ADOREMOS A JESUS SACRAMENTADO

CAMPAÑA DE ADORACION Y DESAGRAVIO

Jesús te espera: En el Altar, para que recibiéndole te unas a El en su entrega salvífica.

En el Sagrario, para que le visites, acompañes y desagravies

“Te adoro y Te desagravio, Jesús Hostia,

ahora y siempre, aquí y en todo lugar”

Con la anterior Jaculatoria que es una Oración breve del corazón humano al Corazón de Cristo unámonos a esta campaña, repetidas veces durante el día utilizando el hostificador si se tiene.

Ofrecimiento para cada día : ¡Oh Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. ¡Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes con que El es ofendido; y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón e intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los Pecadores. San Juan Pablo II

Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

OBJETIVOS

OBJETIVOS

Hacernos uno en el Perpetuo Sacrifico de Cristo en el Altar para Adorar y Desagraviar a Jesús Víctima Sustitutiva en la Sagrada Liturgia.


7 de noviembre de 2016

DADIVA PARA JESUS EL SEÑOR


GENEROSIDAD NAVIDEÑA PARA CON JESÚS



6 de Noviembre de 2016

Muy Estimados Hermanos en Cristo Nuestro Señor:

Experimento la necesidad de compartir con todos y cada uno de Ustedes las siguientes consideraciones, que nos permitirán llegar a  constataciones y a una exhortación y solicitud en el Santo Nombre de Jesús, Nuestro Señor:

Como fundamento de lo que voy a compartir creo muy oportuno recordar lo que sucedió en tiempo del Profeta Daniel, durante la deportación ejecutada por Nabucodonosor:  Daniel y otros tres jóvenes hebreos son incluidos entre los eunucos que habían de servir en el palacio del rey,  y ellos cuatro logran ser alimentados frugalmente para no ofender a Dios, renuncian a los manjares del rey.  (Cf. Daniel capítulo 1, que nos recuerda el Breviario hoy en Maitines del 25º Domingo después de Pentecostés, este año 5º de Epifanía)

Ahora consideremos:
1.- Hoy día vemos con profunda preocupación cómo no sólo a nivel de la sociedad en general sino incluso a nivel de la misma Iglesia se ha relegado a Nuestro Señor Jesucristo a un lugar secundario, como un sirviente muy eficaz a quien en cualquier momento se puede acudir para pedirle, o incluso exigirle, los favores que el ser humano quiera pedirle según sus propios gustos, pasando el mismo ser humano a ser más importante ocupando el centro de todas las intenciones y preocupaciones tanto de la Iglesia –convertida así en una simple ONG- como de la sociedad civil en general.

Ante eso alguno me dirá:  Precisamente para eso vino ÉL, para servir, y le contesto:  Cierto, pero no para cualquier servicio, sino para el servicio de la Verdad:  “Yo para esto he venido, para dar testimonio de la Verdad” (San Juan 18:37)… Jesús no sirve cumpliendo caprichos humanos, Jesús sirve en y desde la Verdad para llevar a muchos a la Verdad que es Dios Uno y Trino.  Entonces: hoy día lastimosamente vemos cómo se vive lo que podríamos llamar herejía: mientras Jesús sirve en y desde la Verdad dando vida, el hombre reina en y desde la mentira dándose y dando muerte.

2.- Veamos otra realidad muy generalizada en todo el mundo: cuando alguien cumple años, familiares y amistades le obsequian con regalos.

3.- Pero ahora es necesario que esas dos realidades anotadas las comprobemos en algo que año tras año se vive en todo el mundo para estas épocas del año.  Me refiero a la Navidad:  Es el cumpleaños, el aniversario del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.  Y desde hace mucho tiempo se ha establecido en la Iglesia y la sociedad civil la costumbre de intercambiar regalos, pero si somos sinceros debemos reconocer que el materialismo ateo se ha aprovechado de eso para descristianizar toda esta sublime e importante celebración, que podemos decir se ha convertido en la “fiesta del comercio”, paganizándose toda la época durante la cual Jesús, que continúa “naciendo eucarísticamente cada día en nuestros altares”, “cumpliendo años eucarísticamente en el Altar y el Sagrario”, es olvidado, despreciado, desconocido, ultrajado no sólo con el paganismo de muchas de las actividades de fin y principio de año, totalmente inmorales y corruptas, sino que hasta ultrajado por los innumerables sacrilegios cometidos contra su Presencia y Sacrificio en el Santísimo Sacramento del Altar, y por la forma en que se celebra la Santa Misa convirtiéndola en un acto puramente humano social que se pretende presentar ante Dios con un sin número de cambios, añadiduras incluso paganas, satánicas, y/o supresiones que ponen en grave peligro de invalidez dicha celebración, culminando con la profanación –sacrilegio en muchos casos- de la comunión de pie y en la mano…

Eso y otra multitud de errores es lo que se le da a Jesús, dejándole olvidado, despreciado, profanado, desconocido, incomprendido en la Eucaristía el día de la celebración de su Natividad, mientras al ser humano se le deleita con infinidad de regalos para niños, regalos para adultos, regalos para familiares, regalos interesados para concubinas y/o concubinos, de fiestas y espectáculos paganos e inmorales, de excesos  con comidas y bebidas que llevan no sólo a la enfermedad sino también al pecado capital de la gula, de viajes inútiles tanto a  nivel nacional como internacional sea como turismo pagano o con motivo del fanatismo deportivo.  Y todo ello por supuesto con el gasto incalculable, egoísta, desmesurado, pecaminoso, de dinero, parte del cual podría invertirse en promover tanto a nivel personal como familiar, social y eclesial el verdadero Culto Sagrado al único Señor que merece especialmente en esta época de Navidad toda adoración y desagravio, así como en promover por un lado las verdaderas vocaciones sacerdotales y por otro lado el conocimiento y vivencia de la única y verdadera Doctrina Católica que tan necesaria es para la defensa y promoción de la única Fe que lleva a la salvación eterna.

Por todo ello, muy queridos hermanos, me permito exhortar y solicitar en Nombre de Jesús:

1.- Así, aplicando el ejemplo que mencionaba al principio del Profeta Daniel y los tres jóvenes, renunciemos totalmente a tanto “paganismo navideño”, apartémonos de la “Navidad de los regalos”, vivamos realmente, humildemente, con sencillez, esta Navidad que se acerca, vivamos de ahora en adelante la “Navidad Eucarística”, o mejor todavía, la “Navidad Oblacional”, para que la humanidad se abra verdaderamente al único Evangelio que salva, no el falso evangelio de la alegría mundana sino al Evangelio de la Cruz Oblacional de Cristo.

2.  Así se podrá ahorrar grandes cantidades de dinero, que podría ser mejor empleado, invertido hasta en una generosa colaboración con esta Obra que es precisa, radical y directamente litúrgico - eucarística, tanto en lo que se refiere a la construcción de su planta física, el “Reducto Eucarístico", como en toda la actividad litúrgico – eucarística que se debe realizar en el marco de la verdadera y única Tradición Doctrinal, Moral, Litúrgica, Pastoral.  Sin esa ayuda no podríamos continuar ni la construcción del “Reducto Eucarístico”, ni la promoción de las tan necesarias y verdaderas vocaciones sacerdotales, ni la adoración y desagravio a Jesús Hostia,  ni la defensa y promoción del Depósito de la Fe que el Señor le confió a la Iglesia Católica.

3.- Seamos apóstoles: ayudemos  a cuantos hermanos en la fe podamos a hacer conciencia de toda esta realidad, para que también ellos lleguen a la Verdad que salva.

Dios Todopoderoso bendiga a quienes entendiendo este mensaje sean económicamente generosos con Jesús Hostia, con Opus Cordis Eucharistici, con la Santa Iglesia Católica, con la salvación y santificación de las almas.

Pbro. José Pablo de Jesús
Tamayo Rodríguez, o.c.e.

Moderador general

1 de noviembre de 2016

Defiendo con coraje la Santa Iglesia que Nuestro Señor Jesucristo instituyó sobre los Apóstoles


¡TODO POR EL REINO DE CRISTO!  

