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La Plenitud integral en Cristo Eucaristía

Domingo XVI después de Pentecostés  
28 Septiembre de 2014


Efesios 3: 13-21;  Salmo 101: 16-17
Salmo 97: 1;  San Lucas 14: 1-11




Pbro. Edgar Arturo de Jesús, o.c.e.



Muy queridos hermanos, quiero comenzar hoy con algo que a primera vista no tiene nada que ver con la Palabra de Dios del día de hoy.   Ustedes saben que aquí en Costa Rica tenemos como próceres de la Patria a Juan Rafael Mora, a Juan Santamaría, y a nivel de Latinoamérica también se menciona a otros, como José Antonio Sucre, como Simón Bolívar y otros, y otros que también a nivel de Centroamérica son muy conocidos aunque lastimosamente se entregaron a ideologías totalmente equivocadas, como Francisco Morazán.  Todas estas personalidades están por así decirlo vivos en el recuerdo de nuestros pueblos, y los gobernantes actuales, por supuesto vivos todavía, o los ex gobernantes, muchas de ellos están todavía vivos, pero tarde o temprano también les llegará el momento de presentarse ante el juicio de Dios, y hallan hecho bueno o hallan gobernado mal, estarán también vivos en el recuerdo de nuestros pueblos.

Hermanos, por qué menciono todo esto?    Cuál es el papel que Cristo desempeña en nuestras vidas?, cuál es el papel que Cristo Jesús desempeña en la vida de nuestros pueblos?  Será un papel igual al de todos estos próceres que acabo de mencionar?  Por qué?   Ellos murieron y están vivos sólo en el recuerdo y en todo caso también en el papel de los libros de historia, Jesús no está sólo en nuestro recuerdo, Jesús no sólo está en el papel de los libros, ni siquiera sólo en el papel de los libros de la Biblia, ¡Jesús resucitó de entre los muertos y está vivo!   Por tanto, mientras tengamos recuerdo de los próceres patrios, no podemos tener recuerdo de Cristo, porque Cristo está entre nosotros realmente vivo, y por supuesto de una manera  real, física y espiritual, no sólo espiritual, sino realmente física en la Sagrada Eucaristía.

Queridos hermanos, si Cristo entregándose voluntariamente a la Muerte, venció la Muerte, Resucitando y con su Poder infinito perpetua todo este Misterio de Salvación que implica su Divinidad Eterna con el Padre y el Espíritu Santo, y que implica su Nacimiento como Hombre del Seno de María Santísima y que implica toda su vida, todas sus enseñanzas, todos sus milagros como el que hoy vimos en el Evangelio:  La sanación del hidrópico, que implica su Pasión, su Sufrimiento, que implica todas sus enseñanzas, que implica su camino de la Cruz, y que implica su Muerte clavado en la Cruz, y que culmina en su Resurrección, y su Ascensión a la Diestra del Padre, incluyendo también por supuesto la Institución de la Eucaristía por la cual El continúa en medio de la Iglesia y  por el Ministerio de la Iglesia todo este Misterio.    Queridos hermanos, ¿por qué motivo muchas veces vemos que los católicos tratan a Jesús de la misma manera que tratan a los próceres de la Patria, como si fuera solamente un recuerdo mental o en todo caso un recuerdo afectivo?  Cristo no puede estar en nuestras vidas como un simple recuerdo, Cristo no puede estar en nuestras vidas como un simple concepto filosófico, como pretenden presentarlo algunas sectas totalmente equivocadas, por ejemplo el gnosticismo, que presenta a Jesús como una idea que anda flotando en los aires, Cristo no es una idea que esté en nuestras mentes, Cristo no es un afecto de simple solidaridad con el prójimo, Cristo no es un simple afecto de solidaridad para con el prójimo, Cristo no es tampoco una ideología política, ¡Cristo es la Persona del Hijo de Dios que se hizo Hombre sin dejar de ser Dios para salvarnos, sí hermanos, para salvarnos!  

