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EL MAS GRANDE MISTERIO DE NUESTRA FE

SOLEMNIDAD DE LA SANTISIMA TRINIDAD
                           (Primero después de Pentecostés)

15 de Junio de 2014
Romanos 11: 33-36;  Daniel 3: 55-56, 52
San Mateo 28: 18-20


Adorando a la Santísima Trinidad fortalecemos la fe
Muy queridos hermanos en Cristo Jesús:

Con gran gozo celebramos hoy el más grande Misterio de nuestra Fe:  el Misterio de la Santísima Trinidad… El Misterio de un solo Dios en Tres Divinas Personas, Trinidad de Personas en una sola Esencia Divina.  Y siempre hemos insistido precisamente en que lo más profundo de todo este misterio es precisamente lo , que me permito llamar el “Núcleo de la Esencia Divina: el Amor Divino”, que hace que Dios sea en una sola Naturaleza Padre, Hijo y Espíritu Santo, en su totalidad, desde toda eternidad hasta toda eternidad.  Realmente un Misterio insondable, incomprensible para la pequeñez de la mente humana, pero en el cual sí podemos sumergirnos.  Y vuelvo a citar el ejemplo que siempre he mencionado:  si a una persona le ponemos unos cincuenta mil vaso de agua en una mesa y le pedimos que se los tome de inmediato, lógicamente nos dirá que no le es posible, pero si entonces derramamos toda esa agua en una piscina, y le pedimos que se sumerja en la misma, de inmediato podrá hacerlo.  De la misma manera, jamás podremos meter en nuestra inteligencia el Misterio de la Santísima Trinidad, pero sí podremos sumergirnos en ÉL, siempre y cuando lo hagamos en un acto de sincera humildad, valentía y apertura a su Acción Transformante y Santificante.

Pero considerando que por muchos años nos hemos centrado en lo anterior, hoy, ante la realidad tan compleja de una sociedad que pretende vivir lejos de Dios, y muchas veces contra Dios, contra Jesús Hostia, intentando incluso tergiversar la acción del Espíritu Santo, debemos tratar de profundizar en otros aspectos de esa Divina Esencia Trinitaria, para así fortalecer la experiencia viva y constante de nuestra Fe, tanto a nivel personal, como a nivel familiar y eclesial, para poder hacer frente, con Fe, Esperanza, Caridad, Pureza, Sabiduría, Prudencia, Fortaleza, Perseverancia, a la realidad de una real persecución contra Cristo y los suyos que ya se siente en todo el mundo y que en lugar de disminuir ira en aumento, muy fuerte y sutil pues está infiltrada en la misma Iglesia.

Por tanto debo referirme a varios de los Atributos de la Santísima Trinidad.  En primer lugar,  Dios Uno y Trino es Vida en Plenitud, sólo ÉL es Vida en Sí Mismo, y toda la creación existe, y el ser humano existe y tiene vida porque ÉL es el Creador y ÉL mismo nos mantiene en el ser. 

En segundo lugar, Dios Uno y Trino es la Verdad Infinita.  Sólo ÉL es la Verdad, todo lo demás, todo lo creado y nosotros los humanos no tenemos más que una partecita pequeñita de verdad, que podemos mantener siempre y cuando nos mantengamos en humilde y consciente dependencia de Dios Uno y Trino.  Y sólo así podremos superar las divisiones que existen en medio de la humanidad, para llegar algún día a vivir en franca fraternidad fundamentada necesariamente en la Fe, la Esperanza y la Caridad.

En tercer lugar, Dios Uno y Trino es Misericordia.  Y por eso nuestra relación con ÉL no debe ser de miedo, de temor servil, sino de confianza filial, como redimidos por ÉL mismo en Cristo Nuestro Señor.

Y en cuarto lugar, Dios Uno y Trino es Justo.  ÉL, en su Divina Providencia, le da a cada uno lo que cada uno en realidad necesita y merece, además de que, como dice la Sagrada Palabra,  Dios Uno y Trino, por esa Justicia y Misericordia, es “celoso de su Gloria”.  (Cf. Números 14: 21-25).  A quien merece premio, le recompensa; a quien merece castigo, azota para corrección, como Padre Amoroso. “Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor y no desmayes reprendido por ÉL; porque el Señor, a quien ama, reprende, y azota a todo el que recibe por hijo.”  (Hebreos 12: 5-6)

Por tanto, muy queridos hermanos, podríamos sacar de todo lo anterior muchas conclusiones.  Pero considero que debemos centrarnos en una sola, sumamente necesaria y urgente en el momento histórico que vivimos:  a Dios uno y Trino debemos adorarle, amarle, servirle con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro ser, y no sólo de vez en cuando, no sólo una vez por semana, sino siempre, constantemente, y no sólo en privado, sino también en público, en lo personal, en lo familiar, en lo eclesial, en lo educativo, en lo político.  Y ello ha de tener lógicamente el fruto importante de la aceptación humilde y gozosa del cumplimiento de su Santísima Voluntad en la vida de cada uno y a través nuestro en la Iglesia y en la sociedad.  Dios Uno y Trino debe reinar en el tiempo y en la eternidad, en donde vivimos  y en el universo.  Sólo así, cumpliendo el Primer Mandamiento, podremos cumplir el Segundo.  Quien pretende cumplir sólo el primero, se equivoca, quien pretende cumplir sólo el segundo, se engaña.  Los dos mandamientos están indisolublemente, divinamente, cristianamente  unidos.  Adoremos a Dios Uno y Trino y seámosle fieles. 
  