Es Jesús Hostia Quien desde el Altar y el Sagrario dice:

"El oprobio me destroza el corazón y desfallezco; esperé que alguien se compadeciese, y no hubo nadie; alguien que me consolase, y no lo hallé."     (Salmo 68,21)
Así debo comenzar mi brevísima y clara respuesta a la Declaración conjunta de luteranos y católicos romanos "De la confusión a la comunión". Señalo por el momento 5 puntos clave:

   1.- El título "De la confusión a la comunión":  En primer lugar en dicha declaración achacan la confusión y división en gran parte al Concilio de Trento, lo cual es erróneo ya que el verdadero causante de la confusión y división fue Martín Lutero con sus 95 herejías, que el Concilio de Trento tuvo que condenar para defender la Verdad, cumpliendo la verdadera función de un Concilio.  En segundo lugar, el título sugiere que están llegando a la comunión, cuando ésta no puede darse en la tolerancia y promoción de errores, la comunión sólo puede darse cuando con humildad, sinceridad y valentía se vive y promueve la Verdad, y la Verdad es Jesús, que enseña y se entrega sólo en la única Iglesia que ÉL fundó sobre los Apóstoles a quienes entregó Doctrina, Sacramentos, Misión... Y toda esa declaración está llena de lenguaje confuso, ambiguo, engañoso que no lleva a la comunión con Quien es la Vida, Jesús, sino que lleva a una efímera unidad en el error, camino a la perdición.

2.- En dicha declaración hablan confusamente sobre un tema sumamente importante de la Doctrina Católica como es lo referente a la Gracia de Dios, tema sumamente profundo, que si se desea estar claro sobre ello les invito a buscarlo directamente en el Catecismo Mayor de San Pío X, no en Lutero.

3.- Otro tema sumamente confuso en ese lastimoso documento es el referente a la Justificación, sobre el cual se descubre una inclinación mutua, luterana y "católica", a aceptar el error de Lutero de que la fe basta para salvarse, sin necesidad de las obras. Eso no puede ser.  La fe necesita de las obras y éstas a su vez necesitan de la fe, deben ir íntimamente unidas.  Y nos referimos a "obras católicas": práctica de las virtudes cristianas, vida de oración, vida de sacramentos, disciplina, renuncia al mundo, cumplimiento cristiano de la misión en el mundo, vivencia vocacional, obras de caridad físicas y espirituales. Nunca sólo fe, nunca sólo obras: siempre fe y obras.

4.- En esa Declaración conjunta se aceptan las herejías de Lutero en relación con la Sagrada Eucaristía: según dichas herejías la presencia de Cristo se daría por la fe de la asamblea reunida, no por la acción de Cristo en el Sacerdote, además de que sería una presencia espiritual.  Por lo mismo el Sacrificio sería también sólo espiritual. La Santa Misa es el verdadero y actual Santo Sacrificio de N.S. Y la recepción de la comunión sería sólo representativa, conmemorativa, símbolo de fraternidad, una "cena fraterna", "cena del Señor".  

Y a este respecto debo reafirmar la verdad católica, que nadie puede cambiar: En la única y verdadera Santa Misa de siempre es Cristo por el Sacerdote, no por la asamblea, quien realiza verdadera, real, actualmente su Santo Sacrificio. Además en la  Consagración se da plena y realmente la Transubstanciación, por la cual la sustancia del pan y el vino no se quitan para dar lugar a Jesús sino que se convierten realmente en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor.  No es presencia espiritual, es real y actual.  Y consecuentemente al comulgar no hacemos ningún acto simbólico sino que realmente estamos comiendo y bebiendo el Cuerpo, la Sangre, el Alma, la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, nos hacemos uno con y en ÉL, ÉL nos asume con nuestra humanidad para hacernos uno en ÉL y así presentarnos ante el Padre. ¡Pobres luteranos que tienen que contentarse con símbolos...!  ¡Dichosos los católicos que vivimos todo el Misterio Eucarístico, "Oblacional" de Nuestro Señor!

5.- Otro aspecto  gravísimo y muy concreto de esa declaración conjunta es que se refiere de manera confusa y equívoca al Sacerdocio Católico, asemejándolo al sacerdocio común de todo bautizado y comparándolo con los pastores luteranos.  Así es como de manera equívoca dice que en la Santa Misa el Sacerdote es uno más entre todos los fieles, o bien se refiere a él como "presidente" de la asamblea.  En la verdad católica sabemos que el Sacerdote es "Ipsus Christus" ("el mismo Cristo"), por lo cual en la Santa Misa, y en todo Sacramento y Acto Litúrgico, no es un hombre más quien preside, es Cristo quien preside, no por la asamblea sino por su Sacerdote.

Recordemos lo que dice la Carta del Apóstol a los Hebreos en su capítulo 5:  "El Sacerdote es un hombre tomado, separado de entre los hombres para servir a Dios y a los hombres en lo que se refiere a Dios", deja de ser un hombre común para ser transformado en "alter", "ipsus" Christus" ("otro", "el mismo" Cristo"), es una realidad que actuando en lo material y temporal y pasando por lo sobrenatural y espiritual se realiza en lo ontológico del ser humano, es algo imposible de entender por la sola razón y que sólo con la luz del Espíritu Santo se puede no tanto comprender sino sobre todo vivir, experimentar.

Como decía al principio, estas son algunas de las cosas que en este momento puedo comunicarles en relación con esa Declaración conjunta, que considero nunca tenía que haberse dado.  Con ella se confunde a muchos católicos, tanto Sacerdotes como Seglares, así como se daña gravemente a los mismos luteranos ya que al no comunicarles con firme caridad y claridad la Verdad que sólo la Iglesia Católica tiene se les deja en el error y en grave peligro de condenación.

Y antes de terminar, recordando una vez más que esa declaración conjunta tiene un lenguaje sumamente ambiguo y confuso, no recomiendo su lectura.  Sin embargo si alguien quiere leerlo, ya tiene en este comentario mío una pauta para no dejarse confundir.  Más bien, para una buena formación católica si recomiendo estudiar bien el Catecismo Mayor de San Pío X, y si alguno se encuentra bien preparado, en lugar de perder el tiempo con documentos engañosos, podría invertir muy provechosamente el tiempo leyendo a los Santos Padres de la Iglesia, podría buscar en internet los documentos del Concilio de Trento, durante el cual trataron todos los temas que he señalado más arriba, e incluso podría llegar a investigar en la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino.

Otros puntos los tocaré en otras oportunidades.  Jesús Hostia les bendiga a todos.

Pbro. José Pablo de Jesús
o.c.e.

31 de octubre de 2016

Cristo Rey Oblativo.


A Tí Jesús te hemos reconocido en este Santo Sacrificio como Rey y Señor Universal.  Por eso, en el Reducto Eucarístico, como hermanos en la única fe, te imploramos y te damos gracias por el avance de esta construcción y en la confianza de llegar a bendecir Tu lugar predilecto;  "Un Sagrario digno para Tí, el Padre y el Espíritu Santo".





Celebrando la Santa Misa Tradicional
en el salón de catequesis






Para cumplir los anhelos de Cristo Rey Oblativo
este es el proyecto de su Capilla

6 de septiembre de 2016

La Fe viva es necesaria

DOMINGO 16 DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

4 de Septiembre de 2016

Efesios 3:13-21;  San Lucas 14:1-11


Muy queridos hermanos en Cristo N.S:

Los dos Domingos anteriores hemos hablado sobre dos de los medios más importantes para poder tener realmente la experiencia de Cristo Jesús:  La Santa Misa vivida realmente como el  Santo Sacrificio de Cristo al que nos unimos por una parte, y por otra la importancia de la Disciplina en la vida de Oración personal.  Y hoy la Palabra de Dios vuelve a ponernos por delante la necesidad de esa fe viva, de esa experiencia viva de Jesús, que no se contenta con sanar sino que con todo derecho nos enseña la necesidad de la virtud de la humildad para ponernos frente a su Misterio como Dios y Hombre.