¿Qué significa la palabra salvación?, ¿qué significa el concepto de salvación?  Sintetizado: Plenitud.  La salvación no es solamente liberar de cadenas políticas, sociales, económicas, la salvación realizada por Cristo va muchísimo más allá de esa mal presentada y mal llamada teología de la liberación, esa mal llamada teología de la liberación es una tontería anti teológica, anticristiana.  Queridos hermanos ¿qué es la salvación entonces?, esa salvación que realizó Cristo, no es tampoco eso que nos dicen que hay que abrirles las puertas a los prisioneros, a los que están en las cárceles, no es ir a abrirles las puertas a los que están en las cárceles, ni es tampoco contentarse con visitar las cárceles una vez a la semana, o una vez al mes, o una vez al año, no es tampoco ir a visitar los asilos de ancianos o de huérfanos,  para la fiesta de navidad para darles regalitos que se terminan rápido.  Queridos hermanos la salvación realizada en Cristo, la Salvación que Cristo continúa concediéndonos a todos es aquello a lo cual me referí el domingo anterior: Plenitud de Vida integral.  Los que me conocen desde hace años, saben que esta expresión la vengo empleando desde hace años.  Cristo nuestro Señor, Hijo de Dios e Hijo del Hombre, Salvador del mundo no quiere ver al ser humano esclavo de la miseria, Cristo nuestro Señor no quiere ver al ser humano esclavo de la enfermedad, ni siquiera no quiere ver a nadie esclavo de la muerte;  y se esclavizan de la muerte no solo temporal sino también eterna aquellos que por indiferencia y por ignorancia y por cobardía se mantienen en pecado grave, esos están en la muerte eterna aunque anden caminando por las calles, a esos son los que yo me refería el domingo:  "Cadáveres ambulantes".  Hermanos Cristo nos quiere con plenitud de vida, y porque Cristo realizó y continúa realizando por la Eucaristía especialmente y también por el Sacramento de la Confesión esa Salvación, el mundo pagano, corrupto, hipócrita y violento continúa persiguiendo a Cristo.  Lo persigue de qué manera:  1.-  Directamente a Cristo, lo persiguen haciendo el Sagrario a un lado, cuando relegan el Sagrario a pequeñas capillas, con la pretensión de darle oportunidad a los fieles a tener más intimidad con Cristo, están relegando a Cristo a que sea visitado solamente por grupitos privilegiados y Cristo no se queda en la Eucaristía para grupitos, Cristo se queda en la Eucaristía para toda la Iglesia, además, Cristo no es un sirviente en este momento, no tiene por qué estar a un lado, Cristo es el Señor, y merece el centro de nuestros Templos, pero el mundo hipócrita y cobarde, el mundo materialista, quiere hacerlo a un lado, relegando los Sagrarios, a Capillas Laterales, o a un lado del Altar como si fuera un Santo cualquiera, como si fuera una devoción más, Cristo no es una devoción  más, o se vive en Cristo o se está muerto, pretenden tirar a Jesús por los suelos para que sea pisoteado cuando se distribuye la Sagrada Comunión en la mano, pretenden presentar a Jesús como si fuera una comida social dándola en la mano, o porque el "ser humano es digno de comer por su propia mano, solamente a los niñitos pequeños se les pone la comida en la boca", ese es el pretexto que ponen;  queridos hermanos, el ser humano que no se humilla ante Jesús doblando rodillas y recibiéndolo en la boca, es un soberbio y los soberbios van al infierno.  Queridos hermanos relegan a Jesús al olvido, al desprecio, poniendo al Sacerdote durante la Santa Misa de espaldas a Jesús para celebrar la Santa Misa, cuando el Sacerdote con el pueblo debiera estar frente a Jesús, durante la Santa Misa.

Otro aspecto de la persecución contra Cristo, en otro lugar del Evangelio Jesús dice:  "Quien a vosotros persigue, a mí me persigue", y hoy día muchos cristianos por ser fieles a Jesús están siendo perseguidos, no solamente en Irak, y tenemos que orar por nuestros hermanos de Irak, que están siendo fortísimamente perseguidos por ser cristianos, y nuestros hermanos en la fe en Sudán, y en Afganistán, en Ucrania, en la India, en China, aquí en Costa Rica los verdaderos cristianos, los verdaderos católicos estamos siendo perseguidos, y muy astutamente se nos está relegando a lo que se llama la "muerte social". no se nos permite actuar públicamente, eso es persecución contra Jesús.

Queridos hermanos, por qué, porque el mundo perverso, el mundo materialista ha engañado a la sociedad en general haciéndole creer que con actos de filantropía, es suficiente.  Hermanos esa idea se ha metido en el seno de la Iglesia Católica, hay que ser bien social, hay que actuar filantrópicamente, hay que ayudar a los niños de la calle, hay que ayudar a los hombres y mujeres de la calle, ayudarles  ¿para qué?, para que lleguen a un lugar determinado cada día para darles de comer y después ¿qué?, siguen igual o peor que antes, se convierten en parásitos de la sociedad, se convierten en parásitos del Estado, en parásitos de la Iglesia, y Cristo no fundó la Iglesia para tener parásitos, Cristo fundó la Iglesia para que tenga vida en abundancia, Cristo fundó la Iglesia para que la Iglesia promueva en todo el mundo:  "vida en abundancia",  pero qué tipo de abundancia, a qué abundancia me refiero, ¿me refiero a abundancia de dinero?, No. ¿me refiero a abundancia de lujos?  No.  ¿Me refiero a abundancia de placeres?, No.  Me refiero a abundancia de integridad.

