvidemos nunca de comprender a los Sacerdotes en su realidad misteriosa, humana y divina al mismo tiempo.  Oremos por todos los Sacerdotes para que real y plenamente seamos según el Corazón de Cristo, único Sumo y Eterno Sacerdote.  Y orando por las futuras vocaciones sacerdotales, promovámoslas, permítanme decirlo, incluso con más insistencia que el mismo matrimonio, porque hay muchos jóvenes que son llamados por el Señor, pero por el mundo tan materialista y egoísta que les rodea no descubren ese llamado, y vienen a vivir un matrimonio que no les permite encontrar su verdadera realización ni su felicidad temporal.  Muchos somos los escogidos por el Señor para vivir la felicidad eterna de la “Cruz Sacerdotal” para “completar lo que falta a la Pasión del Señor por el bien de su Cuerpo la Iglesia”  (cf. Colosenses 1:24-25).

Señor, danos Sacerdotes según tu Corazón capaces de aplicar a todos los que el Padre Celestial te ha dado los méritos de tu Sacrificio Redentor en la Santa Misa y toda la Liturgia diaria que algún día nos lleve a todos a participar de tu Liturgia Eterna y Celestial.  Amén. 


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

El fundamento de la Iglesia es la Tradición Apostólica

Domingo IV de Cuaresma


La Iglesia nace el día de Pentecostés
15 de Marzo de  2015

Gálatas 4:22-31;  Salmo 121: 1,7;
Salmo 124: 1-2;   San Juan 6: 1-15

Muy Queridos hermanos en Cristo Nuestro Señor:

Una vez más podemos comprobar que la Palabra de Dios no es una Palabra muerta, sino que es una Palabra que se hace Vida en la vida de la Iglesia fiel, en la vida de la única Iglesia fiel. 
Acabamos de escuchar lo que San Pablo dice en su carta a los Gálatas, sobre los dos hijos de Abraham, el hijo de la esclava y el hijo de la libre, y lo que da a entender San Pablo sobre estos dos hijos, sobre lo que representan, sobre lo que significan estos dos hijos de Abraham.  Es precisamente lo que está sucediendo hoy día.
Queridos hermanos con gran preocupación hemos ido comprobando que grandes sectores de la Iglesia en este momento son esclavos, grandes sectores de la Iglesia son esclavos de los errores doctrinales, grandes sectores de la Iglesia son esclavos de los errores morales, grandes sectores de la Iglesia incluso son esclavos de los errores litúrgicos que se vienen cometiendo ya desde hace años en muchos sectores de la Iglesia y lastimosamente en todas partes, no solamente aquí, en todas partes, errores doctrinales, morales, litúrgicos, por tanto errores que llevan al ser humano a vivir totalmente de espaldas a Dios, de espaldas al Señor y ojalá sólo de espaldas a Él, muchos muy directamente en contra de Dios, y muchos entonces queridos hermanos, están viviendo como cadáveres ambulantes, ya no viven, vegetan, no tienen vida en sí mismos, porque al no vivir la doctrina correcta, al no vivir la moral correcta, al no celebrar la Liturgia correcta no le dan a Dios lo que Dios merece y están cerrados a recibir de Dios lo que Dios quiere darles.  
¿Por qué vemos hoy tanta ignorancia en el pueblo?, porque no están abiertos a Dios, ¿por qué vemos tanta inmoralidad, tanta corrupción, tanta violencia?, porque están contra Dios,  ¿por qué vemos tantos débiles  espirituales, tantos fieles que están viviendo constantemente en una situación de pecado?, porque no viven realmente la liturgia que debe vivirse, y por supuesto se da otra situación que también la insinúa el Apóstol a los Gálatas, todos estos que viven así muchos de ellos persiguen a los que sí queremos vivir como hijos de la libre, persiguen a aquellos que queremos y hacemos el esfuerzo por vivir en la Verdad, por vivir en la auténtica doctrina, en la auténtica moral, por celebrar la verdadera y única Liturgia.
Queridos hermanos, muchos por eso se contentan con hacer oraciones en sus casas porque ya no encuentran vida en lo que la Iglesia está dando en muchos sectores, prefieren quedarse en sus casas y eso también es un error. 
Queridos hermanos, ¿de qué nos habla hoy el Señor  en el Evangelio?,  nos habla precisamente de la Liturgia, ¿por qué?  Porque se refiere a una de las multiplicaciones de los panes.  Jesús no le ofrece una fiesta a esa multitud, sino que únicamente le ofrece el alimento que necesitan para poder sobrevivir  y para poder fortalecerse y hacerle frente a la vida, no es un banquete, es un alimento sacrificial, o sea un signo profético de lo que Jesús va a hacer luego durante su Pasión, instituirá el Sacramento de la perpetuidad de su Sacrificio:  La Eucaristía, y quien no asista a la Eucaristía verdadera por más oración que haga, quien no asista a la Liturgia verdadera por más sacrificios que se imponga, por más esfuerzo que haga en la vida, si no asiste a la verdadera Misa, se debilita, y por eso tenemos tantos católicos que hoy día viven en pecado, y son víctimas de los engaños del mundo, que son víctimas de los errores doctrinales, que son víctimas de los errores morales y que se dejan engañar con las supuestas liturgias que no tienen nada de sacrificio, que no tienen nada de sagrado porque se celebran como si fuera una fiesta humana. 
Queridos hermanos, es absolutamente necesario vivir la Liturgia como tiene que ser, como fue prescrita por Dios mismo, esta Liturgia que estamos nosotros celebrando no viene del Concilio de Trento, esta Liturgia viene de Dios mismo, viene por tanto, desde los primeros tiempos de la Iglesia, viene desde los Apóstoles, es la verdadera Liturgia que estamos celebrando, no es la Liturgia ni de Trento, ni de Nicea, ni de Constantinopla, ni de Éfeso, ni del Vaticano I ni del Vaticano II, es la Liturgia que viene desde los Apóstoles, y es la única verdadera, y en esta Liturgia verdadera al participar en ella, como Sacrificio, y al unirnos con toda nuestra vida, con nuestras alegrías, con nuestras tristezas, con nuestros triunfos, con nuestros fracasos, con nuestra salud, con nuestra enfermedad, ¡al Sacrificio de Cristo!, al convertir toda nuestra vida en un sacrificio en Cristo Jesús, ahí sí le estamos dando Gloria a Dios, ahí sí estamos abiertos como la Santísima Virgen María a ser transformados por el Señor. 
Queridos hermanos, en la Santa Misa verdaderamente celebrada el Señor no se contenta con darnos algo de fortaleza, el Señor no se contenta con darnos algo de sabiduría, el Señor nos toma y nos transforma en El mismo, nos hace ser aquello que El expresa como uno de los anhelos de su Corazón al Padre Celestial en su Oración Sacerdotal: “¡Padre que todos los que Tú me has dado sean uno en nosotros como Tú y Yo somos uno!”  (cf. San Juan 17: 21-22), Jesús no se contenta con que vayamos con El ni siquiera se contenta con que vayamos detrás de El en el camino del Calvario, sino que Jesús se contenta cuando vamos en El, siendo uno en El por el camino del Calvario, y eso solamente lo logramos cuando con humildad nos postramos ante El para adorarle y para hacernos uno en El en su Sacrificio,  y luego toda nuestra vida concreta de cada  día, de cada hora, de cada minuto, la vivimos así, unidos a su Sacrificio, como fruto de haber participado del Altar del Sacrificio. 