Pero precisamente en estos días, analizando desde esa perspectiva del Misterio que debe enfrentarse con humildad la realidad que vive una inmensa mayoría de católicos y de personas en general, he recordado también aquel pasaje del Evangelio en el que dice Jesús:   “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?”  (San Lucas, 18:8)

Cuando se escucha o se lee esta expresión de Nuestro Señor, muchas de las interpretaciones que se encuentran se refieren sólo a la confianza en el presente y el futuro de la vida en esta tierra, se quedan sólo con un concepto de fe puramente humano.  Considero que no se está descubriendo todo lo que en ella quiere dar a entender el Señor en su profundidad…

“Cuando venga… ¿Quién?  ¿Un amigo?... ¿Un ser querido?...  ¿Un político famoso?...  ¿Un deportista famoso?...  ¿S.S. el Papa?...  ¡No!... ¡“Cuando venga el Hijo del Hombre”!... O sea, cuando venga ÉL, Jesucristo Rey Universal, Hijo de Dios e Hijo del Hombre,  ¿encontrará personas, fieles con Fe en ÉL mismo?  ¿Encontrará una fe teórica, puramente filosófica?  ¿Encontrará personas que dicen creer en ÉL, pero a la hora de la prueba se olvidan de ÉL?    ¿O encontrará sólo una fe interesada, la de aquellos que acuden a ÉL sólo cuando necesitan una ayuda, un favor?  ¿O encontrará fieles con una auténtica Fe viva, experiencial, en ÉL?

Y, ¿por qué hago estas preguntas?  Como dije hace un momento, es el análisis de lo que vive la mayoría de católicos en relación con Nuestro Señor.  Y de forma preocupante confirmamos que experimentamos que no se vive la fe, y además de eso, constatamos así mismo que muchos que dicen creer se han centrado en hablar y supuestamente defender y promover, incluso por internet y en diversos chats, la Doctrina Tradicional.

Ante esa constatación sí debo afirmar que ciertamente una experiencia sin Doctrina es peligrosa ya que  puede dar paso a devociones sin fundamento, o bien se puede convertir en fanatismo, si no es que a la larga llevaría a las personas a una vivencia estéril y debilitante que acabaría también con la fe.  Pero también debo afirmar que la Doctrina sin la vivencia real de Jesús terminaría igualmente en la esterilidad, y en el alejamiento de la fuente absolutamente necesaria de esa experiencia viva del Misterio del Dios Uno y Trino como son los Sacramentos, muy especialmente la celebración del Santo Sacrificio Propiciatorio de nuestro Señor en la Santa Misa al menos dominical, así como del Sacramento de la Confesión, que ha de ser frecuente, sin olvidar la experiencia personal y diaria de la intimidad con el Señor en la Oración de las primeras horas del día.

Hermanos, no seamos católicos sin doctrina; no seamos católicos sin experiencia viva de Jesús, sin relación íntima, profunda, amorosa, fiel con Jesús, y en ÉL con el Padre por el Espíritu Santo, no seamos católicos anónimos y mundanos, no seamos católicos sin experiencia de la maternidad, de la intercesión, de la ejemplaridad de la Santísima Virgen María, no seamos católicos sin Sacramentos, no seamos católicos sin el Santo Sacrificio de la Misa Tradicional, no seamos individualistas sin vida de Iglesia, no seamos egoístas interesados sólo en nuestra propia salvación.  Seamos Católicos fieles discípulos y testigos de Cristo, conocedores serios en el gozo del Espíritu Santo de la Doctrina, pero cristificados, hostificados por la vivencia del proceso de conversión, transformación, santificación que el Señor mismo nos propone a todos para la Gloria de Dios Uno y Trino.

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de Nuestro Señor Jesucristo… para que os dé firmeza en la virtud,… para que Cristo more por la fe en vuestros corazones.”  (Efesios 3:14,16,17ª)

 Se lo pido desde lo profundo del Corazón Crucificado, Traspasado y  Hostificado de Cristo Nuestro Señor.  Así sea.

Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

2 de septiembre de 2016

La oración, sendero para la santidad

Domingo 21 de Agosto 2016

Domingo XV Después de Pentecostés

Gal. 5:25-26,  6:1-10

Evang. San Lc. 7:11-16


Domingo 28 de Agosto 2016

Domingo XV 
Después de Pentecostés

Gal. 5:25-26,  6:1-10
Evang. San Lc. 7:11-16


Qué claro que es el Señor en su Palabra, claro y eternamente oportuno, porque ciertamente toda la Sagrada Escritura, se aplica a cualquier tiempo y a cualquier lugar del universo. 
El Apóstol Pablo nos dice hoy en la primera lectura a los Gálatas tenemos que ser muy constantes en el esfuerzo por vivir en la libertad del espíritu y no en la esclavitud de la carne, y una de las manifestaciones carnales que el Apóstol  ataca, que según el espíritu de la carne es precisamente lo más fuerte, la soberbia, la soberbia que lleva indefectiblemente al egoísmo, San Pablo nos dice que nos comprendamos los unos a los otros, la comprensión es una de las virtudes del Espíritu Santo que infunde en el alma del cristiano y ¡cuánto falta esta virtud hoy día entre los cristianos!, ¡cuánto falta en general en toda la sociedad la comprensión!, pero debemos tener muy en cuenta hermanos que la comprensión que debe existir en todos los seres humanos es totalmente diferente a lo que están promoviendo hoy día en el mundo, la tolerancia, la alcahuetería, la comprensión no es tolerancia, no es alcahuetería, por eso queridos hermanos es necesario luchar contra ese pecado capital del egoísmo, como es necesario luchar contra todos los pecados capitales:  soberbia, egoísmo, lujuria, envidia, pereza, gula, avaricia. 
Pero hermanos, por qué tenemos que luchar contra esos pecados capitales, ¿por qué tenemos que luchar contra el egoísmo?  Porque simplemente son antivalores humanos.  Se habrán dado cuenta de algo muy curioso, uno de los errores que hoy día se cometen frecuentemente en la Iglesia guiada por el Novus Ordo, es precisamente el error pastoral de preocuparse sólo por lo social, por el bienestar temporal del ser humano y de la sociedad en general, y ustedes se han dado cuenta que desde hace tiempo yo vengo enfocando las homilías de manera totalmente diferente, las vengo enfocando no solamente en el sentido de luchar contra el novus ordo, no solamente luchar contra el modernismo, sí que hay que luchar contra el modernismo, pero se han dado cuenta de que no estoy insistiendo sólo  en eso, estoy insistiendo en la vida espiritual de cada persona, en la vida espiritual de cada familia, en la vida espiritual de la Iglesia, en esto está enfocado el Apóstol San Pablo en todas sus cartas, incluyendo esta carta muy fuerte a los Gálatas, la lucha contra la carne y el espíritu y el espíritu contra la carne.  Es la lucha que debe llevar todo ser humano, luchar  contra sus propias tendencias carnales, no se está luchando contra la soberbia, no se está luchando contra el egoísmo, ciertamente hay que luchar contra la lujuria, y contra eso sí están hablando mucho en la sociedad actual, y a nivel de Iglesia se está hablando contra algunos de los pecados de lujuria, y eso hay que hacerlo, pero no es suficiente, hay que luchar contra el egoísmo propio, contra la propia soberbia, y contra la pereza, pero aquí hay que tener un cuidado muy grande, si se está luchando contra los antivalores de la sociedad actual, hermanos si lo estamos haciendo así, estamos perdiendo el tiempo, y estamos perdiendo la eternidad, no hay que luchar contra los pecados capitales como antivalores sociales, por qué hay que luchar? Porque el enfoque de nuestra lucha no puede ser enfoque negativo, sino que tiene que ser un enfoque verdaderamente cristiano, y el enfoque verdaderamente cristiano es un enfoque positivo, ¡porque quiero vivir la vida que Cristo ha merecido para mí!  Este es el enfoque que debe tener cada persona, este es el enfoque que debe tener cada católico,  vivir la vida que Cristo me ha merecido, vivir en el Reino de Cristo, este debe ser el motivo de todo católico, no solo prepararse para vivir en la eternidad, no, ¡ya! desde ahora.  Si alguien le preguntara a cada uno de ustedes, ¿vives ya en el Reino de Cristo?, ¿qué podrías responder?   Alguno diría que estamos en la tierra, pero en la tierra tiene que reinar Cristo, y para que Cristo Reine  en la tierra debe reinar en el corazón de cada uno de los que nos decimos católicos, y para eso queridos hermanos, el domingo pasado dije que había especialmente dos condiciones, y me referí a una, hoy me quiero referir a la segunda, y no son las únicas, y la que dije la semana pasada es la más importante:  “Vivir la Santa Misa conscientes de que es el Sacrificio de Cristo”, y por tanto, vivir nosotros también sacrificando nuestra propia persona en el Sacrificio de Cristo, y a ese respecto voy a insistir rápidamente lo siguiente:   Hermanos no aceptemos que alguien se refiera a la Santa Misa como banquete, incluso hay cuadros muy bonitos en los cuales  en medio de esa belleza artística se refiere a la Santa Misa como banquete, porque pueden mantenernos en la ambigüedad del novus ordo, la Santa Misa es esencial  que siempre la vivamos y la presentemos como el Santo Sacrificio.  Esa es la primera condición. 
La segunda también es, no solamente importante, es absolutamente necesaria, disciplina en la propia vida de oración, y esto lo he venido diciendo muchas veces.  Si el católico tenga la edad que tenga, y que pongan atención los niños, para los adolescentes, para los adultos, para los ancianos, para los casados, para los solteros, para los religiosos, para las religiosas y para el Sacerdote.  Hermanos el católico que no tiene disciplina  en su vida de oración está perdido.  Hermanos ¿qué quiero dar a entender con disciplina en la vida de oración?, día tras día debemos tener nuestros tiempos de oración, tenga la edad que tenga, la profesión que tenga, oración en la madrugada. Yo sé de católicos que se levantan 7, 8 o 9 de la mañana, imposible que hagan oración en la madrugada.  Me dirán que hacen oración bien al medio día, y ¿qué has hecho las primeras 12 horas del día? Las perdiste o se convirtieron en lenguas de fuego del infierno, por la pereza de levantarte.  El católico debe aprender a disciplinarse y  levantarse temprano que significa a más tardar 5am, para poder tener un tiempo oportuno con frescura de mente, con apertura de corazón y buena disposición de voluntad a conversar con Dios, a escuchar al Señor, a contemplar al Señor.  Si haces oración de medio día y no en la mañana, esa oración de medio día, ya va a estar cargada con todas las distracciones de la mañana.  Padre, ¿si estuve durmiendo hasta las 11 am.  qué distracciones pude tener?  Las distracciones del subconsciente que también se carga de las tonterías del materialismo mundano, en cambio si te levantas en la madrugada, vas a tener más fuerza de voluntad para vencer incluso las distracciones del subconsciente, oración en la mañana, oración a medio día, oración a media tarde, oración en la noche antes de acostarse, son tiempos que hay que tener oración, dándole mucha importancia a la oración de la madrugada.  Si no se hace esa oración, yo me pregunto, cómo asimilar y vivir las gracias que se reciben incontables, infinitas en la participación de la Santa Misa Tradicional.  Hermanos, la Santa Misa Tradicional es la fuente de la Gracia Infinita de Dios que se derrama sobre cada persona que verdaderamente participa en Ella, pero como es una gracia infinita, durante el poco tiempo que dura la Misa, no es suficiente para asimilarla y hacerla vida en uno mismo, y necesitamos otro tiempo adicional, el tiempo de la oración de la madrugada para continuar asimilando esas gracias absolutamente necesarias para poder luego vivir las 24  horas del día que comienza en santidad en el Reino de Cristo.
Hermanos, lo esencial de la vida cristiana, es vivir en Cristo, el que no vive en Cristo está muerto, es un cadáver ambulante, que anda por la casa, que anda por la calle, el que no vive el espíritu de oración está muerto, muchas veces los enemigos de Cristo atacan a los católicos,  y dicen va a Misa y está comulgando y después es un ogro con el prójimo, si participas en la Misa Tradicional y comulgas sin hacer oración, hermanos, estamos en el riesgo  que dice San Pablo, comer y beber la Sangre del Señor sin discernirla nos estamos comiendo nuestra propia condenación, y el que no hace oración en la madrugada, no discierne suficientemente la Carne y la Sangre del Señor.  Otro punto importante, ¿qué tipo de oración?  Yo cumplo la oración en la madrugada porque rezo mis devociones, No es suficiente rezar y rezar el Santo Rosario si no motivan a participar en la Santa Misa.  Yo amo a María Santísima, la amo imitándola y siguiendo sus pocos consejos,  “Fiat mihi Voluntas tua”, y ese Fiat María Santísima lo confirmó en la Boda de Caná, haced lo que El os diga, ¡qué consejo más precioso de María!, y para hacer lo que El nos dice, hay que contemplarlo a El, y para eso la oración de la mañana, que no puede ser un rezo de petición, sino que tiene que ser una oración de intimidad absoluta con el Señor, una oración de contemplación silenciosa, pero tenemos que tener el cuidado de que no vivimos en los aires, ni en los cielos, donde esa contemplación será el culmen de la vida Eterna, vivimos todavía en la tierra, rodeados de un ambiente materialista y modernista que nos va a  tratar de ahogar y de impedir esa verdadera oración de contemplación, entonces, ahí viene muy bien un consejo, que encontramos precisamente en uno de los salmos que se cita hoy en la liturgia de esta Santa Misa, el salmo 91, uno de sus versículos se cita en el Gradual, dice  que debemos salmodiar al Señor, cuando tenemos dificultad en la vida de oración empleemos la mejor oración que es la inspirada  por el Espíritu Santo, los Salmos, tomemos uno a uno y contemplemos a través de ellos, un versículo, y con eso el Señor nos va a ayudar a escucharle, a contemplarle y a hablarle.  Pongamos esmero en nuestra vida de oración igual que en nuestra vida litúrgica que culmina en el Santo Sacrificio de la Santa Misa y así seremos verdaderos católicos, capaces de no solamente mantener sino capaces de fortalecer y de realizar en plenitud el Reino de Dios aquí en la tierra, preparando el Reino Eterno para gozar en toda la eternidad de la Gloria de Dios Uno y Trino.  Así sea.  



Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

1 de septiembre de 2016

Las virtudes fruto de la Eucaristía

Domingo 21 de Agosto 2016

Domingo XIV Después de Pentecostés
Gal. 5:16-24     Evang. San Mt. 6:24-33


Nos habla hoy el Señor sobre las obras de la carne y las obras del Espíritu, y el Señor en el Evangelio  nos dice que no tenemos por qué estar preocupados por las cosas materiales y temporales.  Veamos la diferencia entre preocupación y ocupación; la preocupación no es cristiana, y muy fácilmente lleva a la angustia e incluso a la desconfianza, se desconfía de Dios y se llega a desconfiar de uno mismo, del prójimo y se cae en la angustia; en cambio la ocupación es virtud cristiana, porque la podemos asemejar a una responsabilidad, Dios no quiere al ser humano irresponsable, Dios quiere que el ser humano sea responsable de sí mismo y del prójimo.  Y si se llega a la desesperación ya es lo que Cristo en otro lugar del Evangelio llama blasfemia contra el Espíritu Santo, que no será perdonada en esta vida ni en la otra, y esto equivale  en muchos casos al suicidio, por eso la verdadera moral católica condena el suicidio como un pecado gravísimo y por tanto no se puede orar públicamente  por un suicida, por eso el verdadero Derecho Canónico de la Iglesia prohíbe incluso celebrar la misa por los suicidas, aún en el actual Derecho Canónico.  Hermanos  debemos ocuparnos de no realizar las obras de la carne para vivir las obras del Espíritu. 
Cuáles son esas Obras del Espíritu? Las Virtudes cristianas son las obras del Espíritu.  Nadie puede decir;  ¡yo no tengo virtudes!  Porque todo cristiano desde el momento en que recibe el Sacramento del Bautismo, en el Bautismo el Espíritu Santo infunde todas las virtudes en el ser humano que está siendo bautizado.  Ahora bien, Dios durante la vida le pedirá a cada persona el ejercicio eminente, el ejercicio claro, fuerte de esas virtudes, y en cada persona se van a distinguir unas u otras virtudes, pero todos tenemos infundidas por el Espíritu Santo todas las virtudes, en algunos va a resplandecer más la caridad, en otros va a resplandecer la paciencia, en otros la sabiduría, en otros la fortaleza de espíritu, en otros la comprensión.  Tenemos que ejercitarlas, ahora bien,   de qué manera podemos adquirir nosotros la fortaleza de  espíritu para practicar esas virtudes?   Esto solamente lo logra cada persona unida a Cristo, porque sólo unidos a Cristo seremos capaces de practicar las virtudes cristianas.  En todo caso sin Cristo se podrá practicar las virtudes humanas, que también existen, existen la fe humana, así como existe la fe cristiana, existe la fortaleza humana y cristiana, no las confundamos, ambas son buenas, ambas debemos practicarlas pero no contentarnos con virtudes humanas.  El conjunto de virtudes humanas es lo que podemos llamar:  “Los  valores”.  Y cuidado con los Ministerios de Educación que dicen que van a cambiar las asignaturas de Religión por Asignaturas de Valores.  Tenemos que vivir las virtudes cristianas uniéndonos a Cristo pero no sólo con devociones, que son necesarias, pero no suficientes,   la única manera de unirnos con plena seguridad a Cristo es viviendo los Sacramentos, y hoy quiero insistir en el más sublime:  “El Sacramento de la Eucaristía”. Qué es en realidad el Sacramento de la Eucaristía?  El Misterio de la Eucaristía no solo es Presencia, quien comulga con frecuencia debe dar el fruto del Espíritu, y se ha de reflejar en toda la vida personal, íntima, pública, tanto a nivel de la familia como a nivel de la sociedad en general, en todos los ámbitos se ha de ver el fruto de la vida eucarística.  Entonces, qué más falta para dar fruto de la Eucaristía?, no sólo como alimento cuando lo recibo en la Sagrada Comunión, también hay que vivirla como Sacrificio.  
Nuestra Obra ayer cumplió los 34 años, y la mayor parte de estos años la vivimos con la mejor buena intención de ser fieles al Señor, pero en la Misa Novus ordo, y durante ese tiempo, al principio, sobre todo al inicio llegamos a ser 24 miembros internos, y ahora somos mucho menos, porque aunque estábamos viviendo conscientemente que era Sacrificio, sin embargo era novus ordo, pero cuando descubrimos la verdad y la plenitud de la Tradición, nos hemos venido fortaleciendo y estamos viviendo la Santa Misa Tradicional, y ahora sí, hermanos puedo decir que esta Obra comienza a dar verdadero fruto, muy pequeño, como un granito de mostaza, pero pronto veremos el fruto.  

Cómo vivir la Misa Tradicional?   En cierta ocasión una persona me decía que yo le tapaba con la espalda, y ahora que no ven lo que hago sobre el Altar, tienen la posibilidad de llegar a vivir unidos a Cristo, porque ya no se interesan por verme, sino que por unirse con el Sacerdote, así se unen con Cristo, y Cristo en la Santa Misa es lo que ÉL es, Hijo de Dios e Hijo del Hombre, que en la Santa Misa continúa entregándose, para que ustedes unidos a Cristo, vivan la Misa entregándose ustedes en Cristo a la Justicia Infinita y Misericordiosa de Dios Padre.  Entonces,  la manera de vivir la Santa Misa es  unirse a Cristo Sacrificado para presentarse ante Dios Padre, y entonces sí, Dios Padre y Dios Espíritu Santo, y Dios Hijo, derraman su Gracia sobre los que viven verdaderamente el Sacrificio de Cristo durante la Misa Tradicional.  Hermanos, hay que aprender a vivir de verdad la Santa Misa Tradicional, uniéndose a Cristo Único y Eterno Sacerdote que continúa viviendo  su Sacrificio de la Cruz, para darnos a todos la gracia de la santidad, de la práctica continúa y heroica de las virtudes cristianas.

Vivamos este Misterio y veremos la Gloria de Dios.

Pbro. José Pablo de Jesús, o.c.e.

13 de julio de 2016

Con Jesús o con el espíritu del mundo

«In hoc signo vinces».
(382) Elija, por favor: ¿martirio o apostasía?
Padre José María Iraburu.
Sacerdote español