“¡Domine, Dominus noster,
quam admirabile est nomen tuum
in universa terra!
Quoniam elevata
est magnificentia tua super caelos.”
(Ps. 8: 2)

"¡Señor, Señor nuestro, 
cuán admirable es tu Nombre 
en toda la tierra!
Cuán grande es tu 
magnificencia sobre los Cielos"  
(Salmo 8:2)  

Pbro. José Pablo de Jesús Tamayo Rodríguez, o.c.e.


ACCION DEL ESPIRITU SANTO


Domingo Solemne
De Pentecostés

8 de Junio de 2014
Hechos de los Apóstoles 2:1-11;  Salmo 103: 30;
San Juan 14: 23-31


Muy queridos hermanos en Cristo Jesús:

Nos decía hace un momento Nuestro Señor:  “…el Abogado, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése os lo enseñará todo y os traerá a la memoria cuanto Yo os he dicho”  (Jn. 14: 26).
Y algunas de las cosas que Jesús nos ha dicho son:
“Yo soy el Camino, la Verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”  (Jn. 14: 6); así como también:
“Yo soy la vid.  Vosotros los sarmientos.  El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada.”  (Jn. 15:5).

Consiguientemente, una primera conclusión en esta Solemnidad de Pentecostés:  Jesús es absolutamente necesario, la experiencia personal, y eclesial, de Jesús es absolutamente necesaria y urgente en toda la Iglesia, en todo el mundo.

Pero nos dirá también muy certeramente el Apóstol San Pablo:  “Os hago saber que nadie, hablando en el Espíritu de Dios, puede decir:  “Anatema sea Jesús”, y nadie puede decir:  “Jesús es el Señor” sino en el Espíritu Santo”  (I Cor. 12:3)

Por lo tanto, queridos hermanos, debemos vivir constantemente tres actitudes en nuestra relación con el Espíritu Santo:  la primera, reconociendo que ÉL es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, hemos de adorarle igual que al Padre y al Hijo.  En segundo lugar debemos invocarle diariamente para que ÉL nos ilumine y nos fortalezca en la diaria experiencia del Misterio de Jesús, Dios y Hombre, Salvador y Señor de la historia y del universo, Único absolutamente necesario y urgente Rey en el corazón del ser humano.
Y por último, la tercera actitud en relación con el Espíritu Santo ha de ser nuestra  constante, humilde y decidida apertura a sus mociones, para, como también nos ha dicho Jesús mismo, amarle y guardar su palabra, su doctrina de verdad y de vida.

Así cumpliremos lo que también nos recordaba en pasados días S.S. el Papa Francisco: ser fieles a Jesús, que debe ser nuestro “primer amor”, y no simples miembros y/o funcionarios de una “ONG llamada Iglesia”.  Y por ello he de terminar  con aquella advertencia fuerte y amorosa del Espíritu del Señor a la Iglesia de Éfeso:  “…Conozco tus obras, tus trabajos, tu paciencia, y que no puedes tolerar a los malos, y que has probado a los que se dicen apóstoles, pero no lo son, y los hallaste mentirosos, y tienes paciencia, y sufriste por mi nombre sin desfallecer.  Pero tengo contra ti que dejaste tu primera caridad.  Considera, pues, de dónde has caído, y arrepiéntete, y practica las obras primeras;  si no, vendré a ti y removeré tu candelero de su lugar si no te arrepientes.”  (Apoc. 2: 2-5)


Pbro. José Pablo de Jesús Tamayo Rodríguez, o.c.e.  

Hacia la Oración Oblativa

DOMINGO DESPUÉS DE
LA ASCENSIÓN


1° de Junio de 2014
I San Pedro 4: 7-11;  Salmo 46: 9;
San Juan 14: 18; 15: 26-27; 16: 1-4


                  Muy queridos hermanos en Cristo Jesús:

Una insistencia sumamente impulsora, fuerte y clara nos transmite hoy el  Señor en su Palabra.  Digo insistencia porque no es la primera vez, ni será la última, en que el Señor de una u otra forma nos recuerda la absoluta dependencia del ser humano en relación con Dios, y la consiguiente necesidad de acudir continuamente a ÉL, especialmente, directamente por la oración, ya que la misma es la fuente más directa para participar de su Verdad, de su Sabiduría, de su Prudencia, de su Fortaleza, de su Amor, de su Vida misma.

Y por ello insistamos:  No nos referimos a una piedad popular, muchas veces desorientada especialmente en Latino América, alejada de una verdadera vida cristiana y que muchas veces llega a convertirse en prácticas supersticiosas, alejada por lo mismo de la necesaria vida litúrgica.  