Y ahí entonces, siendo uno en El, entonces sí tendremos la sabiduría que Él quiere darnos a cada uno, tendremos la prudencia que Él quiere darle a cada uno, tendremos la fortaleza que Él quiere darle a cada uno para que vivamos en santidad, y viviendo en santidad, seamos también sus testigos ante el mundo, testigos dispuestos a todo, dispuestos a olvidarnos de nosotros mismos, para vivir en Cristo y por Cristo, testigos incluso dispuestos a perderlo todo antes que perder a Jesús, testigos dispuestos incluso a vivir el martirio si fuera necesario confesando a Cristo, y no crean queridos hermanos  que dar la vida por cuestiones políticas o por cuestiones sociales eso sea martirio, eso no es martirio, dar la vida por cuestiones sociales, por justicia social, eso no es martirio, martirio sólo  es dar la vida por Cristo, o servir a Cristo  con la propia vida,  hasta dar la vida, gastarse y desgastarse por llevar a otros también a conocer a Jesús y a vivir en Cristo, porque no es suficiente vivir en Cristo; además es necesario también gastarse y desgastarse para lograr implantar el Reino de Cristo en el corazón de la humanidad;  por eso fue que Jesús alimentó a esa multitud para fortalecerles,  porque tenían que seguir el camino de la vida y la vida no es fiesta, la vida es cruz, no nos engañemos, no permitamos que esas doctrinas equivocadas del mundo nos engañe, muy fácil decirle al mundo:  “¡no!,  ya todo está solucionado”, muy fácil engañar al pueblo costarricense que está con los ojos cerrados y con los oídos tapados, que no se dan cuenta de la verdad, muy fácil decirle:  Todo es fiesta, todo está ya solucionado, vayan a los salones de baile, vayan a los prostíbulos,  vayan a las discotecas, vayan a los estadios cuando lleguen los cantantes satánicos, vayan, muy fácil decirles eso, muy fácil decirles vayan a las cantinas malditas, muy fácil decirle al católico, usted puede fumar, puede envenenar su mente con el tabaco maldito, no importa que no haga oración. 
Queridos  hermanos muy fácil presentar las cosas color de rosa, pero presentar ante el mundo al Crucificado, presentar ante el mundo al Cristo Victimado en el Sacrificio del Altar, Victimado que se encierra en el Sagrario, eso no es fácil, y por eso se oculta; queridos hermanos,  Cristo instituyó la Eucaristía para perpetuar su Sacrificio y hacernos a nosotros uno en su Sacrificio.  Por eso queridos hermanos, la Santa Misa hay que vivirla así y así hay que proyectarla a la vida, solamente así llegaremos al Reino Eterno, no nos dejemos engañar, no seamos hijos de la esclava, seamos hijos de la libre, no seamos hijos de la engañada, seamos hijos de la libre, ¿y a quién me refiero al decir la “engañada”?,  me refiero a todos esos sectores de nuestra única y verdadera Iglesia que viven engañados por el mundo, seamos hijos de la libre, y la libre es la verdadera Iglesia Católica, que no vive la fiesta del mundo, sino que vive la Cruz de Cristo.
Y bendito sea el Señor que se nos viene dando esta claridad en la verdad, se nos viene dando en este tiempo de Cuaresma, previo a celebrar la Semana Santa.  Hay un folleto que se titula  “Semana Santa, es “semana de playa o es semana de luto”, yo le cambiaría un poquito el título, y le pondría la “Semana Santa, semana de vacaciones o semana de cruz”.  No nos dejemos engañar, no participemos durante esta próxima Semana Santa en absolutamente nada que sea de mundo, vivamos la Semana Santa en y desde la Liturgia correctamente celebrada para implantar el Reino de Cristo en el Corazón de la humanidad, habiéndolo implantado primero en nosotros mismos.   
¡Que nos invitan a ir a la playa, porque ahí cerquita de la playa hay una iglesita, y en la iglesita vamos a poder participar de la liturgia de Semana Santa!, hermanos, eso es pura hipocresía, ¡que nos invitan a ir a la montaña porque cerquita de la montaña hay un pueblito donde hay una iglesita y en esa iglesita van a celebrar los oficios de Semana Santa y podemos entonces ahí descansar en la montaña!, qué bonito descansar en la montaña, mientras Cristo está viviendo su Pasión. No seamos hipócritas, permanezcamos en nuestros lugares de vivienda y busquemos donde se celebre la Semana Santa como tiene que ser para que realmente podamos entonces dejarnos transformar en Cristo Jesús y seamos sus testigos en el resto de nuestras vidas, sea que después de Semana Santa vivamos solo un día, o sea una semana, o un mes, un  año, 5 años, 20 años o que vivamos 50 años más, no importa, sea cuanto sea lo que dure nuestra vida después de Semana Santa, que sea una vida de auténticos discípulos de Cristo, porque vivimos en el Corazón Victimado, en el Corazón traspasado de Cristo y desde El irradiamos la Verdad de Cristo para el mundo.  Así sea.