Queridos hermanos, el ser humano ¿es por un lado materia?,  ¿por otro lado inteligencia?, ¿por otro lado espíritu?  ¿y que la materia vea cómo hace y que la inteligencia vea cómo hace, y que el espíritu vea cómo hace? No.  El ser humano no son compartimentos estancos, separados cada uno del otro, el ser humano es ante Dios una Persona Integral, en la cual la materia tiene que colaborar con la inteligencia y con el espíritu, y la inteligencia tiene que colaborar con la materia y con el espíritu y el espíritu tiene que colaborar con la materia y la inteligencia.  

Esta es la misión de la Iglesia, comunicar a Cristo a todos los seres humanos, pero, con una característica muy importante:  Sin obligar a nadie, Cristo respetó la libertad de cada quien, prueba de ello es que al final de su vida la mayor parte de los que le habían escuchado, la mayor parte de los que habían recibido milagros de parte de Cristo, lo rechazaron, no se atrevieron a oponerse a las autoridades judías y a las autoridades romanas para defender a Jesús, nadie defendió a Jesús.  El mismo se lo dijo a Pedro: Cuando Pedro sacando la espada hirió a un siervo del sumo sacerdote: "Pedro guarda tu espada, ¿no sabes que si yo hubiera querido le pido una legión de Ángeles a mi Padre"  ( cf. San Mateo 26: 52-53), pero tenía que suceder esto.

Hermanos, Jesús sigue siendo perseguido, hagamos que Cristo no sea perseguido por nosotros, y hagamos que muchas otras personas se encuentren  realmente con Cristo y se abran libremente a la acción salvadora de Cristo, se abran a esa acción plenificante, integral de Cristo nuestro Señor, que quiere sanar cuerpos, inteligencias y espíritu, Cristo no quiere sanar sólo cuerpos, Cristo quiere sanar cuerpo, alma y espíritu. Seamos nosotros  los instrumentos de Cristo para llevar, para continuar llevando su acción salvífica, su acción plenificante a todos aquellos que Cristo ponga en nuestro camino sean familiares, sean amistades, sean súbditos, sean jefes, sean compañeros, que todo aquel que se ponga en nuestro camino encuentre a través nuestro a Cristo Salvador, a Cristo que plenifica, lo demás vendrá por añadidura.

"Al que es poderoso para hacer que copiosamente abundemos más de lo que pedimos o pensamos, en virtud del poder que actúa en nosotros, a El la Gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús".  

                                                                                    Ef. 3:20-21

Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.
   


Jesús Eucaristía, Plenitud de la Misericordia

DOMINGO XV DESPUES DE PENTECOSTES
21 de Septiembre de 2014
Gálatas 5: 25-26, 6: 1-10;  Salmo 91: 2-3;
 Salmo 94: 3; San Lucas 7: 11-16



Muy Queridos Hermanos en Cristo Jesús:

A partir de estas preciosas lectura, tanto de Gálatas como de San Lucas, debemos recordar otras palabras de Jesús, en otros lugares del Evangelio.  Por ejemplo:  “Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia”  (San Juan 10:10), y en otro lugar dice también el Señor:  “Yo soy la resurrección y la vida”  (San Juan 11: 25). 
Queridos hermanos, ¿qué es lo que nos presentan estas dos lecturas?  Podemos sintetizarlo en una sola palabra, una palabra que últimamente se menciona muchísimo en los ambientes de la Iglesia, desde Su Santidad el Papa Francisco hasta los últimos rincones de la Iglesia se viene mencionando con insistencia prácticamente diaria esa palabra, y que en realidad es el nombre de una virtud, una virtud muy importante, pero poco entendida:  la Misericordia.   Y digo poco entendida la virtud de la misericordia porque la inmensa mayoría de las personas la confunden fácilmente con tolerancia, incluso en algunas ocasiones con alcahuetería.  Pero la misericordia verdadera no es  tolerancia ni alcahuetería.  Y nos lo dice bien claro el Apóstol Pablo en la carta a los Gálatas:  nos dice Pablo entre otras cosas hoy  “Llevad los unos las cargas de los otros” pero también dice “cada quien debe llevar su propia carga”. 
Querido hermanos, analicemos hoy un poquito esa virtud.  Ciertamente grandiosa, importante, necesaria, urgente, pero repito, poco entendida.  Analicémosla.  Y para analizarla, veamos la misericordia a tres niveles, el primero de ellos absolutamente necesario para todos ser humano:  la Misericordia de Dios.  Todos necesitamos ser sujetos de la Misericordia de Dios.  No hay un solo ser humano sobre la tierra, ni en tiempos pasados, ni en tiempos presentes, ni en tiempos futuros que pueda decir:  “yo no necesito de la Misericordia de Dios”.  ¡Todos necesitamos la Misericordia de Dios!  Porque de una u otra forma todos hemos ofendido a Dios, todos hemos pecado, gravemente o levemente,  Dios quiera que no pequemos gravemente, pero somos humanos,  y si no tenemos suficiente fuerza de vida espiritual fácilmente caemos en el pecado venial, y el pecado venial también ofende a Dios.  Necesitamos su Misericordia.
Ahora bien, tenemos que decir que ciertamente la Misericordia de Dios es infinita, pero siempre hay que recordar que como Virtud Divina, o Virtud de Dios, va unida a todas las demás Virtudes, a todos los demás Atributos de Dios, entre esos la Justicia.  Así como Dios es infinitamente Misericordioso, Dios también es infinitamente Justo, y si alguien peca, sea gravemente, sea venialmente, y no se arrepiente de su pecado, la Misericordia de Dios no le llega, le llega la Justicia, porque dice también San Pablo muy claramente hoy mismo: “De Dios nadie se burla”.  
Entonces, queridos hermanos, debemos recordar lo que también hemos dicho en otras oportunidades:  la Misericordia de Dios, al igual que va unida con la Justicia, va unida también con la Verdad.  Y Dios, a quien se arrepiente  con sinceridad y con propósito de no volver a pecar, Dios le aplica su Misericordia, y recordemos otra cosa que también hemos dicho repetidamente, la Misericordia de Dios no es solamente perdón, la Misericordia de Dios es también Fortaleza para vivir según su Santísima Voluntad, es Fortaleza para vivir en santidad.  Pero podríamos continuar hablando de esa Misericordia Divina, pero veamos ahora cómo nos aplica Dios su Misericordia.  Hay sólo una manera, o un medio, por el cual Dios nos aplica su Misericordia, y ese medio es Jesucristo mismo.  Jesucristo, el que resucitó al hijo de la viuda de Naim, Jesucristo, el que dijo que había venido para dar vida en abundancia, ¡ese es el medio a través del cual Dios nos aplica su Misericordia, medio precioso, medio Santísimo, porque es Dios mismo, Jesús es Dios también.  Pero ÉL, concretamente ÉL es quien nos aplica su Misericorida.  Jesús mismo es quien nos aplica su Misericordia.  
Ahora bien, ¿a quiénes aplica su Misericordia?  Se la aplica a los que por el pecado están muertos.  En muchas otras ocasiones también hemos dicho que quien vive en pecado grave es un cadáver, un cadáver ambulante, y si ese cadáver ambulante se arrepiente de sus pecados, Jesús le aplica su Misericordia, o sea, ¡le resucita!... Ahora bien, ¿A través de qué le resucita Jesús?  ¿A través de qué le aplica Jesús su Misericordia a quien quiere revivir, a quien quiere ser resucitado por Cristo?  A través de los Sacramentos,  Cristo mismo le ha dado a la Iglesia, y especialmente tenemos que mencionar aquí tres Sacramentos:  Bautismo, alguien que no está bautizado es un cadáver, quien estando bautizado vuelve a pecar es un cadáver… ¿Cómo vuelve a resucitar Cristo Nuestro Señor a esa persona?:  por la Confesión Sacramental, pero Jesús no se contenta con decirle:  “¡Levántate!”…  Al decirle “¡levántate!”, Jesús le está diciendo “¡Vive en plenitud!”   Cuando de la boca de Cristo mismo sale ese “¡Levántate!”, cuando de la boca de Jesús a través del Sacerdote sale ese “Yo te absuelvo de tus pecados”, “Ego te absolvo”,  Jesús le está retornando la vida en plenitud, que le había dado en el Bautismo. Pero esa vida en plenitud tiene que ser alimentada, así como una persona que se levanta de su lecho de enfermo tiene que alimentarse bien para poder fortalecerse y no volver aq caer enfermo, así el pecador que se arrepiente y que recibe la absolución necesita también alimentarse… ¿Cómo?  De Cristo mismo, en la Eucaristía, para entonces tener esa vida en plenitud. 