Nos referimos a una verdadera vida de oración, que nos permite no sólo tener una relación filial con Dios, una relación de dependencia, una relación de total apertura a su Gracia de conversión, gracia de purificación, gracia de desapego, gracia de muerte a uno mismo, gracia transformante, gracia hostificante, gracia oblativa, gracia victimal.

Lo anterior requiere que recordemos tres aspectos importantes de la oración:  cuándo orar, dónde orar, cómo orar.

¿Cuándo debemos orar?  Muy queridos hermanos, no nos dejemos engañar por la mentira de que todos nuestros actos son oración, que cuando barremos oramos, que cuando estudiamos oramos, que cuando conducimos un vehículo oramos, que cuando ejercemos un oficio oramos, que cuando conversamos con alguien o damos orientación oramos.  Todo eso, aunque pueden ser buenos,  no son más que actos puramente humanos, en los cuales Dios Nuestro Señor o no interviene para nada, o pasa a un último lugar de importancia o es incluso manipulado como un sirviente del ser humano, no es oración, aun reconociendo que debemos ofrecerlo al Señor.
Debemos tener momentos específicos, exclusivos para Dios, momentos en los cuales entramos en la más absoluta intimidad con ÉL, momentos en los cuáles no debiéramos permitir el ser interrumpidos por nada ni por nadie. 

Ciertamente debemos orar frecuentemente durante todo el día, al principio de cada acto, en medio de cada acto, al final de cada acto, cada hora “acordándonos de que vivimos en la Santa Presencia de Dios”, práctica preciosa establecida en los Colegios de los Hermanos De La Salle.  Pero eso no es suficiente, eso más bien debe ser un fruto del momento principal del día dedicado a la absoluta intimidad con el Señor, nuestra Oración personal diaria en horas de la madrugada, como lo hemos insistido constantemente, y lo insistiremos cuando se imparta el Curso sobre la Oración Oblativa.

En segundo lugar, ¿dónde orar?  Ciertamente debemos cuidarnos de otra verdad relativa que se nos dice que debemos orar en todas partes, lo cual es cierto pero puede llevar a equivocaciones fatales, y a caer en una oración muy superficial.  Debemos orar en aquellos lugares que realmente nos permiten entrar en la verdadera experiencia de Cristo Nuestro Señor, como ya lo decíamos en una auténtica intimidad, en una auténtica, humilde y valiente apertura a la Gracia, total apertura a las luces y mociones del Espíritu Santo.  ¿Y cuáles pueden ser esos lugares?  El Señor lo dice en otro lugar del Evangelio:  “tú, cuando ores, entra en tu cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará”  (San Mateo 6: 6).  O sea, en la intimidad de una capillita que se puede tener en la casa, y si no se tuviera, en la intimidad de la propia habitación en la que se puede tener, en lugar de un aparato de televisión, un altarcito que ayude a centrarse en el Señor.  Pero el lugar ideal para orar es, por supuesto, el lugar escogido directamente por el Señor, o sea el templo, ante su Santísima Presencia Eucarística, ya que es ahí en donde cada uno puede llegar a experimentar realmente al Señor que no sólo hablará sino que actuará, purificará y transformará con la fuerza de su verdad y su amor el alma de quien se postre en adoración, contemplación y desagravio ante su Divina Presencia.

Y en tercer lugar ¿cómo orar?  En este punto podríamos decir muchísimo, tendría que ser todo un curso sobre Oración, pero señalaré sólo algunas características que debe tener una verdadera oración: adoración, humildad, confianza, contemplación, disciplina, obediencia al director espiritual, disposición de vivir lo que el Señor comunique durante la oración.  Y para terminar voy a insistir en la gran ayuda que es el proyectar la oración a todo el día con aquello sobre lo cual continuaré insistiendo cuanto sea necesario para la Gloria del Señor y santificación de cada uno y de todos: las Jaculatorias, “Dardos de Amor”, con que nos unimos inseparablemente a Jesús Hostia, hasta llegar a dar el fruto anhelado por ÉL mismo: nuestra propia hostificación, y si así nos lo inspira y pide el Señor mismo, nuestra Oblación en su Sacrificio Perpetuo del Altar, o incluso otro grado más en el proceso del cual venimos hablando desde hace meses, y que en su debido momento lo trataremos sea en estas predicaciones, sea en la dirección personal a cada uno en particular.

Queridos hermanos y hermanas, oremos de verdad, sin egocentrismos de ninguna clase, en profunda correspondencia de fidelidad y amor a Aquel que tanto nos ha amado que se sigue entregando en desde el Sagrario, en y desde el Altar.  Oremos, oremos, oremos, oremos, oremos, oremos, oremos…

“¡Jesús, por Tu Espíritu soy hostia!”
   “¡Jesús, por Tu Espíritu soy hostia!”
      “¡Jesús, por Tu Espíritu soy hostia!”
         “¡Jesús, por Tu Espíritu soy hostia!”
            “¡Jesús, por Tu Espíritu soy hostia!”
               “¡Jesús, por Tu Espíritu soy hostia!”
                     “¡Jesús, por Tu Espíritu soy hostia!”…



Pbro. José Pablo de Jesús Tamayo Rodríguez, o.c.e.