Yo, con perdón, no tengo vocación de mártir. Y el otro día le oí decir eso mismo a un sacerdote.
Pues convendrá que vaya usted a la parroquia y pida que anoten en su acta bautismal: apóstata.
El concilio Vaticano II va y dice que «a través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final» (Gaudium et spes 37b). La mayoría actual de los bautizados ni se entera siquiera de que existe esa batalla: están sordos para oír su fragor Pues bien, en esta «lucha dramática entre la luz y las tinieblas» (ib13b), o elige usted estar con los hijos de la luz por el martirio, o prefiere unirse por la apostasía a los hijos de las tinieblas. No hay una tercera opción. Se lo explico a continuación y usted elija.
 I.–Al principio de la Iglesia
–Nuestro Señor Jesucristo fue el primero de los mártires, en la Cruz del Calvario, y dió la vocación de mártires a todos los cristianos: «recibiréis el Espíritu Santo y sereis mis testigos (mártires)» (Hch 1,8). Cristo vino al mundo «para dar testimonio de la verdad» (Jn 18,37), y ésa misma será la vocación y misión de sus discípulos. Por eso de él nacieron otros muchos mártires, hasta nuestros días.
San Esteban, diácono, es el primer mártir cristiano (año 34: Hch 6,8-7,60). Años después el rey Herodes manda decapitar a Santiago el Mayor, hermano del evangelista Juan (año 44: Hch 12,2), y Santiago el Menor, primer obispo de Jerusalén, muere lapidado (hacia el 62). La primera gran persecución contra la Iglesia la organizó Nerón, con ocasión del incendio de Roma. Gran número de cristianos, hombres, mujeres y niños, fueron martirizados en sus jardines imperiales del Vaticano (64). En ese tiempo mueren mártires San Pedro y San Pablo (64-67).
–Los Protomártires de Roma dieron para todas las Iglesia la primera exégesis viva, absolutamente fidedigna, de aquellas palabras de Cristo enormes, tremendas, enigmáticas:
«Si el mundo os odia, sabed que me odió a mí primero que a vosotros Si me persiguieron a mí, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15,18-20).«El que quiera venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Porque quien quiera salvar su vida la perderá, y quien perdiere su vida por mi causa la salvará» (Lc 9,23-24). «Cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo»(14,33): ha de renunciar «aun a su propia vida» (14,26).
Conocemos bien esta persecución mortífera que la Iglesia de Roma sufrió en el año 64 por los relatos del papa San Clemente, cuarto obispo de Roma (88-97) y del senador e historiador romano Cornelio Tácito (55-120).
San Clemente Romano, en su I Carta a los Corintios, pone como ejemplo la fidelidad a Cristo de los cristianos de Roma en la persecución desencadenada contra la Iglesia por el emperador Nerón, después del incendio de la ciudad de Roma.
«A estos hombres [Pedro y Pablo], maestros de una vida santa, vino a agregarse una gran multitud de elegidos que, habiendo sufrido muchos suplicios y tormentos, se han convertido para nosotros en un magnífico ejemplo fueron perseguidas muchas mujeres que,… sufriendo graves y nefandos suplicios, corrieron hasta el fin la ardua carrera de la fe y, superando la fragilidad de su sexo, obtuvieron un premio memorable Todo esto, carísimos, os lo escribimos no sólo para recordaros vuestra obligación, sino también para recordarnos la nuestra, ya que todos nos hallamos en la misma palestra y tenemos que luchar el mismo combate Fijémonos atentamente en la sangre de Cristo y démonos cuenta de cuán valiosa es a los ojos de Dios y Padre suyo, ya que, derramada por nuestra salvación, ofreció todo el mundo la gracia de la conversión».
Tácito, Cornelio, historiador, cónsul, senador, describe fríamente la persecución neroniana que sufrieron los cristianos. «Se empezó a detener abiertamente a los que confesaban su fe; luego, por las indicaciones que éstos dieron, a toda una ingente muchedumbre» (Anales XV, 44). Describe las mayores injusticias, atropellos y atrocidades sin objeción alguna. Más bien expresa en su relato el inmenso desprecio que los cristianos le merecen, empleando al hablar de ellos en el texto aludido las más odiosas palabras: «ignominias»«execrable superstición»«atrocidades y vergüenzas»«odio al género humano»«culpables»«merecedores del máximo castigo»… Y tampoco se avergüenza de decir:
«A su suplicio se unió el escarnio, de manera que perecían desgarrados por los perros tras haberlos hecho cubrirse con pieles de fieras. O bien clavados en cruces, al caer el día, [untados de brea] eran quemados de manera que sirvieran como iluminación durante la noche». Fueron  tales los tormentos que llegaron a suscitar compasión y horror  en el mismo pueblo romano. «Entonces sigue diciendo Tácito se manifestó un sentimiento de piedad, aun tratándose de gente merecedora de los más ejemplares castigos, porque se veía que eran eliminados no por el bien público, sino para satisfacer la crueldad de un individuo», Nerón. Y la persecución no terminó en aquel  fatal verano del 64, sino que continuó hasta el año  67.
* * *
–Casi todos los Papas en los tres primeros siglos fueron mártires. De los 31 Obispos que hubo en Roma hasta la conversión del emperador Constantino (312-337), 25 murieron mártires. Solamente 6, que señalo en cursiva aunque también fueron perseguidos, por supuesto– no fueron mártires. Quien aceptaba ser el Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo en la tierra ya sabía que muy probablemente iba a ser prontamente asesinado. Por ello, todos fueron mártires, al menos espiritualmente. Y todos fueron santos. 
+San Pedro (+67). San Lino (+76). +San Anacleto (+88). +San Clemente I (+97). San Evaristo (+105). San Alejandro I (+115). San Sixto I(+125). +San Telesforo (+136). +San Higinio (+140). +San Pío I (+155). +San Aniceto (+166). +San Sotero (+175). +San Eleuterio (+189). +San Víctor I (+199). +San Ceferino (+217). +San Calixto (+222). +San Urbano (+230). San Ponciano (+235). +San Anterus (+235). +San Fabián (+250). +San Cornelio (+253). +San Lucio I (+254). +San Esteban I (+257). +San Sixto II (+258). –San Dionisio (+268). San Félix I (+274). +San Eutiquiano (+283). +San Cayo (+296). +San Marcelino (+304). +San Marcelo I (+309). +San Eusebio (+309). Con la conversión del emperador Constantino (312-337) cesan las persecuciones y logra la Iglesia la libertad civil.
* * *
De los datos precedentes, que son ciertos, se deducen tres consecuencias fundamentales.
1. La Iglesia, durante sus primeros tres siglos, no tiene ninguna viabilidad histórica como sociedad religiosa. Está formada por innumerables comunidades, presentes en todo el Impero, pero es diezmada por las persecuciones con frecuencia, y concretamente su Presidente supremo, el Obispo de Roma, casi siempre muere asesinado. Lo que también es muy frecuente en los demás Obispos y miembros principales de las Iglesias.
2. El pueblo cristiano no se escandaliza ni se desanima ante esta realidad tan terrible. No se hallan quejas ni lamentos pesimistas en los primeros escritos cristianos. Por el contrario, las Actas de los mártires, concretamente, vienen a ser partes de victoria, sorprendentes por su esperanza y alegría. Todos ven como «lo más normal» las terribles y al parecer inacabables persecuciones, pues todos saben muy bien, como ya recordamos al principio, que han sido claramente anunciadas por Jesucristo, el Mártir primero. Puede decirse que tal convicción es entonces decultura general entre los cristianos, no sólo por fe en la profecía del Maestro, sino por la experiencia histórica. Quienes en tales condiciones entran por la puerta estrecha de la Iglesia ya saben que «renuncian al mundo», a toda prosperidad temporal, y que van a «perder la vida» para salvarla.
3. En ese tiempo la Iglesia crece y se extiende más y más por todo el Imperio, confirmando así la palabra de Cristo: «En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere, llevará mucho fruto» (Jn 12,24).
En el año 197 escribe Tertuliano: «La sangre [de los mártires] es semilla de los cristianos» (sanguis martyrum semen christianorumApologeticum50,13). Por ese mismo tiempo se escribe en una carta de autor anónimo al pagano Diogneto: «¿No ves cómo [los cristianos] son arrojados a las fieras para obligarles a renegar de su Señor, y no son vencidos? ¿No ves cómo, cuanto más se los castiga de muerte, en mayor cantidad aparecen otros? Eso ya se ve que no es obra de hombres; eso pertenece al poder de Dios; eso son pruebas de su presencia» (VII,7­8). Por esos años también, Hipólito Romano escribe durante la persecución de Septimio Severo, que un gran número de hombres, atraídos a la fe por medio de los mártires, se convertían a su vez en mártires (cfCom. sobre Daniel II, 38).
* * *
¿Por qué el Imperio Romano persigue a muerte a los cristianos, teniendo en el Derecho romano un conjunto de leyes tan justas, y albergando el Imperio dentro de sus inmensas fronteras una gran diversidad de pueblos, cuyas leyes y religiones toleraba sin dificultad alguna?… Fueron muchas las causas.  Las comunidades cristianas confesaban un Dios único, Señor de todas las naciones, negando de este modo a los dioses romanos y a cualquier otra religión. Por su continua actividad misionera trataban de difundir en todo el mundo la fe en Jesucristo, como único Salvador de la humanidad, y predicaban todas sus enseñanzas como los únicas verdaderas en medio de un bosque de errores y mentiras.
Los cristianos denunciaban con su testimonio y también con su palabra los vergonzosos pecados que invadían a los hombres de su tiempo, que habían llegado a ver los peores vicios como excelsas virtudes (Rm 1). Se negaban a participar en los cultos del Imperio: preferían la muerte, antes que quemar unos granitos de incienso ante la estatua del emperador divinizado. Y aunque en nada accidental se distinguían de sus contemporáneos, y eran los más cumplidores de las leyes, se diferenciaban claramente de la sociedad vigente,  porque no admitían en absoluto abortos o infanticidios, divorcios, concubinatos y adulterios, espectáculos indecentes y crueles, y se distanciaban incluso de costumbres por todos aceptadas, como las termas Y para colmo, en todo el Imperio se multiplicaban en una cantidad alarmante. El pueblo, estimulado por los políticos y los intelectuales, fue creando siniestras calumnias, que hacían ver a los cristianos como «un pueblo miseriable y odioso».
Entrar por la puerta estrecha bautismal en la comunidad cristiana venía a ser una auto-condena a perpetuidad, al menos en algunas regiones del Imperio… Era  «perder  la vida» por amor al Salvador único del mundo La «renuncia al mundo» (apotaxisque el cristiano profesaba en los ritos del Bautismo iba en serio: no era sólo una frase de signficado puramente espiritual La condición de ciudadano tolerado, proscrito pero tolerado, era permanente. Las grandes persecuciones extremas exilios, cárceles, trabajos en las minas, tormentos, fieras, muertes, no eran continuas; pero que en cualquier momento, en cualquier región del Imperio, a veces por circunstancias mínimas, se podían desencadenar. Y se desencadenaban. Y aun así seguía imparable el crecimiento de la Iglesia, como lo testimonia Tertuliano (160-220):
«Somos de ayer y ya hemos llenado el orbe y todas vuestras cosas: las ciudades, las islas, los poblados, las villas, las aldeas, el ejército, el palacio, el senado, el foro. A vosotros sólo os hemos dejado los templos» (Apologético 35).
Este crecimiento incontenible del cristianismo es visto por el Imperio como una amenaza invasora de incalculables peligros, y decide acabar con la Iglesia antes de que sea tarde. Así lo intentan con especial inteligencia y crueldad los emperadores de la segunda mitad del siglo III (por ejemplo, Decio 251-253, Valeriano 253-260, Diocleciano 284-305) Todo inútil. Finalmente la Iglesia vence al mundo precisamente porque está aferrada a la Cruz de Cristo: «in hoc signo vinces». Cesan las persecuciones y logran definitivamente los cristianos su libertad cívica (Constantino 312-337).
Suele decirse, en otro orden de cosas, en el de la guerra terrorista, que «contra un suicida no hay modo de defenderse». Eso viene a ser lo que finalmente entendió el Imperio en su combate contra la Iglesia: que acabar con el cristianismo, persiguiendo a hombres y mujeres que no temían perder la vida con tal de seguir unidos a Cristo, era tarea imposible.

