Mostrando entradas con la etiqueta Pentecostés a Exaltación Santa Cruz 2015. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pentecostés a Exaltación Santa Cruz 2015. Mostrar todas las entradas

¡NO AL MATERIALISMO FILOSÓFICO!, ¡SÍ A JESÚS HOSTIA!


DOMINGO 18° DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
27 de Septiembre de 2015
Epístola: I Cor. 1: 4-8;  Salmo 121:1,7;
Salmo 101:16; Evangelio:  San Mateo 9:1-8

Muy Queridos Hermanos todos en Cristo Jesús:

El domingo anterior les decía:

“No nos contentemos con vivir una “filosofía materialista católica”… Vivamos la “Única Fe Católica”, vivencial, gozosa, hostificante, constante, comprometedora, valiente, proyectándola a toda forma de vida, a todo lugar, tiempo y circunstancia… ¡Por amor a Dios!: proyectándola consciente y constantemente a todo y a toda relación interpersonal.  ¡Por amor a Dios!: Proyectemos nuestra Fe viva en Cristo a todo y a todas las personas con quienes nos relacionemos, conocidos y desconocidos. ¡Por amor a Dios!: Vivamos la Fe, experiencia viva y perpetua de Jesús Hostia.  ¡Por amor a Dios!  Proyectemos a Jesús cuando nos postramos ante ÉL en el Sagrario.  Proyectemos a Jesús cuando nos postramos y unimos a ÉL en su Santo Sacrificio de la Misa.  Proyectemos a Jesús en el hogar, proyectemos a Jesús en la calle, al caminar y/o conducir un vehículo, proyectemos a Jesús cuando hablamos con otras personas sin diferencia ni de tiempo ni de lugar ni de circunstancia, proyectemos a Jesús en el estudio sin diferencia de edades ni diferencia de niveles académicos, proyectemos a Jesús en el trabajo, proyectemos a Jesús en el descanso, proyectemos a Jesús en las comidas y por el tipo de alimentación, proyectemos a Jesús en los negocios, en el comercio, proyectemos a Jesús en el uso del dinero sin dejarnos usar por el dinero: ni desperdicio ni avaricia…

¡Por amor a Dios!:  Digamos NO al materialismo filosófico y práctico de la sociedad falsamente católica de hoy.  ¡Por amor a Dios!:  Digamos SÍ a JESÚS como personas y fieles católicos de una sola cara, capaces de vivir el Amor en la Verdad. 

¡Por amor a Dios!:   ¡NO AL MUNDO, NO AL DEMONIO, NO A LA CARNE!,
¡NO A LAS DOCTRINAS MATERIALISTAS Y HEDONISTAS!

¡Por amor a Dios!:  ¡SÍ A JESÚS HOSTIA,  SÍ A MARÍA, SÍ A LA IGLESIA!,
¡SÍ A LA VERDAD Y A LA CRUZ!

¡Por favor!:  ¡Por amor a Dios!:  ¡SÍ A JESÚS HOSTIA!  ¡SÍ A JESÚS HOSTIA!  ¡SÍ A JESÚS HOSTIA!”

Hasta aquí lo del domingo anterior.  Y de acuerdo con las lecturas de hoy, así como teniendo en cuenta toda la realidad de cómo está viviendo en sí misma la Iglesia hoy de cara al futuro inmediato, lo que se está viviendo en Iglesia a nivel de la Jerarquía y del Clero, a nivel de la Vida Consagrada, a nivel de Seglares comprometidos, a nivel de los Fieles en general, de cómo está viviendo la Iglesia en medio del mundo del que no es parte pero en el cual debe instaurar el Reino de Cristo, voy a insistir:

¡Por amor a Dios!:   ¡NO AL MUNDO, NO AL DEMONIO, NO A LA CARNE!,
¡NO A LAS DOCTRINAS MATERIALISTAS Y HEDONISTAS!

¡Por amor a Dios!:  ¡SÍ A JESÚS HOSTIA,  SÍ A MARÍA, SÍ A LA IGLESIA!,
¡SÍ A LA VERDAD Y A LA CRUZ!

¿Y por qué insisto en lo anterior?  Porque la acción del “materialismo filosófico y práctico de la sociedad falsamente católica de hoy” ha sido tan fuerte que si con sinceridad y humildad examinamos el sentimiento, el pensamiento, la acción de la inmensa mayoría de la sociedad que se llama “católica”, nos daremos cuenta de que en realidad la fe viva en Jesús no se vive, y si más profundamente examinamos la vida de la Iglesia en relación con el Dogma, en relación con la Doctrina, nos daremos cuenta de la gran confusión y error en que se está viviendo, confusión y error que no se descubre a primera vista ni superficialmente, pero que en el fondo ha “asesinado” la verdadera vida cristiana, la verdadera vida espiritual, la verdadera vivencia de la Fe como experiencia viva y constante de Jesús.  Y menciono cinco comprobaciones de lo que acabo de afirmar:

Primera: No se vive la Santa Misa como debe ser, no se vive la Sagrada Eucaristía como debe ser en ninguno de sus aspectos. 

Segunda: No hay vida de oración verdadera, profunda, ni espíritu de adoración ni de humilde apertura a las mociones constantes del Espíritu del Señor en la inmensa mayoría de los católicos.

Tercera:  No hay un conocimiento serio de la Doctrina, no hay una correcta Catequesis.

Cuarta: Ni se conoce ni se vive la importante Moral Católica en su realidad objetiva como normas de vida  impresas por Dios mismo en el ser humano y en el mundo.

Quinta:  En la inmensa mayoría de los católicos no hay un verdadero compromiso por vivir la santidad como vivencia heroica de las Virtudes de la Fe, la Esperanza, la Caridad, no hay compromiso por fortalecer y extender íntima, pública y mundialmente el reino de Jesús.
Hermanos, como consecuencia de todo ello les exhorto a:

Primero:  Examínese cada uno en su relación, su amor y fidelidad a Jesús, y consecuentemente en su vida de oración y su fruto de cada Santa Misa en la que participa.

Segundo:  Examínese cada uno en qué manera proyecta su relación con Jesús a su vida familiar y a su trabajo, sea cual sea éste.

Tercero:  Examínese cada uno de qué manera cumple su compromiso de trabajar por el Reino de Jesús en la Iglesia y en el mundo.

Cuarto:  Tome cada uno una resolución presente, particular y eficaz sobre cada uno de los tres puntos anteriores.

Quinto:  Busque cada uno a su propio Confesor y comprométase seriamente ante él con el Señor en cumplir esas resoluciones, de acuerdo con las orientaciones que reciba del mismo Confesor.

De esa manera podremos disponernos a darle a Jesús Hostia lo que ÉL espera y merece de parte de cada uno, y comenzaremos a dar un verdadero testimonio eucarístico ante la Iglesia así como también ante la sociedad que eso es de lo que más necesita:  testimonio de Jesús Hostia claro, verdadero, constante, global, radical, universal, irrenunciable.

¡Por amor a Dios!:  ¡SÍ A JESÚS HOSTIA!,  ¡SÍ A MARÍA SMA.!, ¡SÍ A LA IGLESIA!, ¡SÍ A LA VERDAD Y A LA CRUZ!