Actualidad de San Felipe Neri



FIESTA DE SAN FELIPE NERI

26 de Mayo de 2014
Sabiduría 7: 7-14;  Lamentaciones 1: 13;
Salmo 38: 4;  San Lucas 12: 35-40



Su pecho ardìa de amor al Señor
Muy queridos hermanos en Cristo Jesús:

Hay algo que hay que reconocer en este momento: el hecho de llegar a un año más de vida nos permite ponernos ante Dios. Nos permite ponernos ante Dios con tres actitudes, no las únicas pero creo que en este momento deben tener importancia en nuestra vida. Una primera actitud de agradecimiento a Dios porque ciertamente el Don de la vida es uno de los dones más grandes que Dios le da a todo ser humano sin diferencia de ninguna clase. ¡Tenemos que agradecer al Señor!... y sería muy ingrato el ser humano que en un día de cumpleaños no le dé gracias a Dios, públicamente, es un soberbio quien no da gracias, yo creo que es parte de la verdad, y es parte de la sinceridad, es parte de la humildad, es parte de la valentía, el saber ser agradecido muy especialmente con Dios nuestro Señor, ÉL es el dador de la vida. Y por eso les pido a ustedes también que me ayuden en esa oración de agradecimiento a Dios.

Un segundo aspecto hay que pedir perdón porque a lo largo de tantos años, ¡que se me han pasado casi que volando! tengo que reconocer como ser humano he podido cometer errores y tengo que pedir perdón a Dios Nuestro Señor, y perdón también aquellos a quienes haya podido molestar y ofender!,  por eso también me ayudan ustedes a pedirle perdón a Dios.

Y un tercer aspecto, también sumamente importante, que tiene que ver no solamente con el presente sino también con el futuro y no sólo con el futuro temporal sino también con el futuro eterno:  y es que si Dios nos da la vida y si Dios me ha dado a mí la vida es porque Dios quiere una misión, Dios quiere que yo cumpla una misión, Dios quiere que cada uno en su vida cumpla una misión, y por tanto tenemos que vivir un auténtico compromiso.  Compromiso de correspondencia, compromiso de amor, compromiso de fidelidad para con ese Dios que tanto nos ama y que nos ha comunicado ese amor infinito única, total, exclusivamente en Cristo Jesús.

Por tanto una oración que ya no solamente vea el pasado, sino que es una oración que tiene que ver al presente y al futuro; oración que no es de petición sino que es una oración que a imitación de la oración que hace la Santísima Virgen María es una oración de ¡Fiat!  ¡Hágase! ¡cúmplase tu Palabra, Señor!  ¡cúmplase tu voluntad!...  sea cual sea; no mis deseos, no mis planes, sino aquellos del Señor, como también lo decíamos precisamente el día de ayer en la misa dominical:  apertura total a la Voluntad de Dios al igual que María Santísima, en compañía de María Santísima!  ¡Fiat mihi  Voluntas Tua!. Y por tanto igual que María, igual que San José, igual que San Pablo, igual que el Santo que hoy celebramos, San Felipe Neri, no solamente es apertura sino que es entrega y por tanto, a cumplir, a realizar aquello que Dios le encomienda a uno. 

Por supuesto queridos hermanos esto último nos lleva también a analizar un poco la vida de San Felipe Neri, el Santo que hoy se celebra.  Normalmente en las historias que hemos podido encontrar en libros e incluso en internet sobre San Felipe Neri la presentan de una forma un poco distorsionada, no presentan lo más profundo, no presentan lo más fuerte de la vida de San Felipe Neri.  ¿Quien fue San Felipe Neri? y además de ¿Quien fue?, tenemos que ver también otro aspecto importante ¿En qué tiempo vivió San Felipe Neri?   

Hermanos, en primer lugar San Felipe Neri fue un sacerdote de profunda vida de unión con Cristo y de una profunda vida de oración que lo llevó a muchas experiencias, incluso del orden místico, no las voy a mencionar todas ahora porque sería alargarnos demasiado pero entre esas experiencias místicas la historia verdadera de San Felipe Neri cuenta que él entre otras cosas para celebrar la Santa Misa, que es el momento místico que todo cristiano debiera vivir.  Tengamos en cuenta que la Santa Misa no es una reunión social, tengamos en cuenta que la Santa Misa no es una reunión de amigos ni de familia, sino que es la verdadera experiencia mística del Sacrificio Perpetuo de Cristo Nuestro Señor. Y para esa experiencia mística Felipe Neri con frecuencia consumía por así decirlo, no quiero utilizar el verbo que utilizan mucho hoy día sino que “¡consumía!”, “¡invertía!” el poco tiempo de seis horas… y hoy los católicos ¡se quejan cuando la misa dura una hora!, ¡Felipe Neri tardaba seis horas en celebrar la Santa Misa…! ¿Por qué?  Porque tenia una experiencia tan fuerte y tan profunda  no sólo de la Presencia sino también del Sacrificio de Cristo, de entrega de Cristo y ahí se quedaba;  ¡y hoy nos asustamos de invertir en la Misa una hora, hora y cuarto, hora y media! ¡Ah! pero si en la Misa meten montón de cosas que no debieran meterse, ¡ahí si pueden durar todo lo que quieran!   