Queridos hermanos, esta es la primera visión que siempre debemos tener de la Misericordia Divina, Cristo nos otorga su Misericordia, por el Bautismo, por la Confesión, por la Eucaristía, para darnos esa vida en plenitud, y tenemos entonces que vivir intensamente estos Sacramentos, tenemos que vivir intensísimamente el Bautismo, la Confesión, la Eucaristía, la Santa Misa, la Comunión, tenemos que vivirla cada día con mayor intensidad.  Y podríamos abundar en esta primera visión de la Misericordia.  Paso rápidamente a otras dos visiones de la Misericordia.  La Misericordia de Dios que se nos aplica es la primera. 
Ahora, queridos hermanos, la segunda:  nuestra vivencia de esa misma misericordia para con el prójimo.  El católico que no es misericordioso, según Dios, no según el mundo, para con el prójimo, es un hipócrita si dice que está viviendo la eucaristía… Queridos hermanos, el que vive la Eucaristía de verdad, el que vive la Eucaristía en profundidad, el que vive la Eucaristía con humildad, el que vive la Eucaristía con sinceridad, el que vive la Eucaristía con gratitud hacia Dios, el que vive la Eucaristía en un verdadero espíritu eclesial, aquello que ha recibido, la Misericordia de Dios, la comparte con el prójimo, y si ve a un prójimo que está necesitado, sea de lo que sea, le comparte lo que ha recibido de Dios.  Y recordemos que esa Misericordia nos da la vida en plenitud de Cristo, y por tanto queridos hermanos, lo que nosotros tenemos que compartir con el prójimo es “Vida en Plenitud Integral”, ¡Integral!, pero muy pocas personas han logrado entenderme esa expresión cuando cada vez que yo la he dicho, y no es la primera vez que la digo, y tampoco será la última que la diré. 
Cristo nos da vida en plenitud integral, y por tanto si nosotros compartimos la misericordia, si somos misericordiosos con el prójimo, tenemos que compartir, tenemos que colaborar con el prójimo, para que el prójimo también tenga “Vida en Plenitud Integral”.  ¡Hipócritas aquellos que sólo comparten con el  prójimo lo material!  ¡Hipócritas aquellos que pretenden compartir con el prójimo sólo lo espiritual! ¡Hipócritas aquellos que pretenden compartir con el prójimo sólo lo temporal!... O sólo lo transcendente!  Cristo nos da plenitud integral en todo sentido:  en lo espiritual, en lo moral, en lo físico, en lo psicológico, en lo personal, en lo familiar, en lo social, en lo laboral, en lo profesional, en lo económico,  ¡en todo!  Y esto tenemos que profundizarlo, queridos hermanos, para saber entender qué le está pidiendo Dios hoy a cada cristiano, qué está pidiendo Dios a cada católico, qué le está pidiendo Dios a cada católico que dice que hace oración… el católico que viene a decirme que está haciendo oración, pero se encierra egoístamente en sí mismo, en una salvación egoísta, o en la salvación egoísta solamente de su familia, es un hipócrita también.  El católico que hace oración de verdad, y que participa de verdad en los Sacramentos, tiene que salir de sí mismo, tiene que olvidarse de sí mismo y proyectar la Verdad de Dios hacia el prójimo… ¡esto es misericordia!... No solamente es sacarlo de la miseria, sino sacándole de la miseria llevarle a vivir en plenitud un auténtico cristianismo.  Sacarle de la miseria, ayudarle a dignificarse como ser humano, eso es una primera parte de la misericordia, pero para completar la misericordia a ese que se le da dignidad humana, hay que darle también la oportunidad de llegar a ser… ¡santo en Cristo Jesús!   ¡eso es misericordia!  ¡Lo demás son palabras que se lleva el viento!
Pero hay una tercera visión que no puedo dejar de mencionar:  Queridos hermanos, Cristo Nuestro Señor instituyó la Iglesia Católica como Madre amorosa que  cuida a sus hijos…  Y esta Iglesia, Madre amorosa de todos sus hijos, ¡hoy llora!… porque muchos de sus hijos están muertos:  ¡viven en el pecado grave!…  Nosotros, si realmente por los sacramentos, por la Eucaristía, vivimos en Cristo, tenemos que ser embajadores de Cristo ante esos hermanos nuestros en la fe que viven en pecado grave… Por eso nos decía San Pablo: “practicad la caridad con todos, pero sobre todo con los hermanos en la fe”.  Somos miembros de la Iglesia, y como miembros de la Iglesia, y como Iglesia por tanto, tenemos que acercarnos a quien viva en pecado grave, no para callarle el pecado, no para alcahuetearle esa situación de muerte, sino para ayudarle a salir del pecado, para animarle, para ayudarle a ponerse en el camino  en el cual va a encontrar a Cristo que en la Confesión y en la Eucaristía le va a dar plenitud integral.
Queridos hermanos, yo quiero invitarlos a que no dejemos en el olvido este mensaje que el Señor nos da hoy a través de su Palabra.  Analicemos este mensaje en todos sus puntos, en todos sus aspectos, y apliquémoslo a todo lo que el Señor está poniendo en nuestras manos en estos tiempos que nos toca vivir, para que el tiempo que viene, el tiempo que todavía tenemos que peregrinar en esta tierra, no sea conforme a los criterios del mundo, sino que sean conforme a los criterios de Dios, esos criterios de Misericordia Divina, esos criterios de santidad, esos criterios de vida en plenitud integral, para la Gloria de Dios y para la santidad de toda la Iglesia y bien de toda la humanidad. Así sea.