DOMINGO 17° DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
20 de Septiembre de 2015
Epístola: Efesios 4:1-6;  Salmo 32:12,16;
Salmo 101:2; Evangelio:  San Mateo 22:34-46



Muy Queridos Hermanos todos en Cristo Jesús:

¿A qué hemos sido llamados?  Por el Bautismo hemos sido llamados a participar de la redención en Cristo, y por tanto hemos sido llamados a vivir en santidad.  No hemos sido llamados a vivir en la mediocridad lastimosamente común en nuestros pueblos de hoy día, mal formados no en la verdadera religión sino en una filosofía supuestamente humanista llamada “católica”, por la cual se contentan con decir que creen en Dios, cumplir, aparentemente, algunos preceptos y no cometer pecados contra el prójimo, sin importar el que mientras tanto sí se ofende, y gravemente, a ese mismo Dios en quien se dice creer.  Lo que en el fondo de todo esto se descubre es que en lo profundo del ser humano existe un amor equívoco, soberbio y egoísta a sí mismo.  No hay verdadero amor a Dios, y por tanto tampoco hay verdadero amor a sí mismo ni al prójimo como a uno mismo.  Y como consecuencia de ello no se experimenta humildad, mansedumbre, paciencia, unidad, paz ni en lo íntimo de cada ser humano ni en las relaciones interpersonales.

Lo anterior me lleva a confirmar muy fuertemente que con urgencia, con seriedad, con paz “diligente” y con compromiso de 24 horas al día y sin medir consecuencias debemos formarnos, renovarnos en la verdadera Doctrina de siempre, que debe ir íntimamente unida a la vivencia de la Sagrada Liturgia, muy especialmente la Santa Misa al menos dominical, incluso antes que cualquier compromiso familiar y/o social,  así como la Confesión frecuente y periódica, según la indicación del propio confesor para cada fiel penitente.

No nos contentemos con vivir una “filosofía materialista católica”… Vivamos la “Única Fe Católica”, vivencial, gozosa, hostificante, constante, comprometedora, valiente, proyectándola a toda forma de vida, a todo lugar, tiempo y circunstancia… ¡Por amor a Dios!: proyectándola consciente y constantemente a todo y a toda relación interpersonal.  ¡Por amor a Dios!: Proyectemos nuestra Fe viva en Cristo a todo y a todas las personas con quienes nos relacionemos, conocidos y desconocidos. ¡Por amor a Dios!: Vivamos la Fe, experiencia viva y perpetua de Jesús Hostia.  ¡Por amor a Dios!  Proyectemos a Jesús cuando nos postramos ante ÉL en el Sagrario.  Proyectemos a Jesús cuando nos postramos y unimos a ÉL en su Santo Sacrificio de la Misa.  Proyectemos a Jesús en el hogar, proyectemos a Jesús en la calle, al caminar y/o conducir un vehículo, proyectemos a Jesús cuando hablamos con otras personas sin diferencia ni de tiempo ni de lugar ni de circunstancia, proyectemos a Jesús en el estudio sin diferencia de edades ni diferencia de niveles académicos, proyectemos a Jesús en el trabajo, proyectemos a Jesús en el descanso, proyectemos a Jesús en las comidas y por el tipo de alimentación, proyectemos a Jesús en los negocios, en el comercio, proyectemos a Jesús en el uso del dinero sin dejarnos usar por el dinero: ni desperdicio ni avaricia…

¡Por amor a Dios!:  Digamos NO al materialismo filosófico y práctico de la sociedad falsamente católica de hoy.  ¡Por amor a Dios!:  Digamos SÍ a JESÚS como personas y fieles católicos de una sola cara, capaces de vivir el Amor en la Verdad. 

¡Por amor a Dios!:   ¡NO AL MUNDO, NO AL DEMONIO, NO A LA CARNE!,
¡NO A LAS DOCTRINAS MATERIALISTAS Y HEDONISTAS!

¡Por amor a Dios!:  ¡SÍ A JESÚS HOSTIA,  SÍ A MARÍA, SÍ A LA IGLESIA!,
¡SÍ A LA VERDAD Y A LA CRUZ!

¡Por favor!:  ¡Por amor a Dios!:  ¡SÍ A JESÚS HOSTIA!  ¡SÍ A JESÚS HOSTIA!  ¡SÍ A JESÚS HOSTIA!


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e. 

JESUS HOSTIA NO ES AMADO, ÉL MERECE NUESTRO AMOR DESINTERESADO

DOMINGO 9° DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Lectura:  I Corintios 10:6-13; Salmo 8:2;
Salmo 58:2;  Evangelio:  San Lucas 19:41-47



26 de Julio de 2015

Muy queridos Hermanos todos en Cristo Jesús:

Comienzo hoy citando otro texto del Apóstol San Pablo, por ser el gran Apóstol de los gentiles, nosotros lo somos, y además el Apóstol que con una gran fidelidad a Nuestro Señor y a su Primer Vicario en la tierra, el Apóstol San Pedro, y que precisamente por esa fidelidad y por el bien de la Iglesia no tuvo reparo en llamarle la atención a éste con caridad, con firmeza, con claridad, poniendo también en práctica un consejo que le daba su discípulo San Timoteo:  “Predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, vitupera, exhorta con toda longanimidad y doctrina, pues vendrá tiempo en que no sufrirán la sana doctrina; antes, por el prurito de oír, se amontonarán maestros conforme a sus pasiones, y apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas.”  (II Timoteo 4:2-4)

¿Por qué menciono esas palabras de San Pablo?  Sí, hermanos, insisto a tiempo y a destiempo:  vivimos en un mundo de ídolos, un mundo de pecado, y muchas veces de pecados muy sutiles en los que podrían encontrarse más de un católico a quien se le considera muy fiel… Pecados como el de la pereza espiritual, o como el de la confusión, o como el de la irresponsabilidad de padres de familia que tranquilamente delegan la educación de sus hijos en un sistema educativo corrupto y corruptor..  Pero lo peor de todo: vivimos en un mundo que como dice también el mismo Apóstol, ha tentado a Cristo, y al hablar sólo de misericordia pretende burlarse de la Gloria de Dios.  Un mundo que está haciendo llorar a Jesús como lloró sobre Jerusalén, porque es un mundo que busca la paz falsa, la que ofrece Satanás, rechazando la verdadera paz que sólo Cristo Nuestro Señor puede dar, porque ÉL mismo y sólo ÉL es la Paz.   Pero, voy a insistir:  ¿dónde, cómo encontrar esa Paz que es Jesús?

Insisto porque sólo en Jesús Hostia se puede encontrar la paz que el mundo no puede dar.

Y por eso, porque se desprecia a su Santísima Madre la Virgen María al convertir la Romería del 2 de Agosto en una simple actividad deportiva o cultural durante la cual ni siquiera se visita a Jesús en los templos que se encuentran en el recorrido, ¿y cómo van a entrar en dichos templos si van en ropa no adecuada?; o la misma Romería es manipulada por gente que promueve pecados aberrantes contra Dios y contra la misma sociedad; porque se ha despreciado su Misterio Eucarístico; porque se le ha profanado; porque se le desconoce; porque es negado por muchos de los mismos pastores; porque se le anteponen devociones que aunque son buenas son optativas, no absolutamente necesarias para la salvación; porque se le ha relegado a capillas laterales; porque el altar de su Sacrificio lo convierten en una mesa de banquetes o de reuniones aparentemente espirituales; porque se mezclan con su Santo Sacrificio cultos satánicos; porque se le recibe en la Sagrada Comunión rutinariamente, descuidadamente, sin la debida preparación, sin estar dispuesto a seguir el proceso de santificación; porque se convierten sus templos en simples salones de conciertos musicales, o en salas de banquetes sociales o de banquetes sacrificiales simplemente recordatorios de un pasado; porque tanto hombres como mujeres asisten a los templos en ropa no propia ni apropiada; o porque se convierte la Iglesia en una simple institución social o política; porque se distribuye su Cuerpo y Sangre de pie y en la mano, o le distribuyen manos no consagradas; porque se da la burla y la persecución contra quienes desean ser fieles a Jesús; porque se da la división dentro de la misma Iglesia en torno a Jesús Hostia… Jesús ha tomado el látigo para purificar su Iglesia, para sanar su Cuerpo.