Queridos hermanos, Felipe Neri tuvo esa experiencia mística, tuvo muchas otras pero ¿por qué?,  porque él experimentó en toda su vida que realmente había sido salvado por Cristo Nuestro Señor; experimentó que había sido amado por Cristo Nuestro señor y entonces le correspondió procurando una unión profunda continua con Cristo y dedicando incluso largas horas de oración intima en las noches, en la historia de él se lee que muchas veces tardaba noches enteras orando que no dormía casi nada, porque oraba! y hoy muchas veces los católicos se asustan cuando les digo que tienen que madrugar para hacer oración!   Queridos hermanos es la primera gran enseñanza que nos da Felipe Neri y podríamos abundar en esto.

Pero ¿en qué tiempo histórico, en que época histórica vivió Felipe Neri?, vivió en el Siglo XVI, de 1515 a 1595 fueron las fechas de su vida, 80 años y ese Siglo XVI es fundamental, es importante en la historia de la iglesia. Precisamente en ese Siglo abundó y tomó muchísima fuerza la herejía protestante y junto con la herejía protestante de Martin Lutero las herejías de otros que también siguieron los mismos pasos heréticos de Lutero y fue entonces lo que se llamo la época de la reforma protestante, que trajo muchísimos problemas para la iglesia y precisamente en esa época y por ello ese fue uno de los motivos,  no el único por el cual la iglesia tuvo también un acontecimiento muy fuerte, muy importante que no podemos olvidar, ni lo podemos dejar de lado:  el Concilio de Trento y durante el mismo hubo una gran renovación de la Iglesia tanto de orden moral, como de orden doctrinal y de orden litúrgico y espiritual.

Hoy muchos rechazan el Concilio de Trento, sin embargo sigue teniendo importancia en la vida de la iglesia, y en medio de ese Concilio de Trento ahí estaba Felipe Neri, él no participo en el concilio era un sacerdote muy sencillo, ¡no le dieron importancia, pero si lo atacaron mucho! Sin embrago él siempre fue fiel. Y en medio de todo aquel ambiente tremendo de reforma de protestantes y de contra reforma católica para renovar la iglesia superando el protestantismo en medio de todo eso vivió Felipe Neri.

¿Por qué les digo esto, queridos hermanos?, ¿por qué toco ese punto?, porque hoy en este siglo XX y siglo XXI que estamos viviendo,  mis queridos hermanos ante el Señor, estamos viviendo circunstancias muy parecidas en la iglesia: en este momento no se inició una reforma como la del protestantismo, pero los protestantes han tenido una influencia muy fuerte y muy sutil actualmente en la vida de la iglesia, y voy a poner unos pocos ejemplos de muestra uno muy importante, importantísimo, capital:

La Liturgia, en el Concilio de Trento establecen ya lo que debe ser la Liturgia de toda la Iglesia, en el  Concilio Vaticano II, que tuvimos ya en nuestra época, el Concilio Vaticano II renueva también la Liturgia, pero en el post Concilio, después del Concilio Vaticano II, ¿qué sucede?  Se infiltran protestantes en la Iglesia, y logran que la Liturgia se cambie; el Vaticano II no indicó ningún cambio para la Liturgia, indicó renovación, indicó más participación de los fieles en la Liturgia, pero no indicó cambios, sin embargo en el post concilio, o sea después del Concilio Vaticano II, se infiltran protestantes en las comisiones post conciliares y logran que se hagan cambios en la Liturgia de la Iglesia.

En la Liturgia establecida por el Concilio de Trento, la Liturgia se establece como lo que tiene que ser:  el Sacrificio de Cristo, Acto de Dios, que a través de la Iglesia continúa el Sacrificio  Salvador de Cristo, y por eso Sacerdote y fieles en la Liturgia, en el Concilio de Trento se establece:  deben estar todos de cara a Dios;  viene el tiempo posterior al Concilio Vaticano II, y se da la influencia, la infiltración protestante y nos engañan a todos con la mentira de que en la Santa Misa hay que meter el idioma de cada País, y además que los Sacerdotes celebren para los fieles, no para Dios, son engaños, y ¿qué sucede en la Iglesia, queridos hermanos, que siempre es asistida y defendida por el Espíritu Santo?:   el Espíritu Santo suscita entre otros, al Papa Pablo VI, durante el Concilio Vaticano II, y el Papa Pablo VI decreta que se debe continuar celebrando la Santa Misa como siempre se ha celebrado y que se debe distribuir la Sagrada Comunión en la boca, pero vienen los protestantes infiltrados y adulteran un documento de Pablo VI, y nos hacen creer a todos que la Sagrada Comunión hay que distribuirla en la mano; sin embargo Pablo VI mantiene su indicación de que debe ser en la boca, pero nos engañan; viene después el Papa Juan Pablo II, San Juan Pablo II ahora, y él expresamente le dice a un grupo de Obispos de Italia, pidiéndole a ellos que lo transmitan a todos los Obispos del mundo, lo siguiente:  La Comunión en la mano está prohibida, y hoy día, por ejemplo aquí en Costa Rica, engañan diciendo que tenemos gran devoción a San Juan Pablo II, pero se ha desobedecido a San Juan Pablo II, nos engañan diciendo que hay que recibir la Sagrada Comunión en la mano, nos engañan diciendo que los Sacerdotes tiene que celebrar para los fieles, de cara a los fieles, cuando más bien el Sacerdote debe seguir uniéndose a los fieles para todos como Iglesia, no como una asamblea social, sino como Iglesia, todos, Sacerdote y fieles, ponerse frente a Dios y nos engañan diciendo, “¡no!, es muy feo que el Sacerdote le dé la espalda a los fieles”,  ¡en la realidad litúrgica el Sacerdote no le da la espalda a los fieles!, El Sacerdote va con los fieles hacia Dios. 