II.En la Iglesia actual
Tres datos fundamentales.
1. La Iglesia de nuestro tiempo ha tenido innumerables mártires. De los 40 millones de mártires habidos en toda la historia de la Iglesia, cerca de 27 millones son del siglo XX (Symposium «Testigos de la fe en el s. XX, Roma 2000). Es muy difícil en tal asunto hacer una estadística segura.Antonio Socci, en el libro I nuovi perseguitati (2002), estima en 70 millones los cristianos mártires, de los cuales 45 millones (el 65%) serían del siglo XX. Y a la vez:
2. En veinte siglos de su historia, la historia de la Iglesia nunca ha tenido una cantidad de apostasías comparable con el actual, tanto en número como en extensión. No pocas Iglesias locales se han visto reducidas en no muchas décadas a la mitad o a un quinto de lo que eran. Incontables cristianos han apostatado de la fe en Cristo, quizá sin enterarse. Despreciando los mandamientos del Señor, han aceptado el sello de la Bestiaen su frente y en su mano en el pensamiento y la acción– (Ap 13,16-17). Se han alejado masivamente de la Eucaristía, y aún más de la Penitencia. Es decir, han abandonado la unión sacramental con Cristo y la vida de la gracia. No pueden ya, en estas condiciones, vivir la vida cristiana, ni mucho menos transmitirla a sus hijos.
3. La persecución del naturalismo liberal y relativista contra la Iglesia es en nuestro tiempo mucho más fuerte y eficaz que la de los primeros siglos. El Imperio romano era para los cristianos un perro de mal genio, con el que se podía convivir a veces, aunque en cualquier momento podía morder, comparado con el león terrible del Mundo moderno apóstata: éste pretende destruir la Iglesia física y espiritualmente, desde fuera y desde dentro. Y es lógico que así sea: corruptio optimi pessima.
El Imperio romano perseguía sobre todo los cuerpos por la violencia. Pero el Mundo actual apóstata, usando más la seducción que la fuerza, procura la destrucción de la Iglesia por la corrupción de las almas, por el engaño de la mentira, por la estimulación multiforme del pecado, per la destrucción del matrimonio y de la familia, por la depravación de niños, adolescentes y jóvenes, por la sistemática negación de Dios y de la vida eterna. La apocalípticaBestia anti-Cristo del mundo moderno, guardando cierta discreción en los modos, persigue implacablemente todo lo cristiano con la complicidad poderosa de los Grandes Organismos Internacionales.(((   http://infocatolica.com/blog/reforma.php/1009291100-108-catolicos-y-politica-xiii-11    )))
* * *
La evitación sistemática del martirio, que ha llevado a la apostasía, tiene hoy en el interior de la Iglesia dos causas fundamentales: elsemipelagianismo y el horror a la Cruz. Hay muchas otras causas, pero quiero fijarme ahora en estas dos, porque son quizá las que más desvirtúan el cristianismo en no pocos cristianos practicantes. De los alejados, no digo nada: mundanización total, pelagianismo, agnosticismo, apostasía

1. El semipelagianismo
La evitación sistemática del martirio procede del pelagianismo o del semipelagianismo, y ha producido la apostasía de Occidente. Cualquier forma pelagiana o semipelagiana de entender el cristianismo excluye por principio la Cruz de Cristo, es decir, el martirio. Y ésta ha sido la causa principal de la ruina de la Iglesia en las antiguas naciones, ricas hoy y poderosas, de antigua filiación cristiana.
Los católicos teocéntricos, esto es, los católicos, como discípulos humildes de Jesús, saben que todo el bien es causado por la gracia de Dios, y que los hombres colaboran en la producción de ese bien, dejándose mover libremente por la moción de la gracia: es decir, se mueven movidos por la gracia divina. Dios y el hombre se unen así en la producción de la obra buena como causas subordinadas, en la que la principal es Dios, y la instrumental y secundaria el hombre. Así pues, los cristianos fieles a la Voluntad de Dios se mueven movidos por ella, incondicionalmente, sin cálculos humanos de eficacias previsibles.
Por eso, al combatir el mal y al promover el bien bajo la acción de la gracia, no temen verse marginados, encarcelados o muertos. Llegada la persecución que en uno u otro modo es continua en el mundo, ni se les pasa por la mente pensar que aquella fidelidad martirial, que pueda traerles desprecios, marginaciones, empobrecimientos, desprestigios y disminuciones sociales o incluso la pérdida de sus vidas, va a frenar la causa del Reinoen este mundo. Muy al contrario, están ciertos de que la docilidad incondicional a la gracia de Dios es lo más fecundo para la evangelización del mundo, aunque eventualmente pueda traer consigo proscripciones sociales, penalidades y muerte. Están, pues, prontos para el martirio.
Los católicos antropocéntricos, por el contrario, han segregado en los últimos siglos un falso cristianismo, que ignora la primacía de la gracia, la primacía absoluta de la voluntad salvífica de Dios tan desconcertante a veces en su providencia: la Cruz. Muchos de ellos piensan que, en definitiva, la obra buen procede solo de la fuerza del hombre (pelagianismo), o a lo más que procede en parte de Dios y en parte del hombre (semipelagianismo), que actúarían así como causas cordinadas.
En esta perspectiva voluntarista se comprende perfectamente que los cristianos, tratando de proteger la parte suya humana, no quieran perder la propia vida o ver disminuída su fuerza y prestigio; más aún, estiman que Dios «no puede querer» hacer unos bienes que impliquen en los fieles marginación, persecución o muerte, pues esta disminución de la parte humana debilitaría necesariamente la obra de Dios en el mundo. Nunca, en ninguna circunstancia, será conveniente que el hombre se arranque el ojo, la mano o el pie, para no pecar, para ser más dócil a la gracia, y más eficaz en su acción (Mc 9,43-48).
En consecuencia, rehuyen el martirio en conciencia, como sea, en cualquiera de sus formas. Procuran por todos los medios estar bien situados y considerados en el mundo, aunque esto exija hacerse más o menos cómplices, al menos pasivos, de las abominaciones mundanas. Así, estando a bien con el mundo, podrán servir mejor al Reino de Dios en la vida presente. Esperan que, «salvando su vida» en este mundo, conseguirán que su parte humana colabore mejor y más eficazmente con la parte de Dios en el servicio al Reino.
Según esto, la Iglesia y cada cristiano deben evitar cualquier enfrentamiento con el mundo, eludiendo toda actitud que pueda desprestigiar elEvangelio ante los mundanos, o dar ocasión a persecuciones, pues lógicamente una Iglesia perseguida y mártir, debilitada su fuerza humana, no podrá co-laborar eficazmente con Dios en la causa del Reino. Por tanto, todo aquello que es una pérdida de influjo social, de posibilidad de acción, de imagen atrayente, es una miseria, no tiene gracia alguna. El martirio es malo para todo, incluso para la salud Así piensan bajo el influjo del Padre de la Mentira.
La Iglesia voluntarista, puesta en el mundo en el trance del Bautista, se dice a sí misma: «no le diré la verdad al rey, pues si lo hago, me cortará la cabeza, y sin ella no podré seguir evangelizando. Yo debo proteger ante todo el ministerio profético que Dios me ha confiado»¡Cuántos Obispos, párrocos, teólogos, padres de familia, políticos, profesores, misioneros, laicos comprometidos y feligreses de toda índole piensan y actúan así! Por el contrario, sabiendo que la salvación del mundo la obra Dios, la Iglesia, la Iglesia verdadera de Cristo, dice y hace la verdad, sin miedo a verse pobre y marginada. Y entonces es cuando, sufriendo persecución, evangeliza al mundo y crece más y más: «no te es lícito tener la mujer de tu hermano» (Mt14,1-12).