Pero podemos preguntarnos ahora:  ¿cuál látigo ha tomado Jesús en este momento?  Abramos los ojos del corazón y de la razón:  Jesús está utilizando el látigo de los gobiernos materialistas que pretenden incluso mandar en la Iglesia, el látigo de los errores que confunden a los soberbios, el látigo de la ceguera de los pueblos que se dejan gobernar por instituciones internacionales o gobiernos extranjeros que promueven el pecado y las filosofías paganas, el látigo de la corrupción que aparta a quienes pretenden manipular la misericordia de Dios sin someterse a su Justicia.

¿Y cuál es la solución a todo eso?  Insisto: Hacer que Jesús sea verdaderamente el Señor de nuestras vidas, Señor de la Iglesia, Señor de la sociedad civil, Señor de la nación, Señor del mundo, Señor de la familia, Señor del Gobierno, Señor de la Educación, Señor de la Política, Señor del deporte, Señor de la industria, Señor de la agricultura, Señor de todo y de todos desde su Misterio Eucarístico.  Jesús desde la Hostia que es Oblación, Jesús desde la Hostia que es Presencia Divina, Jesús desde la Hostia que es Alimento de vida eterna, Jesús Hostia Señor del tiempo y del espacio.  Vivamos entonces el Misterio Eucarístico en todos sus aspectos:  Jesús en el Santo Sacrificio de la Santa Misa realmente celebrada según la Tradición Apostólica; Jesús en la Sagrada Comunión recibida en adoración, con respeto, con amor, de rodillas y en la boca; Jesús Presente en el Sagrario, adorado con las rodillas en tierra por la genuflexión bien hecha cada vez que se pasa delante de ÉL, visitado con frecuencia a ser posible diaria, Jesús Hostia amorosa y fielmente servido por sus Sacerdotes.  Sólo así la Iglesia y el mundo encontrarán su verdadera y plena realización en el tiempo, enfocados hacia la eternidad.  Jesús Hostia centro de la Iglesia por la unidad en la Fe, unidad en la Esperanza, unidad en la Caridad.  Jesús Hostia fuente de pureza para niños, señoritas, jóvenes, adultos, ancianos. Jesús Hostia Fuente de la vida y misión de la Iglesia.    Jesús Hostia Centro de la vida y misión de la Iglesia.  Jesús Hostia Cumbre de la vida y misión de la Iglesia.   Todo Sacerdote ha de ser de y para Jesús Hostia.  Todo Católico ha de ser de Jesús Hostia.  Toda la Iglesia es y debe ser de Jesús Hostia.  ¡Adorado y desagraviado sea Jesús Hostia!  ¡Ahora y siempre, aquí y en todo lugar!


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

El Discernimiento de espíritus, necesario para la salvación y la santidad

DOMINGO 8° DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Lectura:  Romanos 8:12-17; Salmo 30:3; 70:1;
Salmo 47:2;  Evangelio:  San Lucas 16:1-9


19 de Julio de 2015

Muy Queridos hermanos todos en Cristo Jesús:

¿A qué nos invita hoy el Apóstol San Pablo?  Precisamente a aquello en lo que tanto venimos insistiendo desde hace tiempo:   a no vivir según el espíritu, según los criterios del mundo, espíritu y criterios todos de pecado, de corrupción, de engaño, de placeres sucios, egoístas y pasajeros, criterios de poder, criterios de miseria, de desorden, de suciedad, criterios de gastos desordenados e inútiles, criterios de lenguaje y de pensamiento superficial y vulgar.  Nos invita el Apóstol a renunciar, a morir a todo lo que el mundo nos tiene acostumbrados, e incluso renunciar a todo aquello a lo que el mundo intenta obligarnos a vivir y hacer.  Nos invita el Apóstol a vivir y hacer todo aquello que el mundo intenta prohibir y rechazar:   nos invita el Apóstol a ser santos.

Y precisamente es Jesús mismo quien con la parábola del mayordomo infiel y astuto nos invita a vivir contra todo ese espíritu y criterios de mundo:   nos invita Jesús a ser responsables, fieles en el uso de todos los dones y bienes que Dios permite lleguen a nuestro corazón, a nuestra inteligencia, a nuestra voluntad, a nuestras manos.

Y considero que entre todos esos bienes morales que el Señor pone a nuestra disposición, no para que seamos egoístas en su uso, sino para colaborar con la implantación de su Reino en el mundo, es el don absolutamente necesario del discernimiento de espíritus, con el cual, orientados por el Director Espiritual, hemos de hacerle frente a todo lo que estamos viviendo actualmente y viviremos en un futuro muy próximo, tanto a nivel de la familia, como a nivel de Iglesia y de la sociedad civil.  Discernimiento de espíritus para el correcto y decoroso uso y presentación de  nuestro cuerpo.  Discernimiento de espíritus para descubrir qué tipo de alimentación debo tener aunque sea contra las costumbres del mundo, infiltrado incluso en la vida de la Iglesia tanto en lo que se come como en lo que se bebe. Discernimiento de espíritus para el correcto, ético y provechoso uso del tiempo.  Discernimiento de espíritus para la caritativa, comprensiva y cristiana relación con el prójimo cercano y con el prójimo lejano, con familiares, con conocidos y desconocidos.  Discernimiento de espíritus para el correcto y decoroso uso de todo lo material que tengamos, sea personal o familiar como también de aquello que pertenece a otras familias, o a instituciones de Iglesia o a instituciones civiles, de gobierno, educativas, sociales, deportivas.  Discernimiento de espíritus para la correcta inversión del dinero que el Señor permite que pase por nuestras manos, sea nuestro o de otras personas y/o instituciones.  Discernimiento de espíritus para el correcto desempeño de funciones o trabajos en los que participemos, sean propios o ajenos, simples o complejos, materiales o intelectuales, sean de índole política, económica, cultural, educativa, recreativa o eclesial.  Discernimiento de espíritus para descubrir los errores y engaños de la astucia del enemigo, el Demonio, que presenta lo bueno como malo y lo malo como bueno, que dice que defiende la vida, pero sólo en un plano naturista y/o según las doctrinas de la “nueva era” que dice que la tierra es “nuestra madre”, negando muy astutamente que el único Creador y Dueño de toda vida es Dios, y católicos cobardes que dicen que lo hacen así por respeto a las creencias de cada quien.  Se rechaza la verdad, se rechaza la pureza, se rechaza la santidad, mientras se defiende y se promueve el pecado, la mentira, la inmoralidad, la vulgaridad, la superficialidad.  Dejar al prójimo en el error y en el pecado por “respeto” no es amor:   amor es defender y promover la Verdad.  ¡Y la Verdad es Cristo!

No podemos ser materialistas, egoístas, corruptos en el uso de esos bienes imitando a ese mayordomo infiel, astuto, corrupto, buscando un bienestar temporal y falso, pensando que al final de la vida Dios será misericordioso y perdonándonos nos dará una salvación que no hemos merecido.  Dios es Justo, no sólo Misericordioso, y a cada quien le dará lo que haya merecido justamente, no lo que haya creído alcanzar corruptamente.  De Dios nadie se burla.  Por eso dice:  “Porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian.”  (Éxodo 20:5)

Además, hermanos, discernimiento de espíritus para ser muy conscientes de que el único y verdadero objetivo de toda nuestra vida y actividad no puede ser individualista ni materialista ni temporal, sino que ha de ser totalmente y siempre en vistas a la implantación del Reino de Cristo Jesús en nuestro corazón, en el corazón de todo ser humano, de toda la sociedad civil, así como el esfuerzo en toda actividad no ha de ser sólo para un bienestar temporal, materialista y egoísta, sino que ha de ser en verdadero espíritu eclesial en vistas a la trascendencia de ese mismo Reino de Cristo para la Gloria de Dios Trino y Uno.