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

En la Cruz de Jesús está la fuerza contra la tentación

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
22 de Febrero de 2015
II Corintios 6: 1-10; Salmo 90:11-12;
Salmo 90:1-7, 11-16;  San Mateo 4:1-11

Muy queridos hermanos en el Señor: 

¿Qué nos presenta el Señor en este primer Domingo de Cuaresma?:  Nos presenta la realidad que vivimos, pero que es una realidad sumamente compleja, una realidad en la cual somos nosotros por así decirlo objeto de muchas pruebas, y de muchas tentaciones; si hay alguien que dijera que nunca tiene tentaciones sería un soberbio que se estaría engañando a sí mismo y a quienes le crean, porque no hay ningún ser humano que no tenga tentaciones.  

Pero veamos ahora el caso concreto de Cristo Nuestro Señor, ¿por qué tuvo tentaciones Cristo Nuestro Señor?, ¿porque Él era tan pecador como cualquier ser humano?   ¡Por supuesto que no!, todos los seres humanos estamos enfrentados a la tentación porque el pecado original nos hirió y con él venimos todos cuando nacemos y esa herida nos ha debilitado y por tanto nos viene constantemente la tentación.  Pero Cristo Nuestro Señor es Dios, es impecable, Él no puede pecar, y por tanto ¿cómo se le presentó la tentación?, este hecho ya, este sólo hecho, es una prueba fehaciente sobre la existencia real del demonio, a Cristo la tentación no le pudo llegar de sí mismo, otro tuvo que presentarle la tentación.  Y quiero insistir en esta realidad, queridos hermanos,  ¿por qué?   Porque hoy día en el mundo materialista y ateo, en medio del cual estamos viviendo se niega la existencia del demonio, como se niegan todas las realidades sobrenaturales, todo lo que es sobrenatural se niega hoy día, muchas veces incluso se presenta a Cristo Nuestro Señor, como si fuera solamente  una representación filosófica del bien, en contra de otra representación filosófica del mal, que en ese caso sería el demonio, precisamente, y no son representaciones  filosóficas.  Cristo es verdaderamente Persona, es la segunda Persona de la Santísima Trinidad que en  el Seno de María Santísima toma nuestra naturaleza  sin dejar de ser Dios, se hace Hombre, es Persona; y el demonio creado por Dios en un primer momento como Ángel pero que después se revela contra Dios y por eso pasa a ser el demonio y es espíritu pero es persona y es real, y eso es importante hoy, queridos hermanos, que reafirmemos también la existencia del demonio como realidad personal, ciertamente espiritual, no corporal, no tiene rabo, ni alas, como lo pintan, porque es espíritu, pero es real y es tan real, queridos hermanos, que muchas veces podríamos llegar a experimentar su presencia; yo como Sacerdote lo he experimentado en algunos casos en los que he tenido que hacer el exorcismo, por supuesto con la delegación correspondiente del Obispo que me ha delegado, he hecho algunos exorcismos, y en algunos otras situaciones sacramentales, he experimentado la presencia del demonio que ha atacado a fieles a quienes estoy atendiendo en otros sacramentos los ha atacado el demonio, tratando de dañarlos, pero ahí ha venido la protección de Dios sobre esas personas, porque como nos lo insiste también precisamente la Liturgia de hoy en el Tracto, por ejemplo que acabo de leer en latín, ahí se insiste muchísimo en que Dios nos protege, que Dios nos auxilia.