Pbro. José Pablo de Jesús Tamayo Rodríguez, o.c.e.  

La Cruz es nuestra vida

FIESTA DE LA EXALTACION DE LA SANTA CRUZ

Domingo 14 de Septiembre de 2014

Filipenses 2: 5-11;  Salmo 2: 8-9;
San Juan 12: 31-36






Muy queridos hermanos en el Señor:

Lastimosamente en el mundo católico de hoy día en general, se le da muy poca importancia a esta Fiesta que es ciertamente muy importante, especialmente constatamos esto aquí en Centro América, en Costa Rica, por las celebraciones cívicas de la Independencia Nacional, la Fiesta Religiosa de la Santa Cruz queda totalmente opacada, incluso estoy seguro de que hay muchísimos católicos que no saben que el 14 de Septiembre es la Fiesta de la Exaltación  de la Santa Cruz, sin embargo tiene una importancia enorme.  

Por eso lo que nos decía el Apóstol Pablo en su carta a los Filipenses.  Y qué nos daba a entender Pablo en esa Lectura, precisamente todo lo contrario de lo que el mundo enseña, todo lo contrario de lo que el mundo promueve…  ¿Qué es lo que promueve el mundo?:  la soberbia, el orgullo, el poder, la fama, y el Hijo de Dios, Dueño de todo el mundo, ¿qué nos dice?:  tomando sobre sus hombros la Cruz, nos dice que tenemos que ser humildes y capaces de vivir también nosotros como El y con El la Cruz… ¡Qué miedo le tiene hoy día el mundo a la Cruz!, sin embargo podemos estar en un mil por ciento seguros de que sólo el camino de la Cruz es el camino de la salvación, entendiendo por salvación lo que siempre hemos dicho:  Plenitud.   Hoy día, muchísimas organizaciones del mundo nos ofrecen plenitud y nos llevan al engaño de que la plenitud está en el goce de los placeres del mundo; ¡Qué error más grande! ¡Qué mentira más grande! y nos ofrecen placeres que, en sí mismos, por sí solos, pueden ser lícitos, no necesariamente pecaminosos,  pero que pueden ser la puerta para pasar de lo lícito a lo ilícito y a lo pecaminoso;  por ejemplo, quien llega a obtener muchos bienes materiales, eso no es ilícito, si alguien a base de su trabajo honrado obtiene muchos bienes, eso no es pecado pero, si por tener muchos bienes materiales , se encierra en el egoísmo material y espiritual, eso sí es pecado. 

Por eso queridos hermanos, el camino a la plenitud no es necesariamente el bienestar temporal, el camino a la plenitud es aquel que Cristo nuestro Señor, sin necesitarlo El mismo siguió, el camino de la Cruz, el camino de la humildad, el camino de la entrega, la propia entrega… Cristo se entregó en la Cruz, Cristo en la Cruz se nos entrega, Cristo en la perpetuidad eucarística de su Cruz se nos sigue entregando.

Queridos hermanos, aquí hay otro posible engaño del mundo actual, infiltrado incluso en la vida de la Iglesia; en ciertos sectores de la Iglesia hoy día están promoviendo una religión fácil, una religión cómoda, aquella que en mundo llamarían la religión light.  Cualquier religión cómoda, fácil, light, es falsa, la única religión verdadera, es la religión que sigue al Crucificado, la única religión verdadera es ésta que nos enseña a imitar al Crucificado, así como Jesús se entregó en la Cruz, así también nosotros hemos de entregarnos en la Cruz. 

Por supuesto, ninguno de nosotros va a morir como Jesús clavado en la Cruz, primeramente porque no lo merecemos, el gran apóstol San Pedro no se creyó digno de morir exactamente como Cristo y pidió que lo crucificaran cabeza abajo, donde Cristo tuvo los pies.  Es muy posible que ninguno de nosotros merezca semejante premio, pero sí hemos de estar dispuestos a cargar la Cruz del dolor, si eso llegara; hemos de estar dispuestos a cargar la cruz, muy especialmente del olvido de nosotros mismos para entregarnos y como siempre lo hemos dicho entregarnos como Jesús mismo continúa su Cruz Eucarística en el Altar, en dos sentidos:  Cristo perpetua en el Altar de la Eucaristía su Cruz primeramente para la Gloria de Dios Padre, y en segundo lugar para colaborar en la salvación y la plenitud del prójimo. 

Pero queridos hermanos quien me diga a mí que ama al prójimo  porque lo ayuda en muchas cosas, quien me diga que ama al prójimo porque le da limosna, quien me diga que ama al prójimo porque le regala una silla de ruedas al paralitico, pero no es capaz de entregarse como Cristo y en Cristo para la Gloria de Dios Padre y para la santificación de ese mismo prójimo es un mentiroso, en todo caso estará practicando la filantropía, pero no la verdadera caridad que tiene su fuente innegable en la Cruz.