No nos ahoguemos en la vorágine del materialismo, de los placeres y lujos de la carne, de la tranquilidad y la irresponsabilidad.  Antes bien ahoguémonos en la Sangre Preciosísima del Señor que nos purificará y fortalecerá con su Vida en Plenitud.

Hermanos, les pregunto ahora: ¿Es Dios lejano a nosotros?  ¿No somos capaces de experimentar su acción en nosotros y a nuestro alrededor?  ¿Es el Señor lejano a su Iglesia, su Cuerpo Místico?  Entonces estaríamos diciendo que un cuerpo puede tener vida sin su cabeza…  Dios no es lejano, el Señor no es lejano a la Iglesia.  Si no lo sentimos es que somos esclavos del mundo, esclavos de la carne, esclavos del intelectualismo que o niega lo sobrenatural o lo considera lejano o poco posible o para seres privilegiados.  Y todo esto es muestra a su vez de soberbia, de cobardía, pecado contra el Primer Mandamiento porque no hay un verdadero amor a Dios sobre todas las cosas.  No hay fe, no hay vida en el Espíritu.  No hay sencillez ni humildad, y como consecuencia de ello no hay apertura a la acción transformante del Señor, del Espíritu Santo.  No hay aceptación sincera de la acción maternal y educadora de la Santísima Virgen María, que anhela que con Ella y como Ella nos sumerjamos en los Misterios de Dios y nos dejemos transformar.  Entonces habrá verdadera vida en el Espíritu, verdadero amor, verdadera fidelidad inquebrantable a Jesús con Ella, con San José, con los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, con nuestros Santos Patronos, y en fidelidad a toda la Revelación de Dios, tanto pública como privada mantenida y promovida por el Magisterio de la Iglesia. 

Y digo lo anterior porque en esta época dominan las doctrinas de la carne, doctrinas puramente materialistas, se promueve el pecado, mientras se rechaza la vida en el Espíritu, se rechaza todo lo que es sobrenatural, se rechaza la experiencia sublime de la vida mística, se rechaza la devoción verdadera a María Santísima, se rechaza y se le hace la guerra a Jesús Eucaristía. 

E insisto, se necesita urgentemente fortalecer y promover en uno mismo y en los demás la auténtica y profunda vida en el Espíritu, la experiencia continua de lo sobrenatural para estar preparado para todo lo que viene, que no debe asustarnos pero sí disponernos.  Porque sólo quienes tengan una verdadera vida en el Espíritu, una auténtica experiencia sobrenatural como y con Nuestra Señora del Fiat en Cristo Jesús estarán preparados para ser fieles incluso hasta el Martirio durante la persecución, ser fieles a la única Iglesia como miembros valientes y partícipes de su vida y misión, fieles a Cristo como y con Nuestra Señora durante el tiempo de tremendas confusiones que se avecina.  Oremos, vivamos intensamente el Santo Sacrificio de la Santa Misa, ofreciéndonos como hostias vivas, santas y agradables a Dios en Cristo Crucificado.  Salvémonos y colaboremos en la salvación de los hermanos.  Entonces llegaremos con confianza al día en que el Señor nos dirá:   “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo”  (San Mateo 25:34)  Y el motivo que el Señor mismo da a continuación, me permito sintetizarlo en otras palabras de Jesús mismo:  “El primer mandamiento es…amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.  El segundo es éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo.”  (San Marcos 12:29-31).  Así sea.


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

La Preciosísima Sangre de Nuestro Señor nos envuelve y transforma en la Santa Misa

DOMINGO 7° DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


Lectura:  Romanos 6:19-23; Salmo 33:12,6;
Salmo 46:2;  Evangelio:  San Mateo 7:15-21



12 de Julio de 2015

Muy queridos Hermanos todos en Cristo Jesús:

Estamos en el mes de Julio, que tradicionalmente está dedicado a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.  Muy queridos hermanos, preguntémonos con toda sinceridad cada uno a sí mismo:  ¿Somos conscientes de la importancia infinita de la Sangre de Nuestro Señor, tanto en la vida de la Iglesia como en la vida de cada uno?  Es por esa Divina Sangre con la que Cristo Nuestro Señor pagó el precio de nuestros pecados.  ¿Y cómo nos aplica Jesús mismo ese precio infinito, total?  Ciertamente de la forma que ÉL la sigue entregando:  en la Cruz la derramó para siempre, y ahora la sigue entregando, y nos la aplica sólo a “los muchos” que aceptamos su señorío real y pleno en nuestras vidas, al participar en gracia en su Santo Sacrificio de la Misa.  De ahí la importancia absoluta de participar con la mayor frecuencia posible, mínimo todos los Domingos y Solemnidades, en la Santa Misa de manera plena, o sea comulgando, recibiendo su Cuerpo y Sangre. 

Y esa recepción de la Sagrada Comunión ha de llegar a su más perfecta vivencia si la recibimos no sólo con la conciencia de que le estamos recibiendo a Jesús que se nos entrega y aplica su Preciosísima Sangre, sino más bien con la conciencia aún más profunda y cristiana de que en realidad al comulgar somos nosotros quienes hacemos efectiva nuestra amorosa entrega a Jesús con todo nuestro ser:  nuestro cuerpo, nuestra sangre, nuestra alma, nuestro espíritu, nuestra voluntad, nuestros sentimientos, nuestras actitudes, nuestra actividad, uniéndonos así a su Sacrificio Perpetuo, para que realmente seamos purificados, transformados, santificados, pero también para lograr que ese fruto redentor de su Preciosísima Sangre se aplique a tantas almas que lo necesitan.

Y esta realidad a la que acabo de referirme, importantísima como Ustedes pueden comprenderlo, hoy día es sin embargo silenciada por los lobos rapaces que habiéndose infiltrado en la Iglesia desde hace bastantes años, nos ha tenido a todos, Pastores y Fieles, engañados, quitándole a la Iglesia su carácter real de Cuerpo Místico de Cristo para que funcione como si fuera una simple “ONG” (organización no gubernamental) dedicada no a la salvación y santificación de las almas sino a labores y prédicas de corte puramente sociológico, político, económico, promoviendo el “centralismo y el reino del ser humano”, en lugar de promover e implantar como debiera ser el “Reino de Cristo Nuestro Señor” en todos los ámbitos de la vida personal, familiar, eclesial, social, cultural, deportiva, civil, política.

Por eso, reconociendo que ya no somos esclavos del pecado, alejándonos de toda ocasión de tentación, esforzándonos por mantener la Gracia de Dios que Cristo nos ha alcanzado con su Preciosísima Sangre para que en una auténtica vida eucarística, hostificante, lleguemos a la santidad que el Señor desea y espera de cada uno.  Conservemos la Verdad, conservemos la Sabiduría, conservemos la Pureza, conservemos la Paciencia, conservemos la Prudencia, conservemos la Fortaleza, conservemos el Coraje, conservemos la Templanza, conservemos la Diligencia, conservemos la Sencillez, conservemos la Comprensión, conservemos la Afabilidad, conservemos la Generosidad, conservemos la Sagrada Liturgia, conservemos la Oración. En la Santa Misa, desde la Santa Misa, seamos santos en el tiempo, seamos santos en el espacio, seamos santos para la eternidad.

Adorando al Dios Uno y Trino, “Sed, en fin, imitadores de Dios, como hijos amados, y caminad en el amor, como Cristo nos amó y se entregó por nosotros en oblación y sacrificio de fragante y suave olor”  (Efesios 5:1-2).