Pero queridos hermanos ahí viene entonces otra realidad:  Si Dios nos auxilia contra los ataques del demonio, eso no quiere decir que podamos nosotros tranquilizarnos y dejarnos también engañar por otra mentira que hoy día abunda en el mundo… ¿cuál es esa mentira?, Cristo ya murió por nosotros en la Cruz, ya estamos salvados, ya podemos tener la vida que queramos, podemos darnos todos los lujos y todos los placeres, y todos los gustos que queramos, podemos vivir a nuestro capricho, porque  al fin y al cabo como Cristo ya nos salvó, y Dios es infinitamente misericordioso, ya nadie se va a condenar, y eso está muy unido a otra mentira que hoy día también abunda, la mentira de que el infierno no existe.  Queridos hermanos, el demonio sí existe, es real, es personal, y el infierno existe, es una realidad espiritual, como es una realidad espiritual también el Purgatorio, como es una realidad espiritual el Cielo.  Queridos hermanos, no podemos dejarnos engañar por todo esto, la vida del cristiano sobre la tierra, no es una vida de placeres, y algo en lo que hoy día insisten mucho: alégrense, vivan alegres, vivan contentos, ya Cristo nos salvó y Dios es infinitamente misericordioso, ya no es necesario hacer ningún esfuerzo. 

¿Por qué Cristo Nuestro Señor se sometió a las tentaciones?, porque Cristo Nuestro Señor, pudo haberle dicho al demonio: vete de aquí, desde el principio, desde el primer momento que se le presentó pidiéndole que convirtiera las piedras en pan, Cristo le hubiera dicho vete de aquí, pero Cristo le hizo frente a las tentaciones para enseñarnos que nosotros también tenemos que hacerle frente al demonio cuando él nos tienta. 

Ciertamente queridos hermanos, la tentación no se nos va a presentar a nosotros como algo feo a nuestra vista, sino que el demonio muy astuto va a actuar a través de lo que podríamos llamar sus instrumentos:  El mundo, con todos sus vicios, con todos sus placeres, la carne;  el mundo, el demonio y la carne, son los tres enemigos del ser humano, el demonio es nuestro enemigo  y el mundo, placeres, vicios, egoísmo, materialismo, relativismo; y la carne, ¿qué significa la carne?  ¿Es acaso la carne que se consume como alimento?, no, cuando decimos que la carne es enemiga del ser humano, nos estamos refiriendo a las pasiones desbocadas del ser humano, ¿pasiones cómo cuáles?, pasiones como la soberbia, lo que podríamos llamar el orgullo, el orgullo es necesario en el ser humano, porque una persona que no tiene cierto grado de orgullo, le  va a pasar lo que le está pasando hoy día a muchísimos en el mundo, especialmente en nuestros países de Latinoamérica: tienen una  estima bajísima de sí mismos y llegan entonces a creer que no son capaces de nada y viven en la miseria, por propio descuido, viven como vagabundos pidiendo limosna cuando perfectamente podrían poner en ejercicio sus cualidades, sus aptitudes, y trabajar y ver por su propia vida, tienen una autoestima bajísima, y eso también es pecado, es tener un orgullo totalmente por tierra; como lo contrario, el orgullo que se sube demasiado, entonces  llega a ser la soberbia que se creen omnipotentes y es otra tentación, y es la que el demonio trató de ponerle al Señor cuando le subió a un monte y le mostró todos los reinos del mundo, “si te postras delante de mí y me adoras, te daré todo el mundo”; y es lo que le sucede a muchos que permiten que la soberbia se les suba a la cabeza y entonces es el afán de poder, poder a través de las armas, poder a través del dinero, poder a través de la política mal orientada, convertida en politiquería; queridos hermanos no podemos continuar dejándonos llevar por las tentaciones, tenemos que hacerle frente a las tentaciones. 