Queridos hermanos ese es el gran ejemplo que Cristo nos da, y esta Fiesta de hoy debe tener para nosotros varios frutos, el primero, aquel que también nos insinúa muy preciosamente la Liturgia de hoy, cuando nos motiva para decir:


“Te adoramos, oh, Cristo y te bendecimos, pues por Tu Santa Cruz redimiste al mundo. - Adoramus te Criste et benedicimus tibi,quia per sanctan crucem tuam redimisti mundum”. 

Debemos adorar a Cristo crucificado, mucho nos critican a los católicos, porque el Viernes Santo adoramos la Cruz, no es un pedazo de madera lo que estamos adorando, es a Cristo Crucificado a Quien se adora, pero no hay que adorarlo sólo el Viernes Santo, hay que adorarlo en la Cruz, día tras día, cuando se participa en su Santo Sacrificio de la Cruz Eucarística en el Altar de la Santa Misa;  y además queridos hermanos, el otro fruto de esta Fiesta debe ser precisamente nuestra propia crucifixión, aceptando con paz todo lo que llega a nuestra vida, aceptando con verdadera paz responsable lo que llega a nuestra vida, ofreciéndoselo a Dios en la Cruz Eucarística de Cristo.  Y el tercer fruto ha de ser olvidarnos  de nosotros mismos para ayudar al prójimo a vivir también la plenitud de Cristo Crucificado, no podemos contentarnos con dar limosna, no podemos contentarnos con dar bienes materiales al prójimo, no podemos contentarnos con darle al prójimo bienes culturales, sino que debemos darle al prójimo aquello que también en otras oportunidades hemos dicho, la vida en Cristo, no debemos buscar entregarnos al prójimo para que el prójimo nos alabe, no debemos ayudar al prójimo para que el prójimo se pegue a nosotros como un parásito, sino que debemos ser canales, debemos ser puentes a través de los cuales la gracia de Cristo, la plenitud de Cristo Crucificado llegue al prójimo, y consecuentemente el prójimo también llegue a Cristo, sin quedarse en nosotros, ese es el puente que llamamos Cruz. 

Hermanos,  mañana estaremos celebrando la Independencia Cívica, yo siempre me pregunto, qué independencia tiene Centroamérica, si Centroamérica al igual que muchos países en el mundo en este momento es esclava del materialismo ateo, esclava del relativismo inmoral que domina en el mundo.  Por tanto en estos días oremos y propongámonos trabajar cristianamente, entregarnos y vivir nuestra Cruz, la Cruz de Cristo para que Centroamérica llegue a vivir la verdadera y plena independencia, no sólo en el tiempo y en lo material y temporal, sino también en lo moral, en lo espiritual y en lo eterno.  Qué así sea.


Pbro. José Pablo de Jesús Tamayo Rodríguez, o.c.e.

Experiencia en Jesús

DOMINGO XIII DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

7 de Septiembre de 2014


Gálatas 3: 16-22;  Salmo 73: 20, 19, 22
Salmo 89: ;  San Lucas 17: 11-19


Muy queridos hermanos en Cristo.  Ciertamente el panorama que nos presenta hoy la Palabra de Dios, debemos verlo desde dos perspectivas:  Una  negativa y angustiante, la otra positiva y esperanzadora.  El panorama negativo que nos permite confirmar hoy el Señor es que ciertamente la inmensa mayoría de las personas incluyendo el pueblo católico:  Clero, vida consagrada, laicado, en la realidad profunda de sus vidas no viven la fe, porque recordemos que vivir la fe es tener la experiencia no sólo constante, sino también  continuamente creciente, central, umbral de Cristo nuestro Señor y menos todavía si nos referimos  al Misterio Eucarístico de Jesús:  Presencia, Sacrificio, Alimento de Vida Eterna;  y si no se vive la fe, experiencia viva y continúa de Cristo todo se  complica,  se corrompe, es dominado por las consecuencias de los pecados capitales:  Soberbia , avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza; dominado por los gustos y placeres del mundo, aparentemente buenos, pero, asesinos de una verdadera vida cristiana; y fomentados por los espectáculos públicos y los medios de comunicación social mal utilizados.  Y por eso todo lo que estamos viendo y escuchando en el mundo y experimentando en la sociedad, en la familia, en la misma Iglesia, es un panorama ciertamente angustiante, si se ve con ojos puramente humanos.

El panorama positivo, que se contrapone a lo anterior es precisamente que quienes con humildad, sinceridad, firmeza, generosidad, vivimos la experiencia de Cristo, podemos estar ciertos de que en Él y sólo en Él, hay salvación, en Él y sólo en Él, hay plenitud de vida, sólo en Él hay verdad, sólo en Él hay esperanza, sólo en Él hay paz, sólo en Él hay luz, sólo en Él hay verdadera solidaridad; que debe convertirse en comunión de vida. 