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

El sufrimiento, medio para fortalecerse y ser testigo de Jesús

DOMINGO 4° DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
21 de Junio de 2015
Epístola: Romanos 8:18-23;  Salmo 78:9-10;
Salmo 9:5,10; Evangelio:  San Lucas 5:1-11

Muy Queridos Hermanos  en Cristo Jesús:

El Domingo anterior la Palabra del Señor nos recordaba una realidad que no se puede olvidar y que debe tenerse muy presente siempre, sin darle la importancia que no tiene pero repito sin olvidarla ni negarla porque ciertamente es una realidad.  Me refiero al principal enemigo del ser humano, que evidentemente es el demonio, a cuya actividad nos referíamos y hemos de volver a hacerlo cuando sea voluntad del Señor.

Y hoy nos insiste el Apóstol San Pablo sobre otros aspectos de la vida del cristiano en estos momentos, cuando nos dice: 

“Tengo por cierto  que los padecimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que ha de manifestarse en nosotros” (Romanos 8:18). 

Primeramente se refiere el Apóstol a otro de los enemigos del ser humano:  los padecimientos del tiempo presente, o sea la experiencia que todo ser humano tiene de las consecuencias del pecado, tanto el pecado original que todos heredamos como de todos y cada uno de los pecados, graves y/o veniales, que cometemos durante nuestra vida mortal.

¿Cómo enfrentamos esas consecuencias?  ¿Las enfrentamos con angustia, o con desesperación, o con cólera, o desconfiando de la salvación?  ¿Nos llevan así a enfrentarnos soberbiamente a Dios?  ¿Y a ser violentos con el prójimo? En esos casos esas consecuencias nos servirían para mayor castigo…

¿O las enfrentamos con paciencia, con humildad, con prudencia, con sabiduría, con confianza en la Justicia y la Misericordia del Señor?  ¿Y como fruto de ello ofrecemos esos sufrimientos en unión con la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo para nuestra propia purificación y del prójimo?  ¿Nos sirven entonces para vivir en una continua relación de humildad, de dependencia, de adoración, de agradecimiento y de compromiso con Dios?  ¿Y somos así apóstoles de la Justicia y la Misericordia Divinas.

Lo anterior, queridos hermanos, nos pone frente a otro de los aspectos importantes señalados por el Apóstol, cuando se refiere a que esos padecimientos no son nada en comparación con la Gloria venidera:  toda esa experiencia de Justicia y Misericordia Divinas nos enfrenta a la trascendencia de nuestras vidas, estamos llamados a participar del Reino Eterno de Dios Uno y Trino.  Los padecimientos no deben ser ocasión de perdición sino de salvación.  Por eso hemos de recordar aquellas fuertes y sublimes palabras de Jesús mismo: 

“En verdad, en verdad, os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará; vosotros os entristeceréis, pero vuestra tristeza se volverá en gozo… Vosotros, pues, ahora tenéis tristeza; pero de nuevo os veré, y se alegrará vuestro corazón, y nadie será capaz de quitaros vuestra alegría.”  (San Juan 16:20 y 22). 

El verdadero cristiano, discípulo de Cristo, sabe, está seguro de lo que le espera, dependiendo de su fidelidad y correspondencia a Cristo Nuestro Señor, y practicando la virtud de la Esperanza vive con auténtica y sincera responsabilidad.

Y un tercer aspecto que nos señala el Apóstol:  ¿a quién se refiere todo lo anterior?  ¿A toda la humanidad?  ¿O a algún grupo indeterminado de personas?  ¿O a todos los cristianos, sin importar la forma en que están viviendo?  Ciertamente que no, hermanos… Se refiere concretamente a nosotros, los que hacemos el esfuerzo no sólo por vivir en gracia, sino que nos esforzamos por imitar y acompañar a Nuestra Señora del Fiat, descubriendo y cumpliendo constantemente la Voluntad Santísima del Señor.  Y mucho más concretamente a nosotros, que viviendo el esfuerzo de ser fieles a la Tradición de la Iglesia, hemos aceptado algo más profundo y, aunque comprometedor, precioso, transformante, santificador, sublime…: nuestra vocación a ser “Fieles Hostia”…

¿Por qué me refiero a nuestra vocación a la “hostificación”?  Precisamente por aquello a lo que se refiere el Evangelio que también escuchábamos hace un momento, a través del cual, primeramente a los Apóstoles, pero también ahora en este momento a nosotros, nos llama a vivir la experiencia de todo un proceso de transformación:  en un primer momento, el Señor nos deja que descubramos como los Apóstoles que por nosotros solos no somos capaces de ningún fruto ni de santidad ni de “pesca”...  Debemos postrarnos consciente y humildemente ante el señor:  de pronto toda la vida hemos pretendido ser buenos, ser perfectos, tener siempre nosotros la razón en todo y que los demás nos vean así. Y sólo cuando comenzamos a adorar
“en espíritu y en verdad” (cf. San Juan 4:23),
con todo nuestro ser, seremos capaces de ver y proclamar, como María Santísima, (Cf. San Lucas 1:46-49) las maravillas que hace el Señor en nosotros y a través nuestro en el prójimo, en la sociedad, en el mundo creado, un fruto, unas maravillas que sobrepasan nuestras capacidades individuales y nos impulsan a vivir y trabajar en verdadero espíritu de Iglesia, colaborando con la Jerarquía fiel no tanto en acciones de beneficencia social y temporalistas, sino muy concretamente en el establecimiento del Reino de Jesucristo en las personas, en las familias, en las instituciones eclesiásticas, en las instituciones gubenamentales y civiles, en las industrias y comercios, en la agricultura, en los organismos nacionales e internacionales, en la cultura y educación, en el deporte…

¿Por qué lo que acabo de decir e insistir?  Porque el Señor también a nosotros nos llama a dejar todo apego a cosas, a personas, a nuestro propio egoísmo y supuesta seguridad, para que olvidándonos de superficialidades, de tibiezas, de temores, de proyectos pasajeros y materialistas, aunque buenos, podamos también escuchar al Señor que nos dice de una manera apremiante, penetrante, impulsora:

“De hoy en adelante serás pescador de hombres”  (San Lucas 5:10),

dándonos a entender que hemos de vivir en Jesús, que hemos de implantar a Jesús en todos los ambientes, en todas las circunstancias, en todas las actividades, en toda la vida de la Iglesia, de la sociedad, del mundo, sin importarnos lo que pase o lo que digan, ya que lo material, lo temporal, pasarán, en cambio el reino de Dios Uno y Trino es y será por toda la eternidad.  ¡Gloria a Dios Uno y Trino en el tiempo y la eternidad!  ¡Gloria a Dios Uno y Trino en el espacio y el universo!  ¡Gloria al Dios que es Justo!  ¡Gloria al Dios que es Misericordia!   ¡Gloria al Dios que es Infinito!  ¡Gloria al Dios que es Santo, Santo, Santo!  Gloria al Dios que siendo Uno, es Comunión!  ¡Gloria al Dios que siendo Hostia, es Rey!  ¡Gloria al Dios que estando prisionero en nuestros Sagrarios, es Camino, Verdad y Vida!  ¡Gloria al Dios que siendo Víctima en la Cruz, nos da la Victoria definitiva y Eterna!


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

Ser en Cristo

DOMINGO 3° DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


14 de Junio de 2015
Epístola: I Pedro 5:6-11;  Salmo 54:23,17,19;
Salmo 7:2;  Evangelio:  San Lucas 15: 1-10

Muy Queridos hermanos en Cristo Jesús: 

Podríamos en este momento decir que esta liturgia de este III domingo después de Pentecostés, es sumamente importante para la Iglesia y para toda la sociedad, para todo el mundo.