Queridos hermanos, después viene el Papa Emérito, Benedicto XVI, y da la Sagrada Comunión  a todos los que la reciben de él, de rodillas y en la boca, y en cierta ocasión dice:  Lo estoy haciendo para demostrar que hay que adorar a Cristo.  Cristo no es un hombre cualquiera, Cristo no es un líder social, Cristo no es un líder político, Cristo no es un guerrillero.  Cristo es el Hijo de Dios e Hijo del Hombre, y hay que adorarle y postrarse de rodillas ante El, para eso lo estoy dando de rodillas y en la boca.  ¿Le hemos hecho caso a Benedicto XVI?...  

Y si vemos ahora a Su Santidad el Papa Francisco, en las concelebraciones públicas que él preside, a quienes él les da la Sagrada Comunión, se la da de rodillas y en la boca.  ¿Qué nos pasa a los católicos que no sabemos obedecer al Papa?  ¿Qué nos pasa que no hemos imitado a San Felipe Neri, en su espíritu de contemplación de Dios?  Porque ¿qué fue lo que recibió Felipe Neri, cuándo él contemplaba a Dios, cuando él se unía a Dios, cuando él oraba, cuando él celebraba la Santa Misa?, ¿qué le sucedió a Felipe Neri?, estuvo totalmente abierto a la sabiduría de Dios, y esa sabiduría de Dios, Felipe Neri, no se la guardó  egoístamente para sí mismo, sino que se la transmitió a todos aquellos a quienes él pudo pastorear como Sacerdote en Roma.  Felipe Neri se dedicó a transmitir aquella sabiduría de  Dios, a transmitir aquel amor a Cristo, aquel amor a Dios nuestro Señor, a la gente pobre de Roma:  Reunía niños, reunía hombres de la calle, no solamente niños de la calle, reunía a la gente de la calle y los llevaba a la Iglesia, a visitar a Jesús en el Santísimo, y les predicaba y les enseñaba el catecismo, y los preparaba para una vida cristiana, Felipe Neri no se dedicó a una simple obra social, Felipe Neri se dedicó a la misión que Dios le encomendó.  

Queridos hermanos, así como Felipe Neri vivió en la época contra la reforma protestante, así tenemos que vivir nosotros ahora, en la época de la verdadera renovación de la Iglesia. No solamente los protestantes, los sociólogos de la liberación, los masones han logrado que muchos sectores de la Iglesia saquen a Jesús de la Iglesia; y lo que estamos viendo hoy día son las consecuencias, esa corrupción, la violencia, el egoísmo que vemos en el mundo, el materialismo que hoy día se ve, el relativismo moral que se ve hoy en el pueblo y en los gobernantes, se debe a que se ha sacado a Jesús de la Iglesia, se ha sacado a Jesús de los templos, los Sagrarios se han llevado a capillas laterales,  cuando el Sagrario debía permanecer, lo dice Benedicto XVI en un documento muy importante, los Sagrarios deben permanecer en el centro de la Iglesia.  Pero no solo lo hemos sacado de los templos, lo hemos sacado de la vida de la Iglesia, ¿a quién se predica hoy? ¿sobre quién se habla hoy?, sobre un hombre, sobre un líder social, sobre un guerrillero; así se presenta a Jesús hoy, por tanto un Jesús falso.  No se presenta al verdadero Jesús, Dios y Hombre, Salvador y Señor de la historia.

Queridos hermanos, si nosotros queremos ser católicos de verdad en el momento que nos toca vivir debemos imitar a San Felipe Neri, imitar a San Pablo, ese gran Apóstol que tampoco tuvo miedo de decirle la verdad a nadie,… Felipe Neri también tuvo que decírsela a más de uno, sin ofender a nadie, pero diciendo la verdad con respeto, con sinceridad, con alegría, con firmeza.  Y tenemos que imitar a Felipe Neri, queridos hermanos en ese espíritu de unión a Cristo.  Da lástima ver a muchos católicos que en sus conversaciones, en sus escritos, no reflejan a Jesús Dios y Hombre.  Hermanos tenemos que reflejar a Jesús, no podemos contentarnos con decir que amamos a Jesús, tenemos que llegar a ser Jesús, ¡tenemos que llegar a ser Jesús!   Recuerdo lo que me sucedió hace muchos años, en un retiro que estaba dando, con varios centenares de personas, dije: ¡Tenemos que ser Jesús!, y algunos se escandalizaron, y se fueron donde el Obispo de aquel tiempo a acusarme de que yo les estaba diciendo una herejía que teníamos que ser Jesús, y entonces el Obispo me llamó y me reclamó que  ¿por qué estaba diciendo eso?  Y entonces yo muy respetuosamente, pero muy claramente le demostré al Obispo: ¡que tenemos que ser Jesús!  Y el Obispo no tuvo más remedio que terminar la conversación diciéndome: ¡Tienes razón!, pero  ¡no seas tan fuerte con los fieles!...   