Pero debemos fortalecer esa experiencia vivencial de Cristo nuestro Señor, repito con humildad, sinceridad, firmeza, generosidad.  Con humildad ante todo en la relación con el Señor, porque lo primero que debe hacer quien realmente experimenta la acción de Cristo en su vida, es reconocer que es pecador; ha cometido pecados y siente las tentaciones del mundo, del demonio de la carne, cada día y reconoce con sinceridad que necesita el perdón del Señor,  dejándose aplicar el valor infinito de su Preciosísima Sangre en la confesión periódica, sincera, con un buen examen de conciencia, con sincero dolor de los pecados por haber ofendido a quien sigue entregándose eucarísticamente por su salvación, con fuerte propósito de enmienda y santificación, sin ocultar ningún pecado grave ni venial, cumpliendo la penitencia impuesta por el confesor. 

Con firmeza, porque no sólo lucha contra el pecado y las tentaciones, sino que con constancia se esfuerza por alcanzar el grado de santidad que Dios le pide, con la debida orientación del director espiritual, y el uso de los medios que Dios le concede en una auténtica vida espiritual y eclesial. 

Con generosidad, por una parte buscando cumplir siempre, no importa las circunstancias, la Voluntad de Dios en y desde la vivencia en Cristo; y por otra parte siempre dispuesto a dar el testimonio público, gozoso, sincero, valiente de Cristo, sin importar las consecuencias, incluso, martiriales que puedan llegar en cualquier momento.

Hermanos, ante estos dos panoramas, muy rápidamente esbozados, no examinemos a los demás, examinémonos a nosotros mismos y permitámosle a Cristo que nos cure de nuestra ceguera, de nuestra sordera, de nuestra mudez o tartamudez , vivamos con confianza, con gozo y seriedad simultáneas las Virtudes Cristianas, Fe, Esperanza, Caridad, Prudencia, Fortaleza, Sabiduría, Templanza, Pureza, Diligencia, Humildad, Desprendimiento, Paciencia, Perseverancia. 

Vivamos la Oración personal, no sólo para pedir por las necesidades, vivamos la adoración, la contemplación, la escucha de Dios para vivir realmente como ÉL quiere de cada uno, para descubrir los jóvenes el posible llamado a la vocación sacerdotal, vivamos la oración litúrgica, Breviario y Celebración de la Santa Misa, no como simple acto cultural y social según cree el mundo, sino como verdadera experiencia del Acto Salvífico del Señor, que nos sumerge en el océano infinito de su Verdad y su Amor y de su Relación Trinitaria con el Padre y el Espíritu Santo.   Y culminemos cada día, cada mes, cada año, cada etapa de nuestra vida con la vivencia plena del Sacrificio de Cristo en la Santa Misa, del Cristo que sigue sacrificándose, que sigue entregándose, que sigue amando, que sigue comunicando vida en plenitud, que sigue invitándonos a vivir igualmente en y desde su Divino Corazón nuestro propio sacrificio de hostificación, de oblación eucarística, para el establecimiento del Reino de Cristo en el corazón de la Iglesia,  en el corazón de cada cristiano, en el mundo. 

Así podremos no sólo ver y experimentar paz, sino que podremos con toda la Iglesia, continuar peregrinando esperanzadoramente hacia el Reino Eterno de Dios, que debe ser concientemente la meta de cada uno y de todos en la verdadera comunión en Cristo.  Si no se vive la Fe, experiencia permanente de Cristo, habrá oscuridad, habrá destrucción, habrá odio, habrá violencia, habrá pecado.  Si se vive esa Fe luminosa, esa experiencia amorosa, fiel, gozosa de Cristo, en medio de todo y a través de la Cruz, habrá verdadera y eterna realización, verdadera y luminosa plenitud. 

Cristo ayer, Cristo hoy, Cristo siempre.  Cristo en la salud, Cristo en la enfermedad, Cristo en la pobreza y en la abundancia compartidas, Cristo en las dificultades y sufrimientos, Cristo en los triunfos y en los gozos, Cristo en la aceptación,  Cristo en el hablar, Cristo en el callar, Cristo en la persecución, Cristo en la mente, Cristo en el corazón, Cristo en la voluntad, Cristo en el ser, Cristo en el hacer, Cristo en la vida, Cristo en la muerte, Cristo en la eternidad. 

“Sed, en fin imitadores de Dios como hijos amados y caminad en el amor como Cristo nos amó y se entregó por nosotros en oblación y sacrificio de fragante y suave olor”  (Efesios)  Así sea.


Pbro. José Pablo de Jesús Tamayo Rodríguez, o.c.e.