En la vida de los católicos  se ha ido infiltrando:  La soberbia, que hace creer al ser humano que no necesita de Dios, la soberbia que le hace creer al ser humano que Dios no es necesario, que Dios está muy lejos del ser humano, incluso muchas veces hace creer que Dios no se interesa por el ser humano, ¿por qué?, porque el ser humano cegado por la soberbia, se interesa sólo por lo material, por lo temporal, olvidándose de la vida trascendente, olvidándose del Reino Eterno. 

Escuchemos lo que nos decía hace un momento el apóstol Pedro en su primera carta:  “Sed sobrios y vigilad, que vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda rondando y buscando a quien devorar, al cual resistiréis firmes en la fe, considerando que los mismos padecimientos soportan vuestros hermanos dispersos por el mundo.” (I Pedro  5:8-9).  Hermanos, hoy día ese ser humano que cree poder más que Dios,  que cree saber más que Dios, que cree no necesitar de Dios, que cree que Dios no se interesa por él; en realidad está engañado y está ciego ante toda la realidad humana, está ciego ante toda la realidad sobrenatural.  Hermanos, ¿qué significa la palabra sobrenatural?  Muchas veces nos encontramos con personas y con grupos de personas que confunden lo sobrenatural con algo extraordinario, con algo que se da muy de vez en cuando y sin embargo hermanos lo sobrenatural es lo más normal en la vida del ser humano, ¿por qué? Porque aunque el ser humano no lo reconozca, el ser humano es lo más importante para Dios, y el ser humano depende de Dios, y por tanto aunque el ser humano no lo experimente, aunque el ser humano no se dé cuenta, vive en medio de lo sobrenatural, y ¿qué significa vivir en medio de lo sobrenatural? Significa vivir en una continua relación con lo espiritual y no nos dejemos engañar por la mentira que hay hoy día en el mundo, cuando se refiere a lo espiritual, se refiere a relaciones interpersonales, interhumanas, a las relaciones entre seres humanos, y digo esto porque lo he escuchado de labios de falsos psicólogos y de falsos psiquiatras que dicen que la parte psicológica es lo espiritual y eso es una mentira, lo espiritual va mucho más allá que lo simplemente psicológico o psiquiátrico, lo espiritual no es solamente la relación con otros seres humanos, ni tampoco es lo espiritual solamente la relación interna del ser humano consigo mismo, lo espiritual es ante todo la relación con Dios y la relación por tanto con todos aquellos seres espirituales que han sido creados por Dios entre los cuales están especialísimamente los Ángeles, y sabemos que un gran número  de Ángeles, antes de la creación del ser humano, se revelaron contra Dios y esos son el Diablo, Satanás y sus secuaces, los demás demonios, incluso hoy día niegan la existencia del Demonio, y el Demonio realmente existe, y el Demonio se vale de muchísimas cosas y no sólo de muchísimas cosas, sino que el Demonio puede valerse de personas humanas que le permiten al Demonio utilizarlos como instrumentos para dañar a otras personas, pero es el Demonio el que está detrás de todo eso, es el Demonio que está detrás de los corruptos, es el Demonio el que está detrás de los violentos, es el Demonio el que está detrás de los que promueven el aborto, sean quienes sean, sean ministros de Gobierno, o sean médicos, o sean enfermeros, o enfermeras o padres de familia, avergonzados por el error de un hijo o una hija, que entonces provocan un aborto, entonces está el Demonio detrás incitando a ese pecado de aborto.  Y lo mismo podemos decir que es el Demonio que está detrás del ser humano, valiéndose de los traumas que se le pueden ocasionar a un ser humano  cuando está todavía en el seno materno, o está en sus primeros años de vida, por los rechazos que pueda recibir del papá o de la mamá, o de otras personas, o por un intento de violación cuando ya ha nacido.  Y eso es lo que ocasiona entre otras cosas, el homosexualismo,  que no es por tanto, herencia, no viene en la misma naturaleza humana, no es propio de la naturaleza humana, sino que es pecado, ocasionado por traumas, y traumas inspirados por el Demonio, es el Demonio el que está detrás de cantinas, todo dueño de cantina está siendo utilizado por el Demonio, todo dueño de prostíbulo, está siendo utilizado por el Demonio, todo gobernante que promueve la corrupción en su propio País, está siendo utilizado por el Demonio, todo gobernante que promueve o que aprueba el homosexualismo, las uniones homosexuales, está siendo utilizado por el Demonio, es el Demonio quien está detrás de ellos; cuando algunos de ustedes sienten un sentimiento de rencor o de resentimiento, o de violencia hacia otro ser humano, es el Demonio que está detrás de ustedes, cuando un ser humano siente la inclinación a un pecado de lujuria, sea solamente de pensamiento, un pensamiento que se complace en la mujer del prójimo, es el Demonio que está incitando ese pensamiento, cuando alguien siente la inclinación al adulterio o al concubinato, es el Demonio que está incitándole a caer en ese pecado sucio, cuando alguien tiene la inclinación a coger lo ajeno, sea en pequeña o gran cantidad, es el Demonio que le está incitando.  Por eso nos decía el Apóstol Pedro:  “Sed sobrios y vigilad que vuestro adversario el Diablo como león rugiente anda rondando y busca a quien devorar”, ¿qué significa esa expresión de que el Diablo busca a quien devorar?, significa que el Diablo quiere incitarnos al pecado, exactamente igual a como hizo con nuestros primeros padres, en el Paraíso terrenal, los incitó al pecado gravísimo de la soberbia, al pecado de querer prescindir de Dios, pretender saber y ser más que Dios. 
Queridos hermanos, tenemos que obedecer al Apóstol Pedro, sed sobrios y vigilantes, y esto, queridos hermanos, es tan serio, y esta sobriedad y esa vigilancia es tan necesaria en la vida del ser humano, en la vida del católico, que no sólo el Apóstol Pedro lo dice, sino que incluso, el Apóstol San Pablo en su carta a los Efesios dice:  “Por lo demás, confortaos en el Señor y en la Fuerza de su Poder”… ¿qué significa confortaos en el Señor y en la Fuerza de su Poder?  Significa no otra cosa que aquella en la que hemos venido insistiendo por tanto tiempo, y continuaremos insistiendo:  “Hermanos hay que vivir en Cristo Jesús, hay que vivir en Cristo  Jesús, hay que mantenerse en estado de gracia, no hay que perder el estado de gracia por nada”, que te ofrecen un cigarrillo, rechaza el cigarrillo, porque el cigarrillo te va a debilitar y te va a hacer perder muy fácilmente el estado de gracia, que te ofrece el prójimo o un cantinero una maldita cerveza, no aceptes la cerveza, porque la cerveza va a debilitar tu mente y va a debilitar tu voluntad y te va a hacer caer en el pecado, es el Demonio quien está detrás de la cerveza, es el Demonio que está detrás del cigarro, hermanos, hay que vivir en Cristo, hay que vivir continuamente unidos a Cristo, y yo vengo insistiendo en esto hace ya 50 años, y han querido callarme y no me van a callar, aunque me metan una bala en el pecho, no me callarán, hermanos hay que vivir en Cristo. 