Otra tentación muy común:  La  indiferencia y la ignorancia religiosas, lo que dije hace un momento de la soberbia y el  materialismo igual que esto de la indiferencia y la ignorancia religiosa, ya lo había comentado un poquito el Miércoles de Ceniza recién pasado, y lo vuelvo a mencionar con toda la fuerza del caso porque es algo que hoy día está matando la vida cristiana en todo el mundo, pero especialmente en nuestros Países de Latino América; en Costa Rica hace unos cuantos lustros se decía que Costa Rica tenía el más bajo analfabetismo, si en ese tiempo se decía que en Costa Rica había un 3% de analfabetismo, yo me atrevería a decir que en Costa Rica hay un 75% de analfabetismo, muchos costarricenses saben leer, pero no saben leer, saben la técnica pero no saben entender lo que leen, escuchan pero no entienden lo que escuchan,  es un analfabetismo sobre todo intelectual, no es un analfabetismo mecánico, es intelectual, moral y espiritual, y muchos costarricenses no hacen el esfuerzo necesario para salir de ese analfabetismo espiritual, de ese analfabetismo religioso, y convierten esa indiferencia religiosa, incluso muchas veces hasta en chiste, cuando se les habla del demonio, se ríen, cuando se les habla del infierno se ríen, creen que uno les está hablando en chiste. 

Es necesario, hermanos, contemplar a Cristo en el desierto siendo tentado por el demonio, ¿para qué?, para reconocer que  también nosotros somos tentados por el demonio, que también nosotros somos tentados por nuestras pasiones que muchas veces tienden a desbocarse, como la soberbia,  la pasión de la reproducción, el ser humano tiende a reproducirse, y es una pasión que Dios mismo pone en el ser humano, porque si el ser humano no se reproduce, el género humano desaparecería, pero esa pasión de la reproducción tiene que ser dominada, tiene que ser correctamente orientada, no realizada fuera del matrimonio, no realizada en la calle, no con cualquiera, no realizada en concubinato, no realizada en fornicación, no realizada en adulterio, sino en la santidad del matrimonio, es el único lugar donde se debe realizar la pasión de la reproducción y tampoco dentro del matrimonio de cualquier manera, la pasión sexual no se puede realizar ni siquiera dentro del matrimonio con las orientaciones de un mundo pagano, de un mundo materialista, de un mundo dominado precisamente por el demonio, la pasión sexual dentro del matrimonio tiene que ser en santidad, en pureza.  Hermanos tenemos que formarnos correctamente, tenemos que salir de esa ignorancia religiosa. 

Hay otra pasión, la pasión de la alimentación, pero si esta pasión de la alimentación se desboca algunos pueden caer incluso en la bulimia, en la anorexia, o por el contrario, caerán en la gula, son los extremos los que nos llevan al pecado, hay que alimentarse, una persona que no se alimenta correctamente, peca contra el quinto mandamiento, pero una persona que come exageradamente peca también contra el  quinto mandamiento.

Tenemos que conocer nuestras propias pasiones para orientarlas correctamente, y tenemos que saber que el demonio está a nuestro alrededor intentando poner tentaciones a cada rato, por eso el apóstol Pedro dirá en una de sus cartas en la Sagrada Escritura:  “El demonio como león rugiente os rodea para devoraros” (cf. I Pedro 5:8),  tenemos que estar muy atentos, vigilantes;  el mismo Jesús en otro lugar del Evangelio nos dice:  “Estad atentos y vigilad, porque la carne es flaca” (cf. Mateo 26:41), la carne es débil y si nos descuidamos , si descuidamos la oración personal diaria, si descuidamos la frecuencia de la Santa Misa, el Sacrificio de Cristo, y si pretendemos continuar asistiendo a Misas que se celebran como si fueran un banquete, vamos a continuar debilitándonos, si queremos fortalecernos tenemos que asistir solamente a las Misas que se celebran como Sacrificio de Cristo, y si queremos verdaderamente fortalecernos, no debemos participar en misas donde el Sacerdote pretende ocupar el lugar de la presidencia de la asamblea, la Santa Misa no es ninguna asamblea presidida por el Sacerdote, la Santa Misa es el acto de Cristo y es Cristo quien preside su Sacrificio propio, in Persona Christi a través del Sacerdote, no busquemos misas que sean banquetes, no busquemos misas que sean presididas por un Sacerdote, busquemos Misas en las cuales el Sacerdote In Persona Christi, permite que sea Cristo quien celebra el Sacrificio. 