Queridos hermanos, ser fuerte con ustedes, decirles a ustedes la verdad, ¡transmitirles a ustedes el Amor de Cristo!, ¡transmitirles a ustedes la Verdad de Cristo!, ¡la Presencia de Cristo!  ¿Eso es fuerte?    Eso he procurado que sea toda mi vida, y en estos días lo he puesto mucho en oración.   Y he sentido que el Señor me confirma que lo que me quede de vida, sea un día, sea una semana, sea un mes, sea un año, sean cinco años, no importa, sean veinte, lo que sea, tendré que ser todavía más claro y más fuerte, si hablar de Jesús y comunicar la Presencia y el Amor de Cristo es fuerte, pues, lo voy a hacer más todavía.   Cristo debe ser el todo para nuestra mente, Cristo debe ser el todo para nuestros pensamientos, Cristo debe ser el todo para nuestros deseos,  Cristo debe ser el todo en nuestros anhelos, Cristo debe ser el todo para nuestros actos, Cristo debe ser el todo para nuestra vida privada, Cristo debe ser el todo para la vida familiar, Cristo debe ser el todo para la vida pública, Cristo debe ser el todo en las escuelas, en los colegios, en las universidades, Cristo debiera ser el todo en las oficinas del Gobierno, desgraciadamente no lo es… Cristo debe ser el todo en las Iglesias, en los templos, Cristo debe ser el todo en la vida privada y en la vida pública, nadie debe tener miedo de ser cristiano, nadie debe tener miedo de ser discípulo de Cristo, nadie debe tener miedo de decirle ¡no!,  a las tergiversaciones de la fe que nos están tratando de meter, incluso los enemigos de Cristo infiltrados en la vida de la Iglesia, porque los hay, debemos tener la valentía y el atrevimiento de decirle:  ¡No!, a  las costumbres inmorales del mundo, porque quien vive en Cristo, vive con dignidad, vive con moral.

Queridos hermanos, que Cristo  sea el todo.  Oren por mí para que lo que me queda de vida, repito, si antes lo fue, si hoy lo es, mañana, y dure lo que dure ese mañana, Cristo sea más el todo para mi vida y a través mío el todo para ustedes, y con ustedes, no yo solo, Cristo sea el todo para la Iglesia y con la Iglesia, Cristo sea el todo para la humanidad entera.  Así sea.

Pbro. José Pablo de Jesús Tamayo Rodríguez, o.c.e.

De la Oración a la Voluntad de Dios

DOMINGO 5° DE PASCUA
25 de Mayo de 2014
Santiago 1: 22-27;  San Juan 16: 28;
 San Juan 16: 23-30


Muy Queridos Hermanos en Cristo Jesús:

Escuchemos una vez más cómo comienza el párrafo de la Carta del Apóstol Santiago hoy: 

“Estote factores verbi, et non auditores tantum:  fallentes vosmetipsos”  [“Poned por obra la palabra y no os contentéis sólo con oírla, que os engañaríais”]  (Santiago 1: 22)

Y ahora unamos a esa palabra esta otra del mismo Señor Jesús: 

“Amen, amen dico vobis: si quid petieritis Patrem in nomine meo, dabit vobis.  Usque modo non petistis quidquam in nomine meo”  [“En verdad, en verdad os digo: cuanto pidiereis al Padre en mi nombre os lo dará.  Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre”]  (San Juan 16: 23-24)

¿Por qué considero necesario insistir en esos dos textos de la Palabra leída en esta Liturgia?  Muy queridos hermanos:  Ustedes son testigos de que constantemente hemos insistido desde hace años en la necesidad de vivir no sólo como miembros de la Iglesia sino sobre todo como verdaderos discípulos de Cristo, viviendo consecuentemente el constante proceso de transformación en ÉL, asumiendo en nosotros todo lo suyo, que lo hemos sintetizado reiteradamente en el texto de San Pablo: 

“Obsecro itaque vos fratres per misericordiam Dei, ut exhibeatis corpora vestra hostiam viventem, sanctam, Deo placentem, rationabile obsequium vestrum.  Et nolite conformari huic saeculo, sed reformamini in novitate sensus vestri: ut probetis quae sit voluntas Dei bona, et beneplacens, et perfecta”  [“Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios; tal será vuestro culto espiritual.  Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios:  lo bueno, lo agradable, lo perfecto.”]  (Romanos 12: 1-2)
En otras palabras, tanto el Señor como sus apóstoles nos siguen insistiendo en su invitación, su exhortación vehemente a que en ÉL seamos hostias vivas en todos los aspectos de nuestra vida, para la Gloria de Dios Uno y Trino.