2. El horror a la Cruz
Los cristianos, buscando eficacias y sobre todo escapándose de la Cruz, afectados de pelagianismo o semipelagianismo, por su camino razonable, van llegando poco a poco, casi insensiblemente, a silencios y complicidades con el mundo cada vez mayores. Lo vemos en una de sus formas más escandalosas en muchos «políticos católicos» –mucho más políticos que católicos, absolutamente estériles para la causa de Cristo. No les vale el modelo de Cristo o del Bautista. Ellos quieren guardar la cabeza sobre sus hombros, y conservar su escaño Cesa entonces la evangelización de los pueblos, de las instituciones y de la cultura. ¡Y así actúan quienes decían estar empeñados en impregnar de Evangelio todas las realidades temporales!… No será raro así que al abuelo, piadoso semipelagiano conservador, tenga un hijo pelagiano progresista; y es incluso probable que el nieto baje otro peldaño, y llegue a la apostasía.
Cuando el bien y el mal son dictados por la mayoría, el martirio aparece como una opción morbosa, excéntrica, opuesta al bien común, insolidaria con la sociedad general. Los cristianos semipelagianos – «¡por amor a la Iglesia, cuidado, también los que son Obispos, no quieren de ningún modo que se debilite la parte humana con la que pretenden colaborar con el Salvador: en pastoral, misiones, ecumenismo, política, cultura, enseñanza, educación, sanidad, etc. Se callan, o hablan, pero bajito, se disfrazan y pasan por lo que sea «para no ser perseguidos [ni ellos ni el rebaño que se les ha confiado] por la cruz de Cristo» (Gál 6,12). Es decir, insisto: «por amor a la Iglesia» (sic).
Reconozcamos que este grave error es con frecuencia en buenos cristianos inculpable, porque sufren una «ignorancia invencible», invencible de hecho para ellos: nadie les ha dicho la verdad evangélica del martirio. Pero otras veces es culpable, cuando se avergüenzan del Evangelio y del Magisterio apostólico: silencios clamorosos, complicidades con el poder político y cultural perverso, todo justificado por el conflicto de valores, la moral de actitudes, el situacionismo, la opción por el mal menor, el consecuencialismo, etc.
El horror a la Cruz ha llegado a expresarse en teología y espiritualidad«Dios nos quiso la cruz de Cristo»«El Padre celestial no necesita para perdonar a sus hijos verlos afligidos por penalidades voluntarias», etc.  Los santos de nuestro tiempo han conocido la perversidad de estas doctrinas.Edith Stein, Santa Benedicto de la Cruz, escribe: «Los seguidores del Anticristo deshonran la imagen de la cruz y se esfuerzan todo lo posible para arrancar la cruz del corazón de los cristianos. Y muy frecuentemente lo consiguen, incluso entre los que», etc. (Exaltación de la Cruz, meditación 14-IX-1939).
 Según esta visión, obran en contra del Reino de Dios en este mundo el obispo, el rector de una escuela o de una universidad católica, el político cristiano, el párroco en su comunidad, el teólogo moralista en sus escritos, el cristiano laico, todos los que dan testimonio fuerte de la verdad natural y revelada; y más aún, que combaten contra las mentiras y pecados del mundo: son cristianos impresentables, que no están a la altura de su misión, y con lo que dicen o hacen ocasionan a la Iglesia desprecios y persecuciones del mundo.
Este tipo de cristianos, con sus palabras y obras, es evidente, son los que más dificultan las conversiones, y quienes más causan la división dentro de la Iglesia. Deben, pues, ser silenciados, marginados o retirados por la misma Iglesia. Aunque lo que digan y hagan sea la verdad y el bien, aunque sigan al más puro Evangelio, aunque guarden perfecta fidelidad a la tradición católica, aunque actualicen lo que dijeron e hicieron los santos que la Iglesia pone como modelos En fin, aunque resulte duro, en necesario frenarlos, silenciarlos, neutralizarlos: no queremos mártires. En la vida de la Iglesia los mártires son un lastre, una vergüenza, un desprestigio. No deben ser tolerados, sino eficazmente reprimidos por la misma Iglesia. Elíjanse Obispos tolerantes, promuévanse teólogos y políticos «abiertos» al mundo de su tiempo, eviten todos cualquier forma de radicalismo evangélico que enfrente a la Iglesia con el Mundo
¡Qué ceguedad!…«Adúlteros, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguno quiere ser amigo del mundo, se hace enemigo de Dios» (Sant 4,4). Estos cristianos insensatos piensan que la Iglesia evitadora del martirio, la que «guarda su vida», la que se hace amiga del mundo, la que por fin se reconcilia con él, será una Iglesia próspera, moderna, mucho más atractiva, y más alegre también.  Pero es todo lo contrario. Lo podemos comprobar ampliamente por la experiencia. Los mártires son alegres y los apóstatas son tristes. Los mártires hacen crecer la Iglesia. Los apóstatas manifiestos, y quizá más los encubiertos, la hacen estéril, la falsifican, y donde estén, acaban con ella.
* * *
Final
Hoy los cristianos fieles a Cristo son mártires del mundo y también mártires de aquella Iglesia local descristianizada en donde la providencia del Señor les ha dado vivir. Los fieles de Misa dominical, oración y sacramentos, apostolado y espíritu de pobreza (no gastos superfluos, para poder acordarse de los pobres y de la Iglesia), castidad juvenil y conyugal (no anticonceptivos), que «no se configuran a este siglo», es decir, al pecado del mundo (lujo, culto al cuerpo, a la riqueza, al poder político, impudor en vestir, espectáculos, ocasiones próximas de pecado, malas doctrinas y costumbres, uso abusivo de los medios de comunicación, etc.), sino que, por el contrario, procuran «transformarse por la renovación de la mente, procurando conocer cuál es en todo la Voluntad de Dios» (Rm 12,2), son doblemente mártires, pues sufren la persecución del mundo y la de su Iglesia local. Por supuesto, la más dolorosa es la persecución que sufren de la Iglesia.
Una oración primero
«Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver al buencamino, concede a todos los cristianosrechazar lo que es indigno de este nombre y vivir cuanto en él se significa» (Or. dom. XV).
Y ya, la elección
¿Martirio o apostasía? La santísima Trinidad y la Virgen, todos los ángeles y santos del cielo, y también, sin saberlo, los cristianos de la tierra, están atentos a lo que usted decida: ¿Martirio o apostasía?  Elija, por favor.
José María Iraburu, sacerdote

Post post. Estas cuestiones pueden verse más desarrolladas en otros escritos míos, como cuando trato en este blog del pelagianismo (565960) y del semipelagianismo (61-65), y concretamente en (63Voluntarismo semipelagiano-III. Más ampliamente expongo el tema en mis libros El martirio de Cristo y de los cristianos (Fund. GRATIS DATE, Pamplona 2003156 pgs.) y en De Cristo o del mundo (ib. 3ª ed. 2013233 pgs.). Muy recomendable es la obra clásica de Paul Allard, Diez lecciones sobre el martirio (ib. 2000).