Pero tenemos un grave problema, y es esto:  el Demonio ha sido tan astuto, que a través de la filosofía pagana y a través de la masonería, se ha infiltrado en la vida de la Iglesia, e incluso el mismo Demonio se ha valido de pastores muy débiles, mal formados, que permiten la tolerancia y la alcahuetería de situaciones de pecado en la sociedad, y lo permiten de dos maneras:  primera, comunican doctrina muy tolerante, y la segunda porque guardan silencio cobarde y se convierten en aquello que decía el profeta desde el Antiguo Testamento:  Perros mudos, el Demonio los convierte en perros mudos, les mete miedo de denunciar el pecado, les ha metido más que miedo de denunciar el pecado, otro miedo todavía peor, ha metido en muchísimos pastores el miedo de anunciar a Cristo; hasta el punto de que hoy día en muchos sectores de la Iglesia, se habla de paz, se habla de justicia social, se habla y se promueve las obras de beneficencia social, que hay que atender a los niños de la calle, que hay que atender a la gente que vive en la calle, que hay que darle un baño o un desayuno, a  los que viven en la calle, y ciertamente eso hay que hacerlo, pero no le corresponde a la Iglesia, eso le correspondería a gobernantes verdaderamente católicos, seglares verdaderamente católicos que se dedicarían a esas obras de beneficencia social, eso no le corresponde al Sacerdote, al Sacerdote le corresponde otras cosas que el seglar no puede hacer, recuerdo hace años, fuimos como 10.000 sacerdotes a un retiro en Roma, y se nos dijo una gran verdad:  “Padres no se dediquen a lo que los seglares pueden hacer, dedíquense a lo que los seglares no pueden hacer”, no le corresponde a la jerarquía de la Iglesia estar atendiendo a los necesitados que andan por la calle, eso le corresponde a las instituciones de beneficencia social dirigidas por seglares o dirigidas por el gobierno que debiera ser verdaderamente cristiano.

Queridos hermanos, lo más importante que le corresponde a la Iglesia, se ha abandonado, os lo repito, yo vengo tratando desde hace 50 años de implantar a Jesús en el corazón humano, y el Demonio infiltrado e insinuante, detrás de otros dice: no le hagan caso al Padre que es un fanático, vayan a distraerse, y los destruyen, es el Demonio que está actuando en el seno de la Iglesia, por eso tenemos que confortarnos en el Señor, ¡tenemos que vivir en Cristo!, ¡tenemos que vivir en Cristo!, ¡tenemos que vivir en Cristo!, ¡tenemos que fomentar, tenemos que implantar el Reino de Cristo en el ambiente en el que vivimos!, ¡tenemos que implantar el Reino de Cristo primero que todo en nosotros mismos!... Queridos hermanos, no pretendamos defender y promover la verdad de Cristo si primero no tenemos a Cristo en nosotros, quien pretenda implantar el Reino de Cristo, quien pretenda implantar la Verdad, quien pretenda implantar la doctrina de la Iglesia en el mundo, pero no tiene a Cristo en sí mismo y no vive realmente los misterios de Cristo, no vive la Santa Misa como debe ser, es un hipócrita.  Que en lugar de edificar estará destruyendo, queridos hermanos, ¡tenemos que vivir en Cristo Jesús!, ¡tenemos que vivir en Cristo!, lo demás vendrá por añadidura, ¡confortaos en el Señor!... 

Y continúa diciendo el Apóstol Pablo, “vestíos de toda la armadura de Dios para que podáis resistir a las insidias del Diablo, que no es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires.  Tomad, pues, la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y, vencido todo, os mantengáis  firmes”, y un poquito más adelante en la misma carta a los Efesios, añade el Apóstol:  “Embrazad en todo momento el escudo de la fe, con que podáis apagar los encendidos dardos del Maligno.”  (Efesios 6:10-13, 16)… la armadura de la fe, escudo de la fe, y ¿cuál es el escudo de la fe?, ¿es una fe teórica , que se queda solamente en la mente?, ¿es una fe que se vive solamente por predicar doctrina? ¡no!, el escudo de la fe, es la fe vivida, y la fe vivida no es otra cosa que vivir en Cristo, ¡vivir en Cristo!, ¡vivir en Cristo!, ¡vivir en Cristo!, ¡vivir en Cristo!, y cuando ya se vive en Cristo, implantar a Cristo en la familia, implantar a Cristo en las escuelas, implantar a Cristo en los colegios, implantar a Cristo en las universidades, no implantemos a Buda en las universidades, no implantemos a Buda en los colegios, no implantemos a Buda en las escuelas, ¿qué quiero dar a entender con el nombre de Buda?, que es el nombre de un falso profeta pagano.  Quiero dar a entender todas las filosofías paganas que se pueden meter por acción del Demonio a través del aprendizaje de un idioma, por ejemplo aquí en Costa Rica, están pretendiendo promover la enseñanza del idioma mandarín, idioma Chino, y a través del idioma Chino, se mete la ideología satánica del gobierno Chino, es el Demonio quien está incitando a que el pueblo caiga peor de lo que ya está.

Muchas veces he hablado de Jesús en mi vida, y muchos no me han querido  poner atención.  Queridos hermanos, unámonos a Jesús, ¡vivamos en Jesús!, y por tanto ¡vivamos en gracia!, vivir en gracia significa vivir sumergido en el Corazón de Cristo… Estamos en el mes de Junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús, y ¿cómo se nos ha venido presentando continuamente Jesús?, y no me quiero referir a imágenes que son muy buenas, me quiero referir a la realidad, ¿cómo se nos presenta Jesús en la realidad?, no en la imagen, no en un simple símbolo,  sino en la realidad del signo Sacramental de la Eucaristía, ¿cómo se presenta Jesús?, se presenta clavado en la Cruz, con su Costado abierto por la lanza del soldado, ¿para qué? Para que nosotros nos sumerjamos en su vida, y ya no seamos nosotros quienes vivamos, sino que sea Cristo, que sea  Él quien viva en nosotros.

Queridos hermanos, si nos esforzamos por promover doctrina, incluso con el riesgo de promover discusiones tontas, o discusiones inútiles, o discusiones inoportunas, pero no vivimos en Cristo, ¿qué se va a lograr con eso? División, y ¿quién es el padre de la división? El Diablo, el Diablo quiere dividir, y este momento que estamos viviendo en la Iglesia, este momento que estamos viviendo en el mundo, en la sociedad, queridos hermanos, es un momento crítico, y si el Diablo logra dividirnos, el Diablo va a reinar, en cambio, si queremos que el Diablo no reine, hermanos, unámonos no solo en la doctrina que ciertamente es necesaria, unámonos en una vida moral que es necesaria, pero sobre todo queridos hermanos, ¡unámonos en la experiencia gozosa, en la experiencia viva de Cristo!... ¡Cristo ayer, Cristo hoy, Cristo siempre!... ¡Cristo ayer, Cristo hoy, Cristo siempre!... ¡Cristo en mis ojos!, ¡Cristo en tus ojos!, ¡Cristo en tus oídos!, ¡Cristo en tus labios!, ¡Cristo en tu lengua!, ¡Cristo en tu olfato!, ¡Cristo en tu corazón!, ¡Cristo en tus pulmones!, ¡Cristo en tus manos!, ¡Cristo en tus pies!, ¡Cristo en todo tu cuerpo!, ¡Cristo en toda tu alma!, ¡Cristo en tu espíritu!, ¡Cristo en tu hogar!, ¡Cristo en tu escuela!, ¡Cristo en tu colegio!, ¡Cristo en tu universidad!, ¡Cristo en tu oficina!, ¡en tu lugar de trabajo!, aunque te echen de tu trabajo, ¡Cristo antes que nada!, ¡Cristo es lo único que necesita el mundo!... echemos al Demonio de nuestras vidas, echemos al Diablo de nuestros alrededores, de nuestros hogares.  ¿Por  qué hay tanto adulterio en Costa Rica, por qué hay tantas jóvenes madres solteras, por qué?, porque el Diablo las ha llevado a buscar el placer estúpido del sexo desbocado.