Queridos hermanos el demonio actúa a través del mundo, y ese mundo pagano, ese mundo dominado por Satanás se ha infiltrado en la Iglesia cambiando la Liturgia por actos puramente humanos y es una tentación que tienen todos los cristianos hoy día.  Tenemos que salir de la ignorancia litúrgica, de la ignorancia religiosa, de la ignorancia moral, de la ignorancia teológica, y tenemos que meternos en el Misterio de Dios, con humildad, pero también con valentía, haciéndole frente a las tentaciones, haciéndole frente al demonio, yo estoy sumarísimo de que el demonio en este momento está aquí, muy cerca, y está furioso, especialmente en contra mía, pero no me puede hacer nada, porque estoy actuando in persona Christi.  ¡Padre! ¡qué miedo mencionar al demonio!, es otra tentación, el demonio es muy astuto, a unos los engaña haciéndoles creer que no existe, a otros les engaña haciéndoles creer  que tiene un inmenso poder... ¡Sólo Dios es Omnipotente!

No nos dejemos engañar por los criterios del mundo, vivamos los criterios de Cristo que podemos sintetizar en una sola palabra, Cruz, en la Cruz encontraremos los verdaderos criterios de Cristo.  Esta vida del ser humano, esta vida en esta tierra es cruz, quien pretenda vivir en esta tierra sin cruz, se está condenando a sí mismo, quien acepte vivir la vida cristiana como cruz se salvará, pero una cruz unida a la Cruz de Cristo nuestro Señor. 

Por eso queridos hermanos que esta Cuaresma que hoy comenzamos sea un esfuerzo verdadero por renovar, por convertir nuestra vida.  Muchas veces oímos hablar del término conversión, y lo vemos solamente como apartarnos del pecado que reina en el mundo, pero una verdadera conversión, además de apartarse del pecado que reina en el mundo, conlleva también apartarse de las filosofías y de los criterios del mundo, apartarse de las falsas teologías, apartarse de los falsos credos, solamente en la Iglesia Católica hay salvación, fuera de la Iglesia Católica no hay salvación, si los judíos no se convierten no se salvan, si los musulmanes no se convierten a Cristo no se salvan, si los hindúes no se convierten a Cristo no se salvan, y si los católicos no se convierten al verdadero catolicismo, si los católicos no abandonan ese falso catolicismo, si los católicos no abandonan las supuestas teologías, especialmente la teología de la liberación, la masonería y un cristianismo de acuerdo con todo lo que hay en el mundo y no comienzan a vivir el catolicismo de la Cruz no se salvan, no por el mero hecho de llamarnos católicos estamos salvados, el católico tiene que vivir la Cruz de Cristo, tiene que enfrentar la realidad del mundo, tiene que enfrentar la realidad del demonio, tiene que enfrentar la realidad de sus propias pasiones para poder salvarse.

Que en esta Eucaristía por tanto, queridos hermanos, el Señor nos conceda a todos el poder vivir en su Cruz, para poder recibir de Él y sólo de Él, la sabiduría que necesitamos, la prudencia que necesitamos, la fortaleza que necesitamos,  la constancia que necesitamos,  para vivir según la Santísima Voluntad de Dios en los criterios de Cristo, así podremos implantar el Reino de Cristo en el tiempo para la eternidad.  Así sea.


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.