Queridos hermanos, ¿podrían ustedes contar las veces que lo hemos recordado?  Lo hemos escuchado incansable, constantemente:  ¿Estamos haciendo el esfuerzo gozoso, constante, sincero, amoroso por ser cada uno y todos en comunión verdadera hostia, verdadera oblación victimal para el Señor?

De pronto algunas veces nos escondemos tras la excusa de que es muy difícil.  Les voy a decir algo:  si hay amor, no es difícil, tal vez sí sea fuerte pero no difícil.  Es el demonio del miedo, el demonio del egoísmo, el demonio de la pereza, el demonio de la indiferencia,  quien insiste en esa mentira de que es difícil ya que a cambio ofrece todos los engaños del materialismo, del facilismo, de la “religión light”. “Quien ama todo lo puede”, nos dice uno de los grandes santos Padres de la Iglesia, San Agustín.  Pero lo que sucede también es que le damos cabida también al engaño del orgullo y del humanismo materialista que nos hace creer que no necesitamos de Dios, que no necesitamos su Gracia, y no acudimos a la oración con frecuencia, o no acudimos a la oración como debe ser. 

La oración, ¿cuándo debe ser?... Siempre, constante, humilde, en espíritu de adoración… ¿Y cómo debe ser?  Nos lo dice el Señor:  en su nombre, no en nombre de ningún ser humano.  ¿Y qué habrá querido decir en realidad el Señor con esa condición que le pone a nuestra oración?  Ciertamente que no sólo que digamos:  “Por Nuestro Señor Jesucristo, Hijo tuyo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo”, sino que lo que le pidamos a Dios esté totalmente de acuerdo con el Corazón Sacratísimo del Señor, con sus deseos, con sus anhelos, con aquello que ÉL, en su infinita Sabiduría y su Amorosísima Providencia, desea darnos, aunque nosotros no lo sepamos.  En otras palabras, que en nuestra oración seamos capaces de imitar a la Santísima Virgen María: 

“Ecce ancilla Domini, fiat mihi secundum verbum tuum.”  [“He aquí a la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra.”]  (San Lucas 1: 38). 
O sea, en nuestra oración hemos de olvidarnos de nuestros criterios, de nuestros deseos, de nuestros planes de vida, de nuestros apegos,  acordándonos de aquello otro que también nos dice el Señor: 

 “Non enim cogitationes meae, dicit Dominus.  Quia sicut exaltantur caeli a terra, sic exaltatae sunt viae meae a viis vestris,  et cogitationis meae a cogitationis vestris.”  [“Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos –oráculo de Yahveh-.  Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros.”]  (Isaías 55: 8-9)   

Muy queridos hermanos, aprendamos a ser personas de oración según el Corazón Eucarístico de Cristo Nuestro Señor, así podremos llegar a ser Hostias vivas, santas, agradables a Dios, incluso podremos llegar a ser “Hostias oblativas”, viviendo en la Cruz de Nuestro Señor, tanto como reparación de todas las ofensas que constantemente recibe el Señor, especialmente de parte de los mismos católicos y de sus mismos sacerdotes, así como para lograr que su Reino se establezca en el corazón de cada persona, en el corazón de la humanidad.
 
Convenzámonos, todo lo que hagamos, todo lo que tengamos, todo lo que seamos, no valdrá de nada si no restauramos en nosotros mismos, en la Iglesia, en el mundo, el espíritu de adoración a Jesús, si no implantamos en nosotros mismos la vivencia como “Hostias Oblativas”.  Hostias oblativas en el Altar, hostias oblativas en el Sagrario, hostias oblativas en la casa, hostias oblativas en la calle, hostias oblativas en la conversación o en el silencio, hostias oblativas en la escuela, en el colegio, en la universidad, hostias oblativas en la oficina, hostias oblativas en el trabajo, hostias oblativas en el descanso, hostias oblativas en el triunfo o en el fracaso, hostias oblativas en compañía o en soledad, hostias oblativas en la aceptación o en el rechazo, hostias oblativas en la salud, hostias oblativas en la enfermedad, hostias oblativas en la vida y en la eternidad.

Si vivimos como católicos mediocres, de medias tintas, acomodados a los criterios del mundo, nos condenaremos.  Si nos esforzamos amorosa, consciente y constantemente en ser “Hostias Oblativas”, le daremos al Señor la Gloria que sólo ÉL merece, y contribuiremos, aunque sea con un granito de arena, a la santificación de la Iglesia y la salvación de la humanidad.  Granito de arena que Dios en su infinita Justicia y Misericordia puede considerar como una montaña de Fe, de Esperanza, de Amor. 

Por todo eso, no seamos como el que mirándose en el espejo, después se olvida de cómo es. Con humildad, gozo, constancia y valentía usemos los medios que el Señor pone a nuestro alcance, en nuestras manos.  Por ejemplo, las jaculatorias.  Así sea.

“Pater, si vis, transfer calicem istum a me; verumtamen non mea voluntas, sed tua fiat.”  [“Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”]  (San Lucas 22: 42)


Pbro. José Pablo de Jesús Tamayo Rodríguez, o.c.e.