Queridos hermanos, el Diablo tiene muchas maneras de actuar, pero Dios es infinitamente más que el Diablo, el Diablo  al fin y al cabo tiene un poder temporal, el poder del Diablo es muy grande pero es temporal, al final de los siglos, el poder del Demonio terminará para siempre y él seguirá siendo por toda la eternidad Demonio, seguirá sufriendo por toda eternidad en unión con todos los que le sigan, en unión con todos los que sigan sus insinuaciones, pero Dios tiene más poder, y el Poder de Dios es Infinito y Eterno, y quienes sigan las insinuaciones de Dios, ¡quienes vivan en Cristo!, ¡quienes vivan en Cristo!, ¡quienes vivan en Cristo!, podrán participar del Reino Eterno , del Dios Todopoderoso, del Dios Infinitamente sabio, del Dios Infinitamente justo, que castiga a quien tiene que castigar, que perdona a quien merece perdón, y que premia a quien se ha esforzado por vivir en Cristo, porque solamente quienes vivamos en Cristo llegaremos al Cielo, quien pretenda llevar una vida sin Cristo, se va al Infierno, ni siquiera pasará por el Purgatorio, quien viva sin Cristo, en cambio el que viva  con Cristo, aunque tenga que pasar por el Purgatorio, llegará al Cielo, pero ojalá que vivamos en Cristo de tal manera, a tal grado que  ni siquiera tengamos que pasar por el Purgatorio, esa tiene que ser la aspiración, ese tiene que ser el esfuerzo de un verdadero cristiano.

Hermanos, vivamos en Cristo, seamos sobrios y vigilemos, revistámonos de la armadura de Dios, vivamos la Fe, vivamos en Cristo, y ayudemos al prójimo a vivir en Cristo, lo demás viene por añadidura, y ¿qué es eso más que viene por añadidura?, no lo sabemos, lo sabe Dios en su Infinito Amor, en su Infinita Sabiduría, en su Infinita Justicia, en su Infinita Misericordia, ¡vivamos en Cristo!, ¡vivamos en Cristo!, ¡vivamos en Cristo!, ¡dejémonos de superficialidades!, rechacemos todos los ofrecimientos del mundo, rechacemos los ofrecimientos del Demonio, rechacemos las inclinaciones pecaminosas de nuestro propio ser, de nuestra propia carne, y ¡aceptemos la Cruz de Cristo!, ¡vivamos en el Corazón de Cristo!, ¡vivamos escondidos en Cristo!, y escondidos en Cristo lleguemos al Reino de Dios por toda la eternidad.  Así sea.

Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.


El Amor Victimal del Sagrado Corazón de Jesús

Conclusión de la Solemnidad de
Opus Corpus Eucharistici
SOLEMNIDAD DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Viernes 12 de Junio de 2015
Epístola: Efesios 3:8-12,14-19;  Salmo 24:8-9;
San Mateo 11:29; Evangelio:  San Juan 19:31-37

Muy Queridos Hermanos todos en Cristo Jesús:

Hoy, obedeciendo la insistente invitación del Espíritu Santo que nos ha de mover, y con la cual precisamente concluye el Evangelio que se acaba de proclamar, veamos, contemplemos el Divino Corazón “que traspasaron” (San Juan 19:37).

Y lo vamos a hacer desde dos perspectivas necesarias en la vida de un verdadero cristiano, a su vez complementarias entre sí.  Y primeramente hemos de decir que ambas tienen su fundamento en aquello que movió a Nuestro Señor a permitir que le hicieran todo lo que le hicieron durante su Pasión, hasta culminar en ese hecho de tanto significado para toda la Iglesia y para cada cristiano: “le traspasaron”.  ¿Por qué quiso llegar hasta eso?  ¡Por puro amor!  ¡Y amor divino, perfecto, eterno, infinito!  ¡Amor y fidelidad al Padre Celestial!  ¡Amor a cada uno de los miembros de la Iglesia, de todo el mundo y de todos los tiempos!  ¡Amor a cada persona que había de abrirse al don grandioso de la salvación!  ¡Amor a cada ser humano!  Pero amor que no podemos confundir con vana tolerancia:  ¡Amor en la Verdad!  ¡Amor en la Santidad de Dios Uno y Trino! 

Sí, Jesús quiso llegar hasta el punto de que le traspasaran su Corazón para que sea el símbolo perpetuo de su amor verdadero.  ¡Amor victimal por el que nos sustituye ante la Justicia Divina!  Y es así como podemos contemplarlo bajo los dos aspectos que insinuaba al principio.

Primeramente, al contemplarle podemos traer a nuestra conciencia, a nuestro corazón aquellas palabras del salmista:  “El oprobio me destroza el corazón y desfallezco; esperé que alguien se compadeciese, y no hubo nadie; alguien que me consolase, y no lo hallé”  (Salmo 68:21)… “Que alguien se compadeciese”  En lo profundo del Corazón de Jesús, ¿Qué quiso dar a entender con el verbo compadecer?...  “Padecer con…” no es sólo un simple sentimiento, un simple afecto, no puede llevar a una actitud pasiva de simple acompañamiento, sino que ha de ser un verdadero padecer, sufrir como Jesús mismo para desagraviarle por todos nuestros propios pecados y los del mundo entero, así como por la salvación propia y de la Iglesia y la conversión del mundo.  Se trata por tanto de descubrir cómo toda nuestra vida puede adquirir un valor oblativo, victimal vicarial, o sea un constante y actual ofrecimiento de la vida, de cada acto, de cada situación, para el perdón, la purificación, la conversión, la santificación propia y del prójimo y de toda la Iglesia, y todo para la Gloria de Dios Uno y Trino.

Lo anterior, queridos hermanos, nos permitirá incluso comprender y vivir aquella importante petición que nos enseñó Jesús mismo en el Padre Nuestro:  “Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”  (San Mateo 6:12).  No es sólo pedir perdón por el acto pecaminoso cometido, sino que también se trata de quitar la mancha, la culpa ocasionada por el mismo acto, o sea la deuda contraída con el Señor, con su Cuerpo Místico la Iglesia, con el prójimo.  Es el sentido de la satisfacción que hemos de ofrecerle continuamente al Señor, y al cual, en sintonía con el Padre Nuestro, hace referencia la Oración Colecta de esta Santa Misa del Sagrado Corazón de Jesús.

Y ello tiene así mismo una relación con el Sacramento de la Confesión, concretamente con el cumplimiento de la penitencia que impone el Sacerdote al Penitente: mientras la necesaria absolución perdona el pecado, la penitencia ayuda a quitar la culpa contraída con el mismo, y consecuentemente aligera o incluso libera del Purgatorio.  Es otro de los beneficios del espíritu de Victimación que conlleva la frecuente y continua satisfacción que hemos de ofrecer en justicia cristiana a Nuestro Señor.

Y el segundo aspecto, o fruto, de la contemplación “del Traspasado de la Cruz”, es precisamente el que insinuaba hace un momento al señalar que la finalidad de nuestra oblación como víctimas vicariales ha de culminar en la santificación propia y del prójimo.  Porque no otra cosa es lo que nos expresa  el Apóstol en la carta a los Efesios cuando se refiere a su anhelo de “que seamos fortalecidos en virtud y que Cristo habite por la fe en nuestros corazones… hasta ser colmados de todos los dones de Dios”  (cf. Efesios 3: 16-19).

Sí hermanos todos, porque esa nuestra Victimación Vicarial no tendría mayor valor si no nos esforzamos por corresponder al Amor del Corazón de Jesús.  Correspondencia que equivale al esfuerzo constante, humilde, sincero, valiente, por “ser santos como santo es nuestro Padre Celestial” (cf. San Mateo 5:48).

Y es así como podremos cumplir los anhelos del Sacratísimo Corazón de Jesús, que podremos descubrir, comprender y responder si le contemplamos diariamente en el Sagrario, si participamos con la mayor frecuencia posible de su Santo Sacrificio en la Santa Misa, haciéndonos uno en ÉL por la Sagrada Comunión, dispuestos a ser “Víctimas Vicariales de amor por Jesús”, hostificados no sólo para el tiempo sino también para la eternidad.  Así sea.